lunes, diciembre 31, 2007

Momento buenos deseos para el 2008

Queridos amigos,
hoy me pongo de gala para desearos desde esta pecera cibernética que entréis en la nueva corriente 2008 de aire, de mar, de río o como queráis, con muchos premios y bonus extra para los que os cueste más trabajo conseguir lo que queréis.
Muchas gracias por el apoyo que me habéis dado y por seguirle el rollo a mis vaquitas y demás animalillos supra/subacuáticos.

Beatriz Russo

martes, diciembre 18, 2007

55 años de la Tertulia Hispanoamericana Rafael Montesinos



Queridos amigos,

la editorial Mar Futura acaba de publicar el esperado libro que reune los 55 años de Tertulia Hispanoamericana fundada por nuestro querido Rafael Montesinos y cuya continuidad ha sido posible gracias a la constancia y dedicación de su esposa Marisa Calvo y su hijo Rafa Montesinos.
Esta tarde a las 19.30 tendrá lugar la presentación del libro en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe (Avenida de Séneca, 41. Madrid).
En el acto intervendrán:
Carlos Ávila: Editor de Mar Futura y poeta
Juan José Martín Ramos: Poeta
Miguel Losada: Poeta y gestor cultural
Enrique Gracia: Poeta y gestor cultural
Rafael Montesinos: fotógrafo e hijo del Poeta homenajeado.

Os recomiendo el artículo del poeta Manuel Francisco Reina, que hace un recorrido por estos 55 años de historia tertuliana.

Merece la pena asistir.

lunes, diciembre 10, 2007

Papá Toro y su psicópata



Hay quien nace con un pan bajo el brazo y otros nacen con psicópatas. Yo soy este último caso, (y el otro, solo que mi pan está un poco aplastado). Llevo varios años recibiendo llamadas anónimas, con número oculto, mensajes con canciones, tortillas de patatas con geranios a mi puerta (información complementaria: ¡no me gustan los geranios!), cartas de amor, bombones, etc, y ya me he acostumbrado tanto a esta situación, que se me hace raro no recibir noticias. A veces me ocurre que no les aguanto (a los de las llamaditas), otras me paso la semana haciendo conjeturas de quiénes podrían ser (porque son varios, al menos dos), a veces me creo que ya lo tengo y sonrío (qué romántico) y otras me parece patético que aún siga con este rollo (un sospechoso que me cae bastante mal).
Pero en fin, para hablar de mis psicópatas tendría que escribir varios posts. Esta vez le toca a Papá Toro, salvo que su papel es el de sospechoso de psicópata.

Ya había comentado en el post anterior que Papá Toro no está muy toro que digamos y no sale a la calle desde hace mucho tiempo. Nunca le gustó salir de casa salvo para ir a comer a Bilbao o San Sebastián (País Vasco, lo otro habría sido muy fácil), Zaragoza o Burgos y volverse en el mismo día. Pues resulta que el otro día me llama Mamá Vaca muerta de risa para contarme lo que le pasó a Papá Toro el día que salió de casa después de tanto tiempo.
- No sabes la risa que me he pasado hoy con tu padre. Le pasa cada cosa....
- ¿Qué le ha pasado? - pregunto inquieta, casi con boli en mano.

- Pues resulta que hemos ido a echar la quiniela y tu padre ha parado el coche en doble fila en frente de la administración de loterías. De repente aparece una señora que viene lanzada hacia nosotros gritando, se acerca a la ventanilla y le dice a tu padre que deje de espiarla y de seguirla, que la policía le tiene fichado.
- Ala, y papá ¿qué hizo?
- Ya sabes tu padre lo seco que es y lo raro que es para estas cosas, pero esta vez le contestó: "Señora, que yo no la conozco de nada, que yo no me muevo del sofá, no salgo a la calle". La señora le mira y le dice "sí, sí es usted, lleva varios días persiguiéndome y la policía le está buscando para detenerle".
- ¡Qué fuerte!
- Sí, hija, qué fuerte el ataque de risa que me dio a mí al ver a tu padre todo nervioso cerrar los pestillos del coche para que no entrara la señora loca. Tenías que haberle visto la cara de susto que tenía. Y cuanto más le miraba yo, más me reía y él más se cabreaba. Pero hija, qué le voy a hacer, me partía de la risa porque tu padre no quiere salir nunca y para un día que sale, le cae encima una psicópata... Durante todo el camino de regreso a casa no paraba de decir que no sale más de casa, que el mundo está muy loco y que le van a contagiar, que él es muy feliz con sus películas y sus periódicos.
- Ala, pobre...
- ¿Pobre? Pobre yo que le veo a todas horas. Y yo que quería regalarle un perro para que lo sacara de vez en cuando y me dejara sola aunque fuera una hora al día. Nada, que no hay manera de que se entretenga fuera de casa. Pero qué casero me ha salido el gachó (aclaración: Mamá Vaca es castiza). Éste es capaz de no salir por si le detiene la policía por sospechoso. Yo ya le he dicho mil veces que a los locos no hay que hacerles caso, pero no me hace caso y encima me dice que no me hace caso porque es lo que le he dicho yo que hiciera. ¿Tú te crees? Que me ha llamado loca a mí también. Si es que tu padre se lo toma todo a pecho. Anda, hija, hay que dejarle por imposible, cuando se le mete algo en la cabeza, bla, bla, bla....

