
Queridos amigos,
os presento la Revista de poesía La otra, donde me dedican un espacio.
http://www.laotrarevista.com/2008/12/beatriz-russo-nos-presenta/
Espero que os guste.








Libros Por Luis García Jambrina
La prisión delicada es el segundo poemario publicado por Beatriz Russo (Madrid, 1971), que se dio a conocer con el titulado En la salud y en la enfermedad (2004). Se trata de un poema extenso, un canto continuado en el que los versos que aparecen al principio («Ésta es mi prisión delicada. / No me salvéis. / Aquí yacerá la que pudo haber sido Ophelia. / Inventadme un epitafio que se oculte bajo el musgo. / Que nadie incinere mi cuerpo. / Tengo algo que evocar») se repiten -con alguna variante- a lo largo del mismo, lo que le da unidad y una intensidad creciente. Nos encontramos ante una exaltación de la poesía y del arte y ante un homenaje a las tres mujeres que figuran como dedicatarias del libro: Lizzie Siddal, Fanny Cornforth y Jane Morris, esposa y amantes del pintor y poeta Dante Gabriel Rossetti; musas y modelos de la Hermandad Prerrafaelita.
Son muchas, en efecto, las alusiones a estas musas de origen humilde y a algunos de los cuadros para los que posaron, en una época, la victoriana, en la que ser modelo de artista era algo casi tan bajo como ser prostituta (de hecho, Fanny lo había sido). Naturalmente, la autora trasciende lo anecdótico y lo culturalista para convertirlas en símbolos de la condición femenina y de su papel en el arte. En este sentido, destaca la figura fascinante y trágica de Lizzie Siddal -la «Ophelia» del famoso cuadro de Millais y la «Beata Beatrix» de Rossetti-, que se suicidó con una sobredosis de láudano, dejando inédita una colección de poemas. «¿A quién le importa la lengua de los muertos? / ¿A quién, la alucinógena voz que se pronuncia entre los versos de Lizzie Siddal?», se pregunta un yo lírico femenino en el que convergen diferentes máscaras y, en especial, la de la propia Siddal.
El adjetivo alucinógena le conviene también a la voz de Beatriz Russo. A este respecto, cabe señalar que, a través del lenguaje, ésta logra producir una visión alucinada y, por lo tanto, sorprendente y nueva de las cosas. De ahí su tono visionario, onírico, irracional y, en ocasiones, surreal. La suya es, además, una poesía de largo aliento, torrencial, envolvente y expansiva; escrita, por lo general, en extensos versículos y organizada en torno a una serie de recurrencias de todo tipo. Su estructura es, a la vez, cíclica y progresiva. Pero, sin duda, lo más destacado es su carácter vigoroso y exaltado, de una gran fuerza rítmica e imaginativa. He aquí, pues, la obra madura de una autora que, según ha confesado, accedió no hace mucho a la poesía, tras un período de encierro que, al final, resultó deslumbrante y revelador.
Cecilia leerá poemas de su último libro, publicado en Calambur El cuarto día. Os copio reseña aparecida en ABCD de las letras, escrita por Jambrina:El cuarto día es el tercer libro de poemas de Cecilia Quílez (Algeciras, Cádiz, 1965), que con anterioridad había publicado La posada del dragón (2002) y Un mal ácido (2006, mención especial del Premio Francisco de Quevedo). Su reciente poemario conecta, de algún modo, con el anterior y a la vez inaugura un nuevo ciclo en su trayectoria. Se trata de un libro unitario cuyos poemas giran precisamente en torno a la idea de la resurrección, el tiempo cíclico o el renacimiento; asimismo, presenta una cuidada estructura, con un poema prólogo, tres partes o secciones («Columna de peces», «El orden de las cosas» y «Propósito de enmienda») y un epílogo, donde se hace explícito el sentido del título: «El cuarto día es el primero / después de mi resurrección. // Cantan ya los apóstoles». No son estas las únicas referencias al imaginario cristiano; en la tercera sección, por ejemplo, hay un texto titulado «Cuatro misterios y una ofrenda».
En su conjunto, estos poemas plantean una original indagación existencial, la búsqueda de un nuevo sujeto femenino, lo que implica también un cuestionamiento y una reinvención de los sentimientos («Cuántas veces cuántas tendré que decirte / que esta forma tuya de querer me está matando», leemos en «Amor letal»), así como una concepción distinta del tiempo. En el poema titulado «La invención del tiempo», vemos cómo el desajuste temporal va ligado a la propia disolución del yo: «Mi reloj no se acompasa, / va dos vidas retrasadas / y una muerte por delante. / (?) / Pasado mañana se ha quedado / leyendo los posos del futuro, / y ayer ocurrió que yo estaba / en cualquier parte. / O puede que todo esto no sea nada / porque yo ya me haya ido».
Todo ello, además, guarda una gran coherencia con su poética, expuesta de forma fragmentaria en algunos versos del libro: «Destrozas las palabras porque no las conoces. / La insuficiencia ha hecho de ti un molesto antecedente. / También es poesía lo que no consta: Reinventemos el desorden», nos dice en el titulado «Regresar desde el agua».
En lo expresivo, destacan la ironía, el irracionalismo, las imágenes visionarias («un camposanto de pájaros resucitados»), el ritmo fluido y la variedad de tonos y registros. En ocasiones, los poemas tienen un aire sentencioso; en otras, más bien onírico; en los textos más breves -algunos de ellos cercanos al haiku-, lo más relevante es su capacidad de sugerencia y el intento de fijar el instante. El resultado es un libro maduro y distinto.
Espero que lo disfrutéis.
Blog personal en el que me convierto en una vaca submarina que ironiza sobre los aspectos cotidianos de la vida, la cultura y la sociedad a través del ojo de buey de mi nave, inspirándome en la fauna marina de mi hábitat.