miércoles, junio 07, 2006

Mesa redonda en la Feria del Libro

El sábado 10 de marzo a las 13.00 participaré en una mesa redonda en la Feria del libro cuyo tema es Mujer y Literatura. La entrada es libre.

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2006
Parque de El Retiro
Paseo de Coches
Pabellón de Encuentros

Sial Ediciones
Tritoma
Chandra Ediciones
Centro PEN Club de España
UGT-Madrid

tienen el placer de invitarle a la mesa redonda sobre

Mujer y Literatura

que tendrá lugar el sa´bado 10 de junio de 2006 a las 13.00

Participantes:
1. José Ricardo Martínez Castro, Secretario General de UGT-Madrid
2. Monserrat Cano, narradora, poeta y responsable de Comisión de Escritoras del
Centro PEN de España
3. Dolores Campos-Herrero, narradora, poeta y periodista
4. Beatriz Russo, poeta y narradora
5. José Luis Manzanares, Director Gerente de Tritoma

Moderador: Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del Centro PEN de España

martes, junio 06, 2006

Entrevista en RNE

Para los que queráis escuchar a una vaca hablar de su novela premiada La versión de Eva Blondie, el próximo jueves 8 sobre las 12 pm, Julio César Iglesias le hará una entrevista en su programa Buenos días.

jueves, junio 01, 2006

Una de cal y otra de arena


Ser una vaca que vuela tiene sus pros y sus contras. Los pros ya los conocemos todos, especialmente los terrestres que miran al cielo y se imaginan a la vaca que vuela yendo de un lugar a otro, visitando las capitales europeas y nacionales con ese glamour que sólo ven los que no pueden volar. Los contras son demasiados, pero a veces, los que volamos nos consolamos como podemos. Sin embargo, a veces ese consuelo no es suficiente, máxime si se trabaja en un entorno en el que te castigan si no vas a cenar con el obispo de la la capilla volante. En Airvatican puede pasar cualquier cosa. Pues nos ocurrió a las pobres monjitas aéreas que durante los tres días que duró nuestra peregrinación decidimos hacer un retiro espiritual nocturno a nuestras celdas de castigo y el obispo se ofendió por no compartir mesa con él. Al día siguiente nos echó un sermón penitenciario y nos hizo un exámen oral sobre seguridad aérea y como aprobamos le dio rabia y nos recriminó que hubiéramos ido voluntariamente a la celda de castigo y le hubiéramos dejado solo en la cena con el otro sacerdote. El caso es que ahora resulta que el trabajo no acaba en el aterrizaje. Eso no lo sabíamos. Después viene la cena (ojalá fuera la última) y la bendición de la mesa con convenios y demás sermones laborales (de qué nos va a hablar este obispo). En fin, que mi madre superiora está muy disgustada con lo ocurrido y ha decidido recurrir al sindicato de la curia aérea. Veremos a ver qué pasa.
Menos mal que me acompaña en estos días Joseph Brodsky y su Marca de Agua. Apuntes venecianos para servirme de consuelo, gracias a mi amigo Pez Jimmy, que es un obispo bueno y muy culto a quien sí acompañaría en todas las cenas. Quizás alguna vez la vaca que escribe naciera en Venecia. Creo que fue no hace mucho. Lo recordé hace 6 años, cuando visité por primera vez Piazza San Marco. Fue un encuentro inesperado. Había vivido durante 6 años en Italia y nunca quise visitar Venecia. Mi amiga Pez Milena me convenció de que le hiciera una visita. Ella vive allí. Pasó un rato hasta que me di cuenta de que estaba en Venecia, teníamos tantas cosas que contarnos que apenas me fijé por dónde caminaba, hasta que me di de bruces con la Piazza. Fue un amor a primera vista, un flechazo perturbador y rompí a llorar. Allí me teníais; enfrente de la Catedral llorando sin parar, llenando la Piazza de agua, agua que desembocó después en el Gran Canal. El síndrome de Stendhal me dejaba inmóvil frente a la belleza, paralizada como un obelisco.
Ya lo dice Brodsky "El ojo adquiere en esta ciudad una autonomía similar a la de la lágrima. La única diferencia es que no se separa del cuerpo, sino que lo subordina totalmente".
Creo que ese día volví a nacer, como tantas veces renazco frente a lo bello, dejando atrás algo de la fealdad inevitable que nos da la vida veloz y desordenada. De nuevo Brodsky "ningún egoísta puede brillar durante mucho tiempo en esta porcelana junto al agua cristalina, porque le roba el espectáculo" La fealdad siempre estará al servicio de la belleza, como el reverso de cartón barato de un cuadro que sólo se ve cuando se descuelga de la pared. Ante una obra bella, ¿quién necesita darle la vuelta al cuadro si no es para cambiarle el marco?

martes, mayo 16, 2006

La vaca premiada

Ser una vaca premiada no es moco de pavo, no. Máxime cuando una se entera de que le han otorgado el primer premio de Novela erótica Istar dos horas antes de la entrega de premios. Así me ocurrió que de camino al nuevo restaurante donde trabaja Masaya (Nipón Taro), mi cocinero favorito, me avisan de que tengo dos horas para arreglarme e irme a Exposex a recoger el galardón (con lo mona que estoy yo en vaqueros). Mi coche pecera estaba lleno de peces; Pez Nemo, Hada Marina y Pez love, así es que nos dimos la media vuelta y nos fuimos a mi casa a buscar el vestido para la Gala. Hada Marina me ayudó a sacar ropa del canapé de mi cama. Mi casa parecía un mercadillo de ropa usada. Finalmente encontramos mi vestido de china sexy. Me lo puse y resultó que me estaba más ajustado que la última vez que me lo puse. ¡¡Horror!! ¿por qué no me avisaron antes? Me habría comprado el super modelazo para la ocasión. No obstante, todos acordaron que me quedaba bien mi vestido rojo con dos aberturas laterales, las medias de red color crema y los tacones de seda salvaje. Y después de comernos una pizza chiclosa que llegó 1 hora más tarde, salimos rumbo a Leganés. Con las prisas, la cantidad de información que me dieron y la emoción, no me enteré muy bien de dónde tenía que ir a recoger mi premio. Primero llegamos a la cubierta donde se celebra la feria, y confundimos la feria del marisco con la del sexo (estaban una al lado de la otra). Y allí me teniáis, vestida de pendón chino paseando por la feria del marisco. Menos mal que pregunté a un abuelo que estaba informado y nos dijo que las carpas de exposex se montan en la plaza de toros. Dimos cuatro veces la vuelta al ruedo y nada; todas las puertas estaban cerradas. De repente, tal y como si se me hubiera abierto la brecha del recuerdo, me acordé de una dirección. La entrega se celebraba en un Hotel y los tacones me estaban matando, el vestido era cada vez más estrecho y el vino se me había subido a la cabeza.
Afortunadamente estaban conmigo mis pececillos, que tuvieron una paciencia increíble. Llegamos al Hotel a mitad de la cena, nos liberaron una mesa y nos pusimos a beber cervezas. Yo habría bebido más vino pero aún tengo fresco el recuerdo del mismo vestido en una presentación en la Fundación Alberti y una cogorza impresionante de Barbadillo que me hizo hablar sin parar toda la noche (y es que a mí, cuando me dan un micrófono...) La cena se acabó, me presentaron a los organizadores, al jurado (me llevé alguna sorpresa inesperada) y después me anunciaron como la ganadora del primer premio Istar de novela erótica. ¡Qué fuerte! Espero que mis padres no se la lean nunca. El libro se titula La versión de Eva Blondie. Ya hablaré sobre él, ahora no tengo ganas. Salí a recoger la estatuilla entregada por Celia Blanco y no pude hablar. Me quedé muda delante de todos los pornostars y el cámara, que no dejaba de apuntar a mis caderas. Si lo llego a saber, me bebo una botella de Barbadillo- pensé. Reaccioné demasiado tarde, ya estaban llamando a la mejor porno- actriz revelación. Y me bajé del trono con una jaqueca psicosomática por el vino que no bebí y debí haber bebido. Los tacones me mataban, los muslos se me salían por los rombos de la media de red, el vestido no hacía sino subirse hasta la cintura. Pez Love y Pez Nemo me hacían fotos con su móvil y yo me quería ir a casa. Y así, Hada Marina y yo, vestidas para la ocasión (ella vestía medias de red, minifalda vaquera y zapatos de tacón para esas superpiernas de autopista hasta el cielo). Cuando salimos del hotel con el trofeo, parecíamos actrices porno premiadas. Los recepcionistas y conserjes nos miraron con morbo y yo me puse las gafas para disimular, pensando que distinguirían entre una intelectual como yo y una actriz porno, aunque no haya mucha diferencia entre nuestros cuerpos (qué voy a decir).
Llegué a casa, dormí como pude y al despertarme llamé a mi madre y le pregunté si quería poner mi trofeo en el salón de su casa, con todos los demás y ella me preguntó "¿no será un trofeo guarro?" No mamá no me han dado un pene, pero creo que éste me lo quedo yo en mi salón. Ya me veo yo el tipo de gracias que voy a generar. Y es que eso de ser una vaca poeta que escribe novela erótica no es tan previsible como esperaba; un artista es ecléctico, tiene que ser capaz de ponerse ne la piel de cualquier personaje que ronde su cabeza. Pero adelanto que ¡¡¡mi novela no es autobiográfica!!! Soy escritora, me gusta inventar, no soy biógrafa. Eso se lo dejo a mis futuros recreadores. Veremos a ver qué pasa. En fin.