En fin, que al pobre Papá Toro la calle no le sienta bien, creo qué él también se ha dado cuenta, como yo, de que se está muy bien en La prisión delicada.

viernes, diciembre 07, 2007

martes, diciembre 04, 2007

Papá Oz





¿En qué momento comienza el olvido?

El otro día Papá Toro, que no está muy toro que digamos, está malito, me hizo reflexionar sobre este aspecto cuando apareció con una rosa seca en la mano y me dijo:

- ¿Te acuerdas de esto?
Cogí la rosa descolorida y aplastada entre mis dedos con el miedo de que se rompiera mi recuerdo junto con el tallo.
- Ni idea - le respondí.
- Pues estaba entre las hojas de un libro y supongo que si un día la pusiste allí es porque alguien especial te la regaló.
Me quedé pensando unos segundos e intenté recordar o inventarme el remitente de esa rosa. Por mi cabeza pasaron muchos recuerdos confusos y desistí.

- Pues no me acuerdo, pudo ser cualquiera - respondí.
- Pues sí que olvidas pronto - respondió Papá Toro, al que voy a tener que cambiar el nombre de seguir así y llamarle Papá Oz.
Papá Toro se marchó a mi antigua habitación, que ahora se ha convertido en su centro de operaciones y yo me quedé pensando en que va a ser verdad que vivo al día. ¿Dónde se ha quedado todo? ¿Dónde están mis recuerdos? ¿Acaso mi memoria no tiene trastero? Mi casa no tiene trastero - pensé. Debe de haber alguna conexión con este dato. En mi casa no hay nada que se conserve más de un año. ¿Por qué? Es como si me fuera sustiuyendo a mí misma en las distintas etapas de mi vida.

De pronto aparece Papá Toro/Oz con una enorme caja de cartón.

- Toma - aquí tienes una parte de tu historia. Cogí la caja sorprendida, perpleja, alucinada, la abrí y vi montones de cartas agrupadas en gomas. Yo esperaba juguetes.
- ¿Qué es esto? - le pregunté.
- Puedes olvidarte de lo que quieras.
Las cartas eran la correspondencia que mantuve durante años con diferentes amores de verano y un novio que hizo la mili y me mandó una carta de amor diaria.
- ¡Qué fuerte! - grité sorprendida - ya no me acordaba de esto.
Papá Toro sonrió y se marchó a su centro de operaciones, al rato regresó y me dio un paquete. Lo abrí y vi que era un cuadro que me había hecho con los tréboles de cuatro hojas de su jardín.
- Espero que en el futuro no te olvides de este regalo, ya no estaré para recordártelo.
Me quedé muda y melancólica.
- Yo nunca me olvidaré de ti - pensé con los ojos casi llorosos.

Y ahora me ha dado por volver la vista atrás y verme pequeña, tan pequeña que no paro de ver películas infantiles con el deseo de coger carrerilla de nuevo para ver si logro mantener esta vez la ilusión y la fantasía que me inspiraban los días de mi infancia y adolescencia.

He empezado a escribir para los niños.

Gracias, Papá Toro.

lunes, diciembre 03, 2007

jueves, noviembre 29, 2007

POESIA CONTRA EL SIDA

VIERNES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2007


Salir, sudar

Mi vida en una vena

La vida en ti

HAIKU:

Poema “japonés”, con esquema rítmico de tres versos,

conteniendo una idea que se expresa en la naturaleza

y en una concreta estación del año, sin nombrarla.

