
Afortunadamente estaban conmigo mis pececillos, que tuvieron una paciencia increíble. Llegamos al Hotel a mitad de la cena, nos liberaron una mesa y nos pusimos a beber cervezas. Yo habría bebido más vino pero aún tengo fresco el recuerdo del mismo vestido en una presentación en la Fundación Alberti y una cogorza impresionante de Barbadillo que me hizo hablar sin parar toda la noche (y es que a mí, cuando me dan un micrófono...) La cena se acabó, me presentaron a los organizadores, al jurado (me llevé alguna sorpresa inesperada) y después me anunciaron como la ganadora del primer premio Istar de novela erótica. ¡Qué fuerte! Espero que mis padres no se la lean nunca. El libro se titula La versión de Eva Blondie. Ya hablaré sobre él, ahora no tengo ganas. Salí a recoger la estatuilla entregada por Celia Blanco y no pude hablar. Me quedé muda delante de todos los pornostars y el cámara, que no dejaba de apuntar a mis caderas. Si lo llego a saber, me bebo una botella de Barbadillo- pensé. Reaccioné demasiado tarde, ya estaban llamando a la mejor porno- actriz revelación. Y me bajé del trono con una jaqueca psicosomática por el vino que no bebí y debí haber bebido. Los tacones me mataban, los muslos se me salían por los rombos de la media de red, el vestido no hacía sino subirse hasta la cintura. Pez Love y Pez Nemo me hacían fotos con su móvil y yo me quería ir a casa. Y así, Hada Marina y yo, vestidas para la ocasión (ella vestía medias de red, minifalda vaquera y zapatos de tacón para esas superpiernas de autopista hasta el cielo). Cuando salimos del hotel con el trofeo, parecíamos actrices porno premiadas. Los recepcionistas y conserjes nos miraron con morbo y yo me puse las gafas para disimular, pensando que distinguirían entre una intelectual como yo y una actriz porno, aunque no haya mucha diferencia entre nuestros cuerpos (qué voy a decir).
Llegué a casa, dormí como pude y al despertarme llamé a mi madre y le pregunté si quería poner mi trofeo en el salón de su casa, con todos los demás y ella me preguntó "¿no será un trofeo guarro?" No mamá no me han dado un pene, pero creo que éste me lo quedo yo en mi salón. Ya me veo yo el tipo de gracias que voy a generar. Y es que eso de ser una vaca poeta que escribe novela erótica no es tan previsible como esperaba; un artista es ecléctico, tiene que ser capaz de ponerse ne la piel de cualquier personaje que ronde su cabeza. Pero adelanto que ¡¡¡mi novela no es autobiográfica!!! Soy escritora, me gusta inventar, no soy biógrafa. Eso se lo dejo a mis futuros recreadores. Veremos a ver qué pasa. En fin.