martes, mayo 09, 2006

La vaca descubre América


Tengo una concurrencia tan concurrida de ocurrencias para escribir que apenas queda hueco en mi cerebro para ver un claro por el que abrirles las compuertas al pelotón de palabras que espera impaciente para saltar a este vacío plácido y conmovedor en el que no me hallo, porque no sé en qué estadio de la felicidad me encuentro. No os estáis enterando de nada y eso me gusta. Pobres de vosotros que leéis incluso lo que no tiene sentido. Algunos, los que me conocéis, sabréis de qué hablo. Siempre fui muy implícita y a veces es difícil captarme. Una ayuda. Ese estadio es aquél en el que no existe el antes y todo es después. Allí donde nace un argot idiosincrásico y las palabras tienen un significado per se, donde a veces ni siquiera se usa el verbo y lo paralingüístico cobra mayor importancia, y se inventa un lenguaje de signos que se aprende sin una gramática ni una norma académica, allí donde la poesía se regenera a diario y todo es un verso que empieza y acaba en el mismo verso, como un retruécaro que contiene la sola palabra matriz de todos los versos posibles; los que ya existen y los que esperan existir. No me explico porque quien ya lo sepa me adivinará porque quizás sienta lo mismo y me intuya. En fin, contaré algo de mi última semana.
Acabo de regresar de Gran Canaria, donde he pasado una de las vacaciones más cariñosas que recuerdo. Y es que estar junto a mi queridísimo amigo Pez Tabarca es abrazar el mismísimo cariño hecho amigo. Adoro a mi amigo Pez Tabarca. Podría contaros muchas cosas sobre él, algunos lo conocéis y le queréis como yo le quiero. Verlo tan enamorado de su Pececillo Cali no hace sino corroborar nuestra amistad. Los dos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de amor. Incluso a veces nos deshacemos cuando abrimos nuestro pecho como si fuéramos dos sardinillas que están a punto de ser hechas a la plancha. Entonces nos abrazamos y nos contamos nuestros secretos, como si nuestras mitades nos hicieran un solo pez amigo. Es tan hermoso tener a un amigo como Pez Tabarca, tan sano, tan natural, tan reconfortante... (parece un anuncio de Danone, lo sé) Él sabe de qué hablo al principio de este post. Él es cómplice de ello, él me ve en ese estadio del que hablo porque somos vecinos de patio de flores, donde nos encontramos de vez en cuando a cotillear sobre nuestra alma. No sigo, que se me ve el plumero.
Gaviota vino conmigo y hoy se va a Berlín de nuevo. Se lleva un pedacito de Pez Tabarca, de su familia, de sus amigos, de mí. No habrá nolstalgia porque en la nolstalgia no hay retorno y Gaviota y yo volveremos a unirnos a Pez Tabarca y su hábitat en breve. Nos quedó pendiente el curso de submarinismo y tantas palabras en la sala de espera. No damos a basto en la factoría narrativa.
Pez Auri me acaba de enviar un mensaje preocupada por mi silencio. Algo sabe ya, me ha pillado y ahora que ya había encontrado un claro por el que soltar esa concurrencia de palabras, me he bloqueado de nuevo. Sólo quiero quedarme un poco más en este estadio en el que no me hallo antes de salir pitando a la grabación de mis poemas. Cinco minutos más en este lecho, con las sábanas pegadas, viendo cómo el amanecer me despereza un día más.

miércoles, abril 19, 2006

Una vaca metaliteraria


Nunca me había imaginado que algún día llegaría a vivir algo parecido a lo que vivió la neoyorquina Helen Hanff en su aventura epistolar con aquel enternecedor librero del 84 de Charing Cross Road. Yo, una vaca escritora, principalmente poeta, conozco a un americano, no librero pero sí apasionado por la lectura y la escritura, através de un blog proporcionado por una amiga y desde entonces no paramos de hablar y escribirnos. Lo único que sé de su físico es que no es calvo, si no nos engaña la foto que aparece en su blog, que me recuerda a aquel hombre romántico del cuadro de Caspar David Friedrich o quizás también me sugiera al hombre mirando al sudeste de Eliseo Subiela. ¿Pero hacia dónde mira Eric? Quizás estuviéramos mirando en la misma dirección o quizás nuestras miradas estuvieran enfrentadas, o quizás, parafraseando los versos de un poeta que ahora no recuerdo "yo no le esté mirando, yo sólo le esté viendo mirar".
En fin, que ambos somos tan metaliterarios y tan lingüísticos, que no hemos podido resistirnos a la tentación de ir de la estructura profunda a la estructura superficial, del significado al significante, de la idea a la materia, del verbo a la imagen, del contenido al continente, del alma al cuerpo, del después al antes en un flashback comunicativo que no agota mis ganas de conocerle conociéndole.