Idea:

Convocar a doce poetas para que escriban doce haikus.

Crear doce imágenes espaciales compuestas por múltiples

actores y actrices, en distintas localizaciones y a distintas horas del día 30 de Noviembre de 2007.

Un coreógrafo, Chevy Muraday(Premio Nacional de Danza 2.006)

crea un movimiento rotatorio como eje del dibujo espacial.

El final de la performance se cierra con un lienzo donde está impreso un haiku distinto en cada acción y que dirá en voz alta una actriz.


12 acciones – 12 haikus


POETAS QUE HAN COLABORADO CON LOS HAIKUS:


Luis García Montero, Cecilia Quilez, Juan Carlos Mestre, Ada Salas, Gracia Morales, Clara Janés, Leopoldo Alas, Ana Martín-Puigpelat, Javier P. Acebrón, Balbina Prior, Ernesto García, Álvaro Salvador, Luis Antonio de Villena

Cada acción vendrá precedida de un reclamo acústico, creado por el colectivo musical EL INTRUSO, grupo musical de larga trayectoria en composición contemporánea. Dichos motivos musicales, irán insertados en el cuerpo de más de cien actores que, integrados entre el público, crearán una atmósfera acústica que terminará fundiéndose en la imagen realizada a partir de la coreografía central del bailarín. Sobre este dibujo espacio-musical se expresará el haiku escrito para cada acción.

Imagen del programa: Lindsay KEMP

(Para ver el programa pulsar en el siguiente vínculo:

http://poesidaccion.spaces.live.com )

Recorrido POESIDACCIÓN:

12 horas: PUERTA DEL SOL

12´30 horas: PLAZA DE CHUECA

13 horas: PLAZA DE COLÓN

13´30 horas: PARQUE DEL RETIRO

14 horas: ESTACIÓN DE ATOCHA

14´30 horas: MUSEO REINA SOFÍA

15 horas: INTERCAMBIADOR DE EMBAJADORES

15´30 horas: ESTACIÓN SUR DE AUTOBUSES

16 horas: PLAZA DE LEGAZPI

16´30 horas: INTERCAMBIADOR PLAZA ELÍPTICA

17 horas: PLAZA ESPAÑA

17´30 horas: INTERCAMBIADOR DE MONCLOA

(El itinerario es posible hacerlo con esa periodicidad en el tiempo porque participarán diferentes equipos de actores)


miércoles, noviembre 28, 2007

CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO



Globalízate Campaña Global Contra el Cambio Climático
Comunicado de prensa, 19 de Noviembre de 2007


ACTÚA AHORA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

La Asociación Globalízate, integrante de la Campaña Global contra el Cambio Climático, se suma al día global de protesta contra el cambio climático organizando una manifestación en Madrid el día 8 de diciembre de 2007, a las 12 horas en la Puerta del Sol. Ese mismo día los líderes mundiales estarán reunidos con motivo de las conversaciones de las Naciones Unidas para tratar de conseguir un acuerdo de reducción de emisiones tras la finalización del protocolo de Kyoto en 2012 que se celebrarán en Bali, entre el 3 y el 14 de Diciembre.

Ese día se van a celebrar manifestaciones en decenas de ciudades en más de 50 países (Reino Unido, Alemania, EEUU, Canadá, Australia, Bolivia, Japón, etc.)

Globalízate fue una de las muchas asociaciones que organizaron la exitosa manifestación en Madrid en el Día de la Tierra, así como el Apagón del pasado día 15 de noviembre y la jornada contra el cambio climático que se celebró el día 17 de noviembre en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense.

El día 8 de diciembre nos sumamos a la jornada global de manifestaciones porque creemos que no se están tomando las medidas necesarias para evitar que el cambio climático ponga en peligro la vida en el planeta.

Pensamos que sólo si somos capaces de crear un movimiento global de gran envergadura, conseguiremos que los dirigentes mundiales se decidan a implementar las medidas necesarias para evitar una catástrofe de proporciones inimaginables.

En las Conversaciones de las Naciones Unidas en Bali se discutirá el tratado que reemplazará al de Kyoto, de ahí la importancia que tendrán sus acuerdos. Por eso saldremos a las calles en todos los rincones del mundo para pedir a nuestros dirigentes que tomen medidas ya, dejarlo para mañana será demasiado tarde.

Contactos

Presidente: Mario Cuellar.

Relación con Prensa: Félix Nieto.

Teléfonos de contacto: 626 87 94 13 - 649 92 51 86



viernes, noviembre 23, 2007

PRESENTACIÓN DE La prisión delicada

Queridos amigos os anticipo la fecha y lugar de presentación de mi nuevo libro La prisión delicada publicado por Calambur.

Día: 14 de diciembre, día de San Juan de la Cruz
Lugar: Ateneo de Madrid.
En Los viernes de la Cacharrería, a cargo de Miguel Losada.
Hora: 22.30
Presentado por: Cecilia Quílez y Juan Carlos Mestre

Me encantaría que me acompañárais.

Un abrazo

Beatriz Russo


miércoles, noviembre 14, 2007

martes, octubre 23, 2007

¡MI NUEVO LIBRO!


La prisión delicada

Beatriz Russo

Editorial Calambur




PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE MARC GARCÍA ARNAU

Mi querido amigo poeta presenta su nuevo poemario y os invita desde aquí a que le acompañéis.
¿Cuándo?: el viernes 26 de octubre a las 22.30
El libro se titula: Peligro de suerte
El poeta: Marc García Arnau
La editorial: Mar futura
El lugar de la presentación: El Ateneo de Madrid.
C/ Prado, 21
Dentro del ciclo Los viernes de la cacharrería, auspiciado por la Comunidad de Madrid.
¡Disfrutadlo! Merece la pena.

jueves, septiembre 27, 2007

¿Curiosidad genética o accidental?



Últimamente me encuentro de lo más retrospectiva, y esta retrospección me está llevando a preguntarme varias cosas sobre mí misma que sólo tienen una explicación genética.

El otro día me preguntaba si el origen de mi curiosidad era accidental o genético. Pues me vino al pelo, al menos es una pista, lo que me contó Papá Toro sobre la curiosité de Mamá Vaca.

Pues resulta que suena el teléfono en casa de mis padres. Mamá Vaca lo coge:

- ¿Quién es? - pregunta.

- Hola, ¿está Juan?

- No, no está, se ha equivocado. Pero, ¿para qué le llama?

- Señora, si no es ahí ¿para qué quiere saber para qué le llamo?

- No, nada por saberlo, ya puestos...

Pues no se lo contó, colgó y Mamá Vaca dijo:

- Qué gente más antipática, ya no es como antes, que una hablaba con todo el mundo.


Esto me recuerda a la curiosidad que siento por las conversaciones de la gente que me rodea en un restaurante o en cualquier sitio. Ya he calculado que tengo capacidad para mantener el hilo de 4 conversaciones a la vez, más la de mi acompañante, que por suerte le gusta jugar al mismo juego. En fin, que no es que sea una cotilla, es que no puedo evitarlo, me da igual quiénes sean, lo que me importan son sus historias y el perfil psico-sociológico que proyectan. Ay, es que una necesita un trabajo de campo para crear sus personajes. Lo de Mamá Vaca, no sé por qué será, quizás sea una escritora fustrada y quizás algún día aparezca un cuadernillo secreto contando sus historias. Quién sabe.

miércoles, septiembre 12, 2007

El tesoro de Papá Toro


A estas alturas puedo decir que Mamá Vaca ha fracasado en su empeño por intentar que veamos la realidad tal y como es y no que nos la inventemos. Desafortunadamente o no, esto lo hemos heredado de Papá Toro, que tiene una imaginación tan portentosa que a veces creemos que nos toma el pelo.

En un post anterior contaba lo extraterrestre que me parecía mi padre viendo la tele alemana embobado, cuando no sabe decir nada más que cerveza negra en alemán. Alguna que otra vez le he preguntado por la peli que estaba viendo y había coincidido más o menos. Bien pensado puede ser normal que entienda el contexto y se haga una composición de la historia. Lo difícil viene cuando no hay ni mímica ni contextualización, por ejemplo gráficos. Pues resulta que el otro día me dice Pez Tantán que mi padre es un punto.

- ¿Mi padre? ¿por?

- Porque estaba viendo la tele embobado y de pronto dice "pues sí que hace calor en París". Me acerco y veo un gráfico con varias capitales. Pero era un gráfico de la Bolsa, no de las temperaturas.

- ¿Y qué hiciste?

- Nada, me callé, para qué le voy a desilusionar.

Papá Toro es así.

Y volviendo al tema de las expectativas os contaré el batacazo que me llevé por heredar la sangre de mi padre.