martes, abril 11, 2006

La vaca de la libertad



Pues sí que hace tiempo que no escribo me he dicho hoy al entrar en mi blog. Claro que para una vaca que ni pasta ni duerme, ni mata moscas con la cola de aburrimiento es difícil dedicarse a contar lo que ha de ser contado.
Para empezar, me ha llevado tiempo asimilar aquella tarde en que Eliseo Subiela, Musa Marina y yo tomábamos el té en el Café de Oriente. Ha sido difícil porque si muchas esperan su príncipe azul, aun sabiendo que no existe, yo esperaba encontrarme de cara con Subiela para decirle que yo soy la que vuela. Y como Subiela sí existe, ecco. Le prometí que iría a ver su nueva película Lifting de corazón, pero aún no he podido ir. ¿Es posible que aún no haya encontrado ni un minutito para ir al cine? La culpa la tiene Pez Fiorilli, por ser argentino, poeta y subielano. Y no hay nada como ir con la emoción compartida.
Recién llegué de las jornadas de poesía última en la Fundación Alberti en El Puerto de Santa María. Podría contar muchas cosas de lo que ocurrió allí, pero me llevaría más tiempo del que dispongo. Comienzo por el brain storming y a ver qué sale: amigos, poetas, barbadillo, Romerijo, marisco, cazón, sueño, risas, surrealismo; dos ancianas pasean a sus perros por la playa en un cochecito de niño, a Pez Albor un desconocido le rebela los secretos para que no se le corte el pis y le sisea durante la micción, a mí me toca hacerlo a dúo con una desconocida en un baño con dos sanitarios juntos. Nunca antes había sido tan íntima con una anónima; A Pez Albor le persigue un guarda de seguridad por toda la discoteca, le ha dicho en su cara que tiene pinta de violento (algo skin head sí parece) pero es una delicia hablar con él y un desternillamiento. Mientras, yo bailo embriagada porque en el toilette hay una fila interminable. Pez Ávila me invita a una micción en el toilette masculino. Entramos pero en el baño también hay un guarda de seguridad. Me cuelo en la fila de chicas, no sé como y vuelvo al dúo anónimo. Me disfrazo de charlestón con un papel muy definido de diva del cine y acabo por saltármelo e interpretar a la amante tonta y pendón del director de rodaje. Es la noche de las veladas poéticas y todos los poetas van subiendo en procesión al escenario. Yo aprovecho para mejorar más mi papel de pendón y acabo siendo besada por los dandies de la poesía. Me veía a mí misma (algo paradógico) como el cristo de Medinacelli el primer domingo de mayo. Nos saltamos el último día de ponencias y nos vamos a la playa en busca de la arboleda perdida. No podía ser más feliz. A pez Puma le timan el dinero del botellón delante de sus narices con la maestría del timo de la estampita. Nunca nos haremos mayores. Pez Ale y yo nos hacemos amigas de campamento y nos pasamos una noche loca de adolescentes. Pez Escarpa y yo nos quitamos las máscaras y desde entonces ya nos abrazamos de verdad. En realidad ha sido el viaje de los abrazos y los cariños. Algo pastelones sí que parecíamos, pero era de verdad y eso es lo que cuenta.
Regreso a Madrid y me ocurre algo en el avión que no puedo contar aquí pero me trastoca, me perturba, me emociona. Llevaba tres días sin dormir y parecía un sueño. Llego a casa, el pie me duele, me voy a la cama, me despierto por la mañana y el pié me sigue doliendo. Voy al servicio médico de Aviación y me dan la baja por una ampolla en el dedo meñique del pié. ¿Hay algo más surrealista?
Y ahora a esperar otro año para llegar de nuevo a buen Puerto. Y es que no hay nada como ser una vaca de la libertad.

domingo, marzo 26, 2006

Corre vaca, corre


Desde que me ha dado por leer en francés me he dado cuenta de que prefiero la versión original. Y es que le he encontrado una nueva sensación a esto de leer en lengua vernácula. Claro que la versión traducida es mucho más fiel que la que le doy yo que, al fin y al cabo, me niego a recurrir al diccionario, salvo cuando es indispensable. Pero como a mi eso de la fidelidad me parece un poco carca (yo soy más del bando de los leales, que a mí eso de los fieles me suena a secta), pues me voy de picos pardos de interpretación en interpretación. Y así me ocurre que me imagino las situaciones según mi nivel de comprensión de los capítulos. ¡Y qué más me da lo que quiera decirme Houellebecq en La possibilité d´une îlle si luego voy a entender lo que me dé la gana, que es lo que me pasa con los textos en mi propia lengua! Y tal y como está ahora el panorama narrativo, me resulta mucho más divertido darle yo un repaso. Si los autores no logran soprenderme, al menos que me dejen divertirme un poquito y dar mi toque personal. Claro, que esta nueva faceta mía suena un poco a soberbia, a rebeldía, a inconformismo. Pues sí. Si soy una rebelde acomodada fuera de la literatura, ¿no lo seré un poco más en la ficción? Si no creo en lo que me dice ningún dios supremo, ¿por qué iba a creerme lo que me cuenta un autor? por muy franchute que sea, y bueno, porque bueno sí es, no lo voy a negar.
Pues tan rebelde que me muestro aquí desde esta posición privilegiada donde digo lo que me da la gana, y tan sumisa me presento en otras situaciones. Y es que para correr lo que estoy corriendo con Pez Gus hay que ser un poco sumisa, porque si me da el ataque rebelde no me muevo del sillón. Y es que correr con Pez Gus es todo un placer sensorial. En breve voy a conocer todos los parques de todas las ciudades de España (tendón mediante). La vez pasada corrí 15 minutos y durante una semana he parecido Mazinger Z caminando. Yo me justifico diciendo que soy ex-jumbera y que los años no pasan en balde, pero nadie me cree. Todos saben que los dedos son lo único ágil que hay en mi cuerpo. De muñeca para arriba chirrío. En fin, que es un deleite volar y correr con Pez Gus, que me regala pajaritas de papel, toca la armónica y me mata de la risa all day long.
Hace poco decía que mi poesía suscitaba menos interés que mi narrativa erótica. Me retracto. He conseguido que un comandante me escriba un epigrama. Claro, que le he dado motivos para ello: mi caminar robótico tras saberse que había corrido sólo 15 minutos, haber llamado al puerto de la Morcuera; Puerto de la Corcuera y haber dicho que me encanta amanecer en la terraza de pez Nemo para ver volar a los Berracos (vencejos). Después de tales gazapos, a ver quién se cree que escribo poemas. Lo más gracioso es que se piensan que lo digo de broma y la triste realidad es que son mis diablillos lingüísticos. Hay quien tiene otros demonios y a mí me ha tocado estos, los diablillos gazapo.