Íbamos la familia tribulete en un coche guiado por Linda (nuestra maravillosa GPS) hacia el norte de Alemania. Habíamos visitado Hamburg, Lüneburg, Lübeck y Zwerin y todos nos habíamos quedado con la boca abierta de lo preciosísimo que era todo (en palabras de Mamá Vaca). Yo no sé por qué se me había metido en la cabeza que Kiel era la Venecia del Norte y reservé allí un Hotel que nos costó un pastón. Por el camino, siguiendo las indicaciones de Linda, con un tiempo excelente y un pasisaje maravillosos, íbamos los cuatro contentísimos porque aún nos quedaba lo mejor. Mi padre tenía la cámara preparada (puesta a punto, recargada, con cuatro paquetes extras de pilas alcalinas, una tarjeta de memoria de 1Gb para que le cupieran todas las maravillas de Kiel, etc..). Yo me había pasado el viaje diciendo que no había nada mejor para nuestro maravilloso viaje que la guinda que nos esperaba. Todos contentísimos hasta que vemos que Linda empieza a decir que quedaba 1 km para llegar a nuestro destino.

- No puede ser, si estamos a las afueras, esto es muy industrial - dije yo.

- Pues Linda no se equivoca, a ver si has metido mal la dirección, que esto nos lleva al centro comercial - protesta Gaviota.

Mientras tanto, Linda seguía empeñada en que entráramos en un garaje de un centro comercial.

Quizás sean tan modernos que ya ha llegado hasta allí la moda de hacer hoteles con Moll incluído. Yo qué sabía. El caso es que Linda se volvió loca y el hotel estaba al final de la misma calle. LLegamos y Papá Toro cambia de cara.

- ¿Y a esto le llamas tú Hotel de lujo? Pero si parece la Pensión El peine. ¿Dónde está los jardines de Versalles que decías?

Yo no entendía nada, aparqué el coche subida a la acera porque no había ningún sitio posible y me bajé a preguntar. Entré en el "Hotel" y me atendió una señorita que no hablaba ni papa de inglés. Pues ala, a practicar alemán. Resulta que nos estaban esperando ya con todo preparado. Le pregunto dónde está el hotel y me dice que es allí mismo.

- Pero si esto no es una recepción, es la barra de un bar - le dije.

Ella me miró extrañada.

Salí a avisar a todos de que era allí y lo primero que hizo Papá Toro fue guardar su cámara "Yo aquí no hago ni una foto" protestando. Mamá Vaca se partía de la risa viendo las malas pulgas de Papá. Yo no sabía dónde meterme y menos aún cuando compruebo que no hay ascensor y nos habían dado la buhardilla. Gaviota le explica a la recepcionista que Mamá Vaca tiene problemas de movilidad (mentira, es un terremoto con patas) y le cambian a la primera planta. Papá Toro no podía más con el cabreo y a nosotras nos dio por reírnos sin parar.

Después de prepararnos, bajamos antes a recepción/bar a que nos dieran un mapa de la ciudad y nos aconsejaran. A todo esto, yo les había informado a todos de que estábamos alojados en las afueras porque era como en Venecia, que no se puede pasar con el coche. La cara de la recepcionista no podía ser más de póker cuando le preguntamos por la zona histórica:

- ¿Qué zona histórica? Aquí no hay nada, Kiel fue bombardeada y destruída.

- Pero habrá una zona por la que pasear - quiso preguntarle Gaviota - pero en vez de pasear le dijo "Correr".

La camarero/recepcionista la miró extrañada. ¿Han venido toda la familia a Kiel para correr?

- Sí, es que mi madre necesita correr un poco todos los días.

La camarero/recepcionista, supongo que recordando que mi madre tenía problemas de movilidad, nos miró más extrañada aún y nos recomendó el paseo marítimo. De pronto aparece Mamá vaca vestida con su último modelo de paseo con deportivas último grito y vemos cómo la camarero/recepcionista saca sus órbitas oculares y las pone en las deportivas de Mamá Vaca. Gaviota y yo no podíamos más de la risa silenciosa. A Papá Toro no le hacía ni pizca de gracia no poder hacer su reportaje fotográfico y pasó de nosotras. Sus pulgas estaban aferradas a la piel y su cámara bien guardadita.

Salimos a pasear y lo que vimos era cada vez más feo, un frío espantoso y ni un alma por la calle.

- Venga papá, haznos una foto - le dijimos para que se animara.

Y papá Toro, como si su cámara fuera el anillo de Golum, seguía escondida en algún rincón de su ropa.

- Ni hablar, que yo no saco mi cámara para esto.

- Pues déjamela a mí y las saco yo - insistí.

- Que te he dicho que no, que esto es muy feo, que yo mi cámara no la saco.

- Venga, hombre, sólo una para decir que hemos estado en Kiel.

- Y a mí qué me importa decir que he estado en Kiel, que no, que yo no quiero hacerle fotos a un sitio tan feo, que es malo para el recuerdo.

Mamá Vaca se partía, ya le había dado la risa nerviosa y no paraba. Papá Toro estaba a punto de asesinarnos, paseaba a toda prisa sin saber adónde iba.

- Quiero una cerveza negra, tengo hambre y frío y esto se está poniendo cada vez más feo - no paraba de decir.

Después de una hora caminando encontramos el teatro y el ayuntamiento.

- Mira qué bonito - saltó de repente Mamá Vaca - ala, hijo, hazle una foto al ayuntamiento.

- Y dale, con las fotitos, que no, que yo no le saco una foto a un ayuntamiento, lo que me faltaba ya.

- Pero si podemos decir que era otra cosa - le dijo mamá Vaca.

- Qué manía, que no - respondía cada vez más alterado, agarrando el bolso donde guarda la cámara.

Finalmente entramos en un restaurante con la intención de cenar algo e irnos a la cama. Yo les había vendido la película de que era necesario dormir allí para ir a la Isla de Ferhman porque Papá Toro ya me estaba desheredando a la vez que la tomaba conmigo y mi imaginación portentosa.

En el restaurante se desencadenó una serie de situaciones que hizo de la noche un día inolvidable de risas y risas con Mamá Vaca, que aún me provocan la risa al recordarlas, pero las dejo para el siguiente post porque ya me estoy extendiendo demasiado y se me queman las chuletas.

domingo, septiembre 09, 2007

La Vaca de la Independencia


Ya estoy de vuelta del viaje interminable por Jordania. Toda una aventura por tierras santas, que de santas me parece que tienen las santas ganas de salir de allí. No es que lo pasara mal, al contrario, pero ver tanto desierto interminable y tanto crimen contra el patrimonio me producía un hastío soporífero.
Llegamos a Aqaba en un vuelo espantoso con una compañía que pretende ser aérea y se queda en aerofágica, por la retención comprimida de pasajeros. ¡Ay, cuánto eché de menos a mi querida Iberia! Allí hacía un calor espantoso, pero el Hotel era tan espectacular que se me pasaron las malas pulgas del viaje. Por la noche salimos a dar un paseo por la ciudad, yo estaba tan ansiosa de ponerme los vestidos que me acababa de comprar en Berlín, que me coloqué el menos indicado para el contexto. Imaginad que me planto un vestido escotado con toda la espalda al aire y me lanzo a las calles del centro repleto de musulmanes. Cuatro mujeres sombra, a las que sólo se les veían los ojos, me hacían de contraste y como están ya muy vistas sin que nadie las haya visto jamás, pues eso, a mirarme a mí por todas las calles de la ciudad. Ni en una obra me han dicho tantas cosas juntas. Imagino que algunas no sería piropos. En fin, que al ver tanto hombre por la calle y con la mala leche que se me pone cuando veo a las mujeres sombra, que más que mujeres me parecen pañuelos negros con patas, me decido a encenderme un cigarrillo. Horror, las miradas me lapidaban. Una mujer fumando por la calle con un escotazo de infarto. Todos muertos de repente y yo con la adrenalina por los cielos de Alá. ¡Pero si esas mujeres llevan hasta guantes! Qué calor hacía en Aqaba, por Alá y yo sin mi abanico spanish. En la piscina estas mujeres ni se bañan, se quedan en el borde viendo como el resto de la familia se refresca en paños menores. No puedo con esto. Algunas más innovadoras se metían con sus ropajes en el agua. Qué imagen más extraña y yo sin poder hacer top less. En fin, menos mal que los jordanos son muy pacíficos y encantadores y sólo miran. Lo curioso es que me contaron que estas mujeres piensan que las occidentales somos demasiado generosas al enseñar tan abiertametne nuestro escote y demás zonas consideradas eróticas a todos los hombres. Ellas se cubren sólo para salir a la calle, en casa están como les da la gana. Además piensan que las esclavas somos nosotras y no ellas. Las occidentales vivimos condenadas a la cosmética