viernes, marzo 17, 2006

La vaca ya hace deporte


Ser una vaca que vuela tiene sus pros y sus contras y uno de los contras que le veo es que me pasan tantas cosas que luego me cuesta seleccionar entre las que puedo contar según mi propia censura, las que debo contar según mi ética de la vida y las que no me resisto a callar, según el impacto que me han producido. Pues bien, a estas últimas la mayoría de las veces les tengo que aplicar un poco de censura porque si no, se me desmadra la historia. Últimamente me ha dado por experimentar reacciones en el ser humano. Me encanta romper esquemas. Todos me conocen como la vaca poeta o poetisa y eso implica cierto rasgo de cursilería y fragilidad. He aquí donde está la clave de mi experimento. En el entorno militar y masculino (pocas veces) en el que me muevo no es difícil dejar boquiabiertos a los que aún me miran como una ternerita que parece que nunca ha roto un plato. Cuando me preguntan por lo que estoy escribiendo ahora y les respondo con toda la naturalidad que me permito que estoy escribiendo una novela porno primero se piensan que les tomo el pelo y después intentan cerciorarse de que lo que han escuchado es cierto. Después les digo que bueno, que en realidad es una novela erótica nada soez, no se vayan a pensar. Entonces, parece que dan un suspiro y se quedan más tranquilos. Pero después se animan y se pasan todo el vuelo diciéndome que serán los primeros en leerla. Vaya, qué éxito tiene ya a priori mi novela erótica. Ya les veo pidiendo salvajemente a la virgen que les conceda el milagro de volar con la vaca erótico-voladora. Y es que mi poesía, nunca a suscitado tanto interés. ¡Qué le vamos a hacer!
Pero no todo es interés morboso, también hay buenas sobremesas, divertidas y con un sentido del humor adulto. Y también serenatas através de la pared que separa nuestras habitaciones. A Pez Gus le ha dado por tocar la armónica y no para de practicar el cumpleaños feliz y el himno a la alegría. Menos mal que la guitarra eléctrica no le cabe en la maleta. Espero que no le dé por la batería. Pero esta vez es diferente, creo que lo suyo es la armónica. Y para compensar el dolor de cabeza que piensa que me produce, se pasa el día entero regalándome pajaritas que yo uso como separadores de hojas de libro. No me digáis que no es tierno.
Otras de las novedades en mi vida, y quizás la más significativa, es que por fin me ha dado por el ejercicio físico. La operación bikini es un buen argumento. Ayer por primera vez en mucho tiempo volví al gimnasio. Soy una vaca que hace deporte, me dije tan contenta y duré veinte minutos, casi me muero de asfixia. Pero es que Valencia está llena de humo (debe de ser por eso), no se puede respirar entre tantos petardos. Estoy de acuerdo en que se tienen que manterner las tradiciones, y nuestros Reyes ya se ocupan de ello, alabando el espíritu patriota de los valecianos, no vaya a ser que a ellos también se les ocurra un estatut y se coman otro trozo de pastel, pero de ahí a gastar tantos millones en cartón para quemar, es too much (aquí es donde me sale la vaca ética) ¿no podrían reducir la escala de los muñecos y donar el resto a una ONG? Me voy a callar, que si no empalmo con la tomatada, la naranjada y otros desperdicios alimenticios. En fin, que me voy, que tengo que estrenar mis zapatillas de correr, que soy una vaca que hace deporte y tengo que liberar las feromonas que me produce escribir una novela erótica.

domingo, marzo 05, 2006

Una vaca que improvisa demasiado


Siempre se me han dado bien las improvisaciones y este fin de semana los planes se han ido sucediendo a la virulé. Inicialmente había previsto llevarme de vuelo a mi estimulador personal (personal brain consolator), una especie de dildo, al que sólo le falta un pene para ser perfecto (creo que Mac está en ello) y escribir sin parar encerrada en el Juan Carlos I de Barcelona para así aprovechar mi siguiente día en París. Pero resulta que Gaviota se ha apuntado a seguirme el rastro. La noche de Barcelona nos fuimos a pasear por el Borne. El barrio gótico no sólo confundía nuestros pasos sino que nos hacía descubrir que una vaca marina y una gaviota paseando por unas callejuelas angostas y llenas de encanto no tienen futuro si tienen hambre. Había tantos restaurantes con encanto, tantos recomendados pro amigos y recepcionistas, que al final acabamos desvalijando la barra de pintxos de dos bares vascos. Y después de cuatro horas de sueño, a París.
Y en París conseguimos cumplir a rajatabla el itinerario que había diseñado para Gaviota. lo típico: Sacre coer en Montmatre, Quartier Latin, Notredame, Marais, hasta que Pez Ese y su chica Pez X nos llamaron para que fuéramos al concierto de Danni Leigh en Poissy. Nunca olvidaremos Poissy, un pueblo de la banlieue parisina que bien podría ser Alcalá de Henares sin el casco antiguo. Nada especial si no hubiera sido porque mereció la pena no ir a cenar el mejor steak tartare du monde a Au Coude fou en quartier Marais y hacer la excursión nocturna a Poissy, recorriendo pueblos que parecían gemelados con la ruta Atocha-Alcalá de Henares. Pero el evento lo merecía. Danni Leigh y su grupo (a los que conocimos en nuestro vuelo) nos habían invitado a su concierto. Llegamos sin cenar, pero como la hora de su actuación se fue postergando de hora en hora ya que cerraban el festival de música, nos quedamos en el camerino de Danni con todo el grupo (un texano, un vasco, un californiano y Danni). Nos hicimos fotos, les filmamos en video, nos comimos sus golosinas, nos bebimos sus cocacolas, nos intercambiamos direcciones y sin embargo, ninguna sabíamos cómo cantaba Danni. Y resultó que tenía una voz hermosísima y nos quedamos aleladas escuchándola en nuestro concierto privado en el camerino. Creo que me desmayé en algún momento, aunque fuera con la imaginación. El sueño, el cansancio, sus bellezas, el cariño con el que nos trataron y su voz (La voz) fueron los ingredientes de mi desmayo imaginario. Y después, a la cama sin cenar y a dormir otras cuatro horas.
Eso me pasa por ser una vaca que improvisa demasiado.

sábado, febrero 25, 2006

La vaca se sube a la parra


Berlín- berlinale (Parte II)
En fin, que después de otro de mis asiduos patinazos de percerción de la realidad, Hada Marina y yo cogimos un taxi conducido por un nigeriano que tenía problemas de ubicación y lo veía todo blanco para llegar a casa de Gaviota. Aparte de la ironía, Berlín estaba nevada y yo tenía los ojos llenos de legañas (los dulces del sueño, como lo llama pez sueco). Y entre mis ojos nevados por la misa de Mozart de la noche anterior en el Auditorio, donde tocaba pez Sergi como los ángeles, la metedura de pata en el vuelo y la mañana nevada, no estaba yo para mucha orientación.
Pero ya se encargaría la tarde de hacer que desarrollara un GPS, pero de GuaPaS. Estoy espídica y no le doy a la coca. Creo que el letargo del último año me ha llenado el depósito. Soy una vaca Eurosuper y me cunde. Ya lo creo que todo me cunde y tengo combustible para todo terreno. Comenzamos la tarde en un café de atrezzo okupa, donde el toilette es más acogedor que una suite nupcial. Incluso hay dos butacas de abuela flanqueando el inodoro, quizás para hacer más amena la espera o desmitificar las conversaciones escatológicas. Y mis oídos dan para mucho más que una conversación en mi territorio. Soy capaz de seguir todas las de mi perímetro auditivo y mantener la trama de la videoproyección en la pared (aunque mucha parte me la invente). Y aún, sin haber agotado mis facultades intelectuales, la adrenalina me pide una partida de futbolín donde la alianza hispano-sueca ve mermado su potencial lúdico en pro de la dicha en los amores. Qué se le va a hacer. Después caminamos y caminamos por las calles perezosas que postergan recoger los adornos navideños y la nieve en polvo, y llegamos a una Vinería que parece un espejismo de la decadencia rusa. Un laberinto de salas donde cada recoveco aguarda el brindis de las copas de vino. No sé cuántas botellas pudimos bebernos los cinco cosacos muertos de risa y canciones que el bando francés intentó copiar, pero les quedó muy soso. Mientras, el frente italiano se empeñaba en ofrecernos un vino siciliano al tiempo que los franceses hacían patria con un sauvignon mediocre. Pero no, para vino el nuestro y todos acabamos cantando la marsellesa para compensar. En esto, que el tipo extraño de al lado, vestido con falda, mallas negras dejando sus tobillos al descubierto y melena a lo Marlene Dietrich, se sienta junto a nosotros, el bando hispano-sueco-alemán y se hace unas fotillos para pasar el rato con nosotros, pero como no se sabe las canciones, regresa a su butaca rusa y se pone a escribir. Quién sabe qué estaría escribiendo. Y pensé por un instante que también podría ser un control de calidad. Lo mío es obsesivo. Después nos entra el hambre, saqueamos la cómoda de la abuela donde han instalado el bufet y seguimos bebiendo. Dan las doce. Salimos rumbo al gran Café Burger (Russen Disco) y como la lenta fila de los bailongos estaba ya formada al puro estilo de revista de cuartel, nos vamos a comer un Kebab, el mejor de mi vida, y desembocamos en el pub de los monstruos donde tuvo lugar la segunda gran parte de la gran noche rusa, aunque los monstruos eran universales y pegaban sustos al son del botón secreto de la barra del bar. Pero eso otro día, que ya me llega la melancolía.


lunes, febrero 20, 2006

Una vaca que viaja demasiado


El problema de ser una vaca que viaja demasiado es organizar el tiempo en unidades divisibles no ya en milésimas de segundos sino en millonésimas de terceros, cuartos y quintos. Y cuando hablo de terceros, cuartos y quintos estoy estableciendo unas unidades descomunes a todo sistema de medición del tiempo. Todo este rollo para deciros que viajo mucho y recopilo más. Hoy he ido a ver la última obra de Tomaz Pandur - 100 minutos - y me he quedado casi igual que antes de que pasaran esos 100 minutos. Digo casi igual porque tan sólo me ha quedado, a parte del numerito a lo Queen o Village People versión sadomaso, una nueva forma de concepción del tiempo, ya no sólo físico sino sensorial, sensitivo, emocional o instintivo. Y me he dicho a mí misma en un diálogo interpersonal "andá, pues claro, ya no voy a celebrar ningún aniversario estúpido, ahora mi tiempo es otro y sólo envejeceré a medida que vayan envejeciendo mis emociones, mi instinto, mis sensaciones y me aplaste no ya el peso de la arruga, sino el peso de la memoria, como si mi yo quedara atrapado entre las páginas de mi propia enciclopedia, como si yo fuera uno de los tréboles que mi padre me suele regalar cuando le visito y que yo guardo en un libro recién leído". Y así, con estas reflexiones comienzo a pasar las primeras páginas de la memoria y me acuerdo de Berlín y de que aún no he escrito nada sobre Berlín.
Berlín - Berlinale (Parte I)
Hada Marina y yo, sin Pez Nemo (para nuestra tristeza) nos dirigimos a Berlín en un vuelo lleno de espías. Bueno, en realidad, las espías éramos nosotras, pero como estábamos llenas de ojos parecía que el avión sufría un overbooking de ojos y de espías. A nuestro lado y separados por el pasillo, un sospechoso de ser un control de calidad camuflado. Yo, que tengo un radar anatómico incorporado, me percato y le escribo al azafato una nota avisándole del peligro. Me da las gracias por el buen compañerismo y se va pitando a avisar al sobrecargo. Comienza la psicósis a bordo. El sobrecargo se acerca a él y le ofrece algo para beber, también le ofrece un asiento más cómodo, todos le sonríen cada vez que pasan por su lado e incluso le ofrecen más prensa. Y el sospechoso, muy serio y educado les da las gracias casi incomprensiblemente y después escribe sobre un taco de folios en blanco. Todo está saliendo estupendamente. No hay que preocuparse, pero yo quiero saber qué está escribiendo y me pongo a leer el periódico sacando casi medio cuerpo del asiento. Su letra es demasiado pequeña, pero casi logro leer la palabra vuelo. No hay duda, he salvado a la tripulación. Me duermo, me despierto y el sospechoso se ha relajado. Me ofrece su periódico y le da la vuelta a los folios. Están escritos a máquina por la otra cara. "Vaya - pienso- ahora se pone a revisar el guión de lo próximo que tiene que controlar". Vuelvo a sacar mi cuerpo al pasillo para leer mejor y descubro con horror que está leyendo el texto de un guión cinematográfico. Enrojezco de imaginación enajenada y se lo cuento a Hada Marina que me suplica que me calle y no diga la verdad a la tripulación. Nerviosa miro hacia atrás y descubro que los azafatos están amotinados en el galley y tras sorprenderme mirándoles me hacen señales para que acuda hacia ellos. Yo me acerco muerta de horror y risa y ellos me reciben preguntándome si estaba segura de que era un control de calidad porque habían visto que el tipo en cuestión, al que habían estado peloteando todo el vuelo, estaba leyendo un guión cinematográfico y que como íbamos a Berlín y era la berlinale, pues que ellos pensaban que igual no era un control de calidad. ¡Cómo que no! - protesto por su falta de confianza en mis sospechas - pues no se va a poner a leer la secuencia de trabajo delante de vuestras narices. El tipo tiene que disimular de alguna manera y qué mejor para despistar que leerse un guión de cine. Ellos se quedan pensativos y me dan la razón. Regreso a mi asiento y me callo el resto del vuelo, no sin dejar de mirar al sospechoso, que ya sospecha que me he enamorado de él y me sonríe todo el rato. Acaba el vuelo y Hada Marina y yo salimos escopetadas del avión rumbo a la gran noche rusa (mañana os contaré por qué fue una gran noche rusa)

lunes, febrero 06, 2006

Una vaca muy repipi


Mi viaje con el Doctor Pasavento terminó en Zurich. Premonitorio. Quizás ahora esté de camino a Herisau. No sé. Lo cierto es que me ha dejado el cuerpo lleno de porqués. Tengo el escritorio lleno de papelitos amarillos pegajosos o adhesivos con un por qué para todos los gustos. Y en definitiva, el por qué es como una droga, sólo que más dañina y con difícil solución. Yo me pregunto y por qué esto, y por qué lo otro, y por qué lo de más allá y así me paso el día torturándome, ocupando mi escaso tiempo de ocio en intentar explicar el por qué de las cosas. Quim Monzó también se lo preguntaba y se contestó con mucha más gracia. Y es que tengo tantas preguntas que hacerle al vacío. Porque aquí no hay ni un dios que se sepa la lección y yo me quedo aquí, en mi gran pupitre de la escuela de la vida, con complejo de niña repipi que no para de preguntarle a un maestro que siempre se va a la máquina del café para no tener que responderme. Claro, que mi gran escuela de la vida es laica. De haber sido teológica ya tendría todas las respuestas, que son solo una. Sinteticemos todas estas preguntas en una sola respuesta omnipotente. Dios es la respuesta, y se quedan tan panchos. Pero, ojo, que ésta no deja de ser una respuesta sintética, como un tejido fácil de lavar y planchar, que huele que apesta al segundo uso. Pero, en fin, que yo no me meto con nadie, que yo solo pido que me lo expliquen.
Afortunadamente, después de una ausencia siempre queda un hueco que rellenar. Y la ausencia del Doctor Pasavento está siendo suplida por El Señor de Bembibre. Cómo le habría gustado a este hermoso caballero templario acompañarme a Zurich y despertarse junto a mí, su Beatriz, viendo el paisaje nevado desde nuestra cama. Qué se iba a imaginar que su amada es ahora una aeropoeta que zigzaguea por el espacio. El espacio, la gran pantalla que marca las constantes vitales de una histriónica aventurera. Y es que la historia del señor de Bembibre es también mi historia. Pero eso sólo lo sabemos Pez Mestre (uno de los dos editores críticos de la novela de Gil y Carrasco. El otro es pez Sanjuán) y yo. Y las casualidades siguen el curso de mi vida. Aún recuerdo aquél día en que le confesé a Pez Mestre una intensa historia de amor vivida en el pasado y la cara de atónitos-perplejos que se nos quedó cuando me habló de su edición crítica de El Señor de Bembibre y del paralelismo de mi nombre e historia con la historia que Gil y Carrasco nos cuenta. Aún no doy crédito a que ambas pasáramos por la misma turbación amorosa. Pues bien, en Zurich comenzó el dejà vu con mi señor y llamé a Pez Mestre para contárselo y el me dijo "es tu historia" y yo casi me pongo a llorar, pero como mi comandante me estaba mirando, guardé protocolo y sonreí. Él también, ya me conoce. Y es que mi nombre ha dado mucho de qué hablar a lo largo de la historia de la literatura y no puedo evitar seguir creyendo que el nombre también tiene su genética y algo se trasmite. Ahora que, quizás en la próxima reencarnación de mi nombre se descubra quién se queda con el personaje de mi enamorado. Dejemos que el tiempo tome la palabra y hable cuando le llegue el turno. Mientras ... a soñar.

martes, enero 31, 2006

La vaca viquinga


Decía Kafka que un escritor que no escribe es, de hecho, un monstruo merodeando la locura. Pues yo obedezco a la premonición y escribo lo que sea no vaya a ser que enloquezca. Claro que puede que no me libre aunque escriba, tal y como están las cosas últimamente. También decía Walser a propósito del valor de la vida "No le doy ningún valor a mi vida, sólo a las vidas ajenas, y pese a ello amo la vida, pero la amo porque espero que me dé alguna ocasión para echarla decorosamente por la borda" Pues por la borda parece que me voy a tirar yo si no cambian las cosas y me pongo a escribir seriamente, y no para retrasar mi ya anticipada locura.
Y es que últimamente parezco una novela radiofónica. Sé que todos esperan que cuente cosas, que les narre mi vida como si fuera interesante. Y es que a mí, como a Walser, me gusta vivir contrariando lo que los otros esperan de mí. He llegado a un punto en mi autobiografía ficticia que ya no sé dónde me quedé en mi ser biológico. A veces pienso que vivo para seguir el hilo narrativo de una historia que se me va ocurriendo así, a lo tonto. No sé quién soy, pero sufro cuando me deforman - decía un colega ficticio de Vila-Matas. Pues buena manera se me ha ocurrido a mí para deformarme, convertirme en una vaca.
Y puestos a ser vaca, me pido ser una vaca viquinga, que tienen mucha gracia y dan muy buena leche. Pez sueco me ha contado muchas cosas sobre los viquingos y su sistema educativo. El estado anticipa el dinero a los jóvenes para que estudien una carrera universitaria y después, cuando se licencian lo tienen que ir devolviendo poco a poco, tal y como si se tratara de una hipoteca. Mientras tanto, el sueño de nuestros paisanos es dejar de estudiar para empeñarse hasta los dientes y comprarse un coche superguay y una casa de cuarenta metros cuadrados. ¿Entendéis por qué quiero ser una vaca viquinga? Pez sueco se marchó de casa a los dieciséis años, pez sueco es absolutamente independiente. Pez sueco habla cuatro idiomas y quiere saber más. Pez sueco lee más que yo (que no es difícil) y casi tanto como Pez Nemo, que eso sí que es difícil de superar. Pez sueco es filólogo germánico y geógrafo social y yo qué sé qué más cosas. Pez sueco toca el saxo y le faltan pulmones para reírse. En fin, que Pez sueco está hecho un portento y ahora quiere dedicarse al Floorball o Unihockey (no tiene suficiente con el Squassssssh) porque dice que Suecia es uno de los principales países donde se practica. Pues eso, Pez Sueco, que pareces Ikea con tanta funcionalidad.

miércoles, enero 25, 2006

Una vaca imaginaria


Tengo una especie de conexión intertextual con Vila-Matas. Parece como si él hubiera hecho un pacto con mi programador de vuelos y le hubiera dictado mi planning del mes. Sigo yendo de viaje con el Doctor Pasavento y casualmente estoy siguiendo el itinerario del doctor, o él me está siguiendo a mí. No sé. Ya comienzo a asustarme. Fui a París, desde Barcelona, cuando él iba a París también desde Barcelona. Después me fui a Sevilla, también desde Barcelona y él me siguió. Me voy a Suiza y él también. Barcelona, París, Suiza y Sevilla, cuatro destinos para desaparecer. El próximo mes me voy a Berlín, a la Berlinale y allí me encontraré con Walser, que ya tiene mi carta de recomendación de Vila-Matas. ¿Quién tiene paranoia con quién?
Esta semana ha sido algo agitada. Recital poético en honor de la Saudade en 14-30 Espacio joven de Ronda del Sur. Menos mal que Pez Losada (no la Rosada china) me dio unos poemas de
Eugenio de Andrade y pude leer emocionada de frío, con la trémula voz de los que hibernan en la poesía.
Y poesía es lo que necesito ahora que me he vuelto tan narrativa. Hay espacios que cuesta trabajo abandonar. Yo, con el más absoluto sometimiento de mi vida a la esencia poética, de vez en cuando necesito salirme un poco de la esfera confesional y contarle el rollo de la vida de otros al pobre testigo de mi ubicuidad, que suele ser mi pobre amigo pez Nemo, que se lo traga todo, y Musa Marina, que me lee con devoción complaciente esperando que algún día escriba algo que tenga pies y cabeza. Y es que mi narrativa está llena de muñones. Es como el maniquí de las costureras, lleno de muñones y alfileres. Claro, que estoy un poco harta de esa literatura de maniquí del Corte Inglés, estudiada y marketinizada.
Mi último vuelo resultó algo productivo en este aspecto. Mi comandante consiguió que le escribiera un poema durante el trayecto Sevilla a Madrid. No es que me lo pidiera, pero a mí me dio por ahí. Y tan contenta.
No tanto ahora que sé que el próximo mes me toca una vida imaginaria. Suena a coña, pero pasaré el mes imaginando, no sé aún qué, pero imaginando, de mi casa al Hotel de Barajas, del Hotel a no sé donde. Imaginando que tal vez Vila-Matas se decida a coger el mismo avión que yo y nos encontremos en París, imaginando que aún me queda algo de imaginación para terminar esa novela que empecé cuando quería mirar hacia atrás y no hacia adelante, que me daba mucho vértigo el porvenir. Imaginando al fin y al cabo, que es lo único que sé hacer desde que fui inventada por no sé que circunstancia genética que aún no entiendo pero me vale para seguir mirando al frente, pluma en mano y paso lento, gritando que bajo ningún concepto se me permita vivir sin imaginación ni imaginerías.

miércoles, enero 18, 2006

La choupa polisémica


Hoy la Choupa se descojonaba contándome que había ganado un concurso literario a la mejor carta de los RRMM de nuestra ciudad. Pues ya lo decía yo, que lo del apelativo de choupa no iba mal encaminado. Quién sabe qué tentáculo le habrá quedado libre estas navidades entre pavos navideños, árboles fosforitos, turrones, cariñitos y pañales para poder dedicarle unos minutos a los RRMM del ayuntamiento. El caso es que me manda la carta y la que se descojona soy yo, me dan ganas de colgarla en mi blog. ¿A dónde irá a parar tanto ingenio desaprovechado? Pues no lo sé, pero sí sé que a partir de ahora no va a haber ayuntamiento que se resista a los escritos de la Choupa, que ya se ha lanzado y se ha dejado un tentáculo libre para estos menesteres. Es que es una choupa muy polisémica, como las vacas. La muy choupa se va a forrar. Un pellizquito al mejor relato sobre vacas fúnebres de la comarca de no sé qué pueblo, otro tanto a la mejor historia contada por lavanderas, otro de los juegos florales de no sé donde, y así hasta llegar a alguno de los nacionales, que quizás para entonces ya tenga nombre para que se lo amañen (o lo tenga yo y se lo amañe yo). El caso es que me ha hecho mucha ilusión saber que le pueden reconocer a una su talento literario, con sinceridad y honestidad, sin mediar ninguna influencia ni interés. Yo, que me presento a grandes premios de reconocimiento poético, tengo que ver cómo se lo dan al enchufadito de turno que tiene un papá con red adsl y router que lo enchufa desde cualquier sitio del sillón o a aquél que se dedica a perseguir al jurado por todos los congresos. Claro que todo tiene un precio y me imagino que como yo soy una vaca poeta, lo único que podría despertar su interés por mí serían mis tetas. Claro, que ellos no saben que a mí sólo con pensarlo se me pone una mala leche... En fin, que me alegro mucho por ti, Choupa, que me voy a dedicar al cómic y te voy a hacer superheroina.
Hoy he regresado de París con muy buen humor y he hablado con medio planeta y creo que aún estoy hablando, o ¿es mi eco? Y parte de la buena culpa ha sido de mi tripulación, unos peces muy chistosos que me han alegrado los tres días de peregrinaje, incluido el pez labia. Sin embargo, mi amigo Vila-Matas se ha quedado solo y delgado en la habitación del hotel. Creo que he
avanzado cinco páginas de Dr. Pasavento. Habría sido diferente si a Vila-Matas se le hubiera ocurrido ir de Barcelona a París (vuelo muy frecuente para él) y hubieramos coincidido. Pero no, otra vez me ha dado plantón y me he ido a pasear con mis peces chistosos por la riba del Sena, a olvidarme un poco del statut, de la ley anti-tabaco y de militares amonestados y juicios patasunos. Claro que después me voy a Barcelona y se me agria de nuevo la leche porque toda la prensa es catalana y en el vuelo de regreso de Venecia a Madrid sólo puedo darle a los pasajeros del boicot: Vanguardia, avui y el periódico o el Universal, periódico corporativo que tengo que meterle a pasajero entre los dientes aunque no quiera o no sepa español, que así lo ordena el sumo sacerdote de la aerolínea.
En fin.


domingo, enero 15, 2006

En la luna


Lo que hace un año de matar moscas con la cola y lo bien que vivía yo siendo una simple vaca dormidora. Mi primer día de incorporación al trabajo ha sido de lo más involutivo. Después de diez años volando cometo los peores errores de una novata. Llego tarde a la firma, me olvido los identificadores y tengo que robarle uno a un compañero, raspar su nombre y pintar el mío con una pluma que me deja los dedos negros todo el vuelo. No tengo guantes porque están prohibidos y yo me las doy de escriba para disimular. Un piloto que va de extra como pasajero no hace sino ajustarse las gafas para leer el borrón de nombre que mancha mi chapa identificativa, que no puede ser más cutre, pero como la sobrecargo es miope, despistada y coqueta (no lleva gafas), no se da cuenta y yo la mantengo. El piloto ya siente una curiosidad impertinente, tanto que me llama para intentar descubrir qué le pasa a la chapa. Uy, se me ha manchado, mejor me la quito. Y me voy corriendo para que no indague más. Llega el momento de dar la bienvenida a bordo. Les digo que nos vamos a Palma, pero vamos a Barcelona. Horror, me he colado, lo siento. La sobrecargo comienza a dar las instrucciones de seguridad y yo hago la demostración del chaleco salvavidas. Un pasajero me mira y yo pienso que el uniforme me favorece tanto que es normal que me mire con tanta complicidad. Me interrumpe para decirme que me he colocado el chaleco salvavidas al revés. Qué va, hombre, a mí me va a decir cómo se coloca un chaleco, llevo diez años poniéndomelo. Oye, pues sí, tenía razón el de la mirada cómplice. Ay, qué despiste. Ya sabe, tantos vuelos enloquecen. Me voy rodando por el pasillo, tan roja como una sandía, me siento en mi transportín y me pongo a pensar en Clara Janés, mi único consuelo cuando llegue al Hotel de Palma.
Ay, si no fuera porque nunca viajo sola, si no fuera porque La voz de Ofelia me ha hecho recordar que mi única misión en este mundo es la poesía y que me debo a ella en cuerpo y en alma, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y hasta que la muerte nos separe. Porque de lo que estoy segura, aunque no lo haya dicho el pez chakra esta mañana en el curso de Mandalas, es de que estoy hecha de materia poética. Toda mi vida parece estar diseñada para que me ocurran constantemente cosas que algún día puedan llenar mi biografía en un manual de literatura. ¿No tenéis la sensación de que todos los escritores han llevado una vida inusual, extraña, catastrófica y vertiginosa? ¿Acaso no estamos unidos por el mismo denominador común que nos lleva a la destrucción para la construcción?
Entiendo profundamente la relación que hubo entre Clara y Holan porque yo, en cierto modo, me identifico con ella. Ella ama y se va hasta Praga a conocer al extraño ser anacoreta encerrado en la isla de Kampa que dio forma al objeto de su amor, su poesía. Yo, en cambio, me fui hasta Italia, a Malcesine, en el Lago di Garda, a conocer a Zulo, una escultura de Víctor Ochoa y me enamoré de él, de Zulo, un hombre solitario que escondía su cabeza entre sus piernas. Sufría y yo le besaba. A Víctor le hizo mucha gracia e hizo que todos me trataran como a una Principessa en el Lago di Garda. Quizás no se tratara nada más que de una vaca aburguesada que se aburre y coge un avión para plantarle un beso al trozo de hierro pensante en el lago di Garda. Quizás. Pero lo cierto es que si no fuera por esas excentricidades ya hace tiempo que habría dejado de dar leche poecológica.

miércoles, enero 11, 2006

Una vaca con suerte


Hoy podría decirse que he sido una vaca con mucha suerte. Empecé el día algo rebotada porque me habían obligado a asistir a un curso de CRM (Crew Resource Management) y por muchas razones que omito me parecía una pérdida de tiempo. Llego al curso y me encuentro con un instructor encantador y sensible que nos deja decir todo lo que pensamos sin censuras (creo). Después, a la hora de la pausa de diez minutos, me voy a la máquina de los Donuts y casi me pongo a llorar porque no tengo cambio (nunca tengo cambio) y no puedo regresar a clase sin haberme comido un donuts, pero justo cuando estaba a punto de hacer pucheros aparece un señor que abre una puerta que pone Prohibido el paso. Le pido cambio y me pide que le acompañe al otro lado de la puerta que pone Prohibido el paso. Yo, ni me lo pienso, mi reino o mi honra por un donuts. Le sigo por unos pasadizos llenos de estanterías tipo Cambridge llenas de papeles y desembocamos en una imprenta. A todo esto, ya han pasado los diez minutos de pausa reglamentaria. El señor me da el cambio y se ofrece a ayudarme en lo que necesite. Ah, ¿sí? pues ya que me lo ofrece le voy a decir que sí. Pues resulta que llevo en mi coche, desde hace medio año, cuatro libros que mi padre (pensando que al ser una vaca poeta tendría enchufes con las imprentas) me había dado para que les rebajaran los bordes con la guillotina. Pues el señor me dice que sí y tras media hora más de espera aparezco en el curso de CRM cargada con mi alijo de libros. Entro, todos me miran y a mí se me ocurre pedir disculpas pero me abstengo de inventarme una excusa mejor que la que tenía (algo inverosímil) Indispuesta. Me encontraba indispuesta, les dije. Claro, que con ese alijo de libros a lo máximo que podrían haber llegado con la mente es a imaginar un uso de los libros algo escatológico. Para mi sorpresa: nada, no pasó nada. Me pierdo medio curso, me guillotinan los libros y me voy a casa de Pez Banana a comer. No le llevo ni vino ni postre y ella encima me regala un carpaccio. Después me voy cenar al japo con mis amigas, con la hora atravesándome las ingles y llego antes que ellas. Además, pido a los Reyes Magos que me den aparcamiento sólo por esta noche y aparco en la puerta del japo. Y además hoy he averiguado por qué lleva Musa Marina cinco monederos en su hiper bolso. Llego a mi casa, cierro los ojos y pido un Brat Pitt y me encuentro la cama deshecha. Miro en el baño y no está, miro en mi armario y tampoco está. Abro el ordenador y tampoco está. Entonces abro mi correo y me encuentro una vaca de superhéroes que me ha regalado la Choupa y me entran ganas de contar lo que sea, que hoy soy una vaca con suerte y mañana será otro día y si existe un superhéroe hoy ha estado conmigo.

jueves, enero 05, 2006

La vaca que vuela


Ya soy una vaca que vuela. Después de haber soportado el insufrible curso de habilitación de avión, de haberme tirado por una rampa de un simulador estrellado contra el suelo y de haber apagado un fuego con la mano izquierda, se puede decir que soy una experta en riesgo y protección aérea. No saben lo que hacen. Cada vez que se mueve el avión yo me vuelvo creyente y rezo todos los padrenuestros que me he saltado en mi vida de no practicante y rezo con la mente fija en las cabezas de los pasajeros como si fueran cuentas de un rosario a punto de estamparse contra el mar de los Pirineos. Y me doy cuenta de que abundan los calvos y ya nadie lleva sombrero y después miro a los melenudos y pienso "tanta melena, pá qué, pá estamparte contra el suelo y tener una calavera pelada como la de los calvos" Luego miro al pasajero que siempre me mira cuando no tiene que mirarme y le digo que se tranquilice, que no pasa nada, que ya está todo controlado y me dice que sólo quiere una coca-cola, que lleva mucho rato con los cinturones puestos. Anda que... En fin, que ya me veo el temita de mi blog. Hasta ahora me he contenido porque la baja laboral me había hecho no pensar en alturas presurizadas. Pero claro, el temita da para mucho y algo se me escapará.
Hoy en el curso de formación comercial de Tripulantes de Cabina de Pasaje me he enterado de qué es una goma de pelo. Vaya, lo que se aprende así, a lo tonto. Pues resulta que el colegio de monjas aéreas para el que trabajo (ya se podría llamar AirVatican) no nos permite llevar una goma que no esté adornada con una floritura, porque la goma normal de toda la vida es muy vulgar y nosotras somos chicas de altura. Además, nada de bufanda ni guantes, aunque el vuelo sea a Kiev, que somos ibéricas de pata negra y lo aguantamos todo. Dos palabrejas le diría yo a nuestro diseñador del uniforme de los domingos. Mira que olvidarse los guantes, las botas y la bufanda...
Vale, dejo el temita, que ya me ha quemado bastante saber que la nueva novísima y desconocidísima compañía aérea catalana va a compartir terminal T4 con nuestra primera compañía, la de bandera, la de toda la vida, después de que se rechazara a compañías más sólidas (nuestra competencia). Claro, que puestos a poner banderas, los catalanes no podrían ser menos, aunque sea en territorio (inter)nacional.
1,2,3, perplejita me quedé.

martes, enero 03, 2006

El retorno de una vaca que rió demasiado


De vuelta a mi hogar singular. Año nuevo ya con eñe en mi blog. Pero esto de las festividades aún no ha acabado. Amigos, quedan los Reyes Magos y otros que no conocemos. En mi Italia querida se celebra la fiesta de la Befana. Pez sueco dice que en su lejana y fría tierra no hay Reyes Magos sino una especie de Golum navideño. Tengo la sensación de que esto me lo he inventado. Si es así, que el pez sueco me perdone. Esto de ser tan metaliteraria me está afectando demasiado y ya no sé si lo que cuento me ha pasado o me lo imagino.
A Pez sueco le tenemos que agradecer la familia tribulete y yo que nos invitara a pasar el fin de año en su casa. Fue una cena multicultural en la que primó la tortilla española. Hasta los catalanes se acordaron de su nación e hicieron una un poco seca. Eso sí, no falto el cava, afortunadamente, transportado a lo Alea jacta est en mi maleta. Pez rubísimo (alemán) hizo alardes de sus dotes pluriculturales y nos hizo unas albóndigas iraníes. Pez Ursula (no la Andrews) empanadillas bávaras rellenas de chucrut y beicon. Pez sueco elaboró su famoso gratén de patatas y solomillo de cerdo al beicon. Gaviota, ya germanizada, preparó un apfel struddle, mamá-vaca tres tortillas de patata y yo partí jamón serrano y queso manchego para que nadie diga que me escaqueo.
Al terminar la cena, salimos a la calle en medio de un bombardeo. Qué bien emulan los berlineses el campo de batalla. Menos mal que no me entró mucha paranoia, aunque en un momento pensé que me había trasladado a los años cuarenta y me puse a correr como una desepesrada por la nieve quemada. Eso sí, bonito era muy bonito, repetía mamá-vaca que lo flipó bastante con tantos fuegos artificiales y explosiones.
Lo flipó casi tanto como el taxista que nos recogió para ir al aeropuerto. Parecíamos unos refugiados rodeados de pertenencias. Mamá-vaca le dio una buena propina para que se le pasara la mala leche. Al llegar al aeropuerto nos encontramos con que el vuelo estaba completo, pero conseguimos viajar, no sin antes presenciar cómo requisaron todos los mecheros de mamá-vaca (el jardín se lo dejaron pasar para sorpresa de papá toro y mía). Iba cargada de municiones hasta los rulos. Quizás pensara que tras la nueva ley anti-tabaco los mecheros se retirarían del mercado.
Al llegar a Madrid, los taxistas madrileños lo fliparon aún más que los taxistas berlineses cuando nos vieron. Afortunadamente encontramos un alma caritativa, aunque fuera taxista, que nos llevó a casa con la casa cargada en el maletero.
Llegué y me acosté pensando en el nuevo curso de avión del día siguiente. Pero me equivoqué de fecha. Es mañana. Y aunque piense que el mañana nunca llega, lo cierto es que tal y como le dijo alguien a Vila-Matas: el mañana es hoy. Y se quedó tan pancho. Yo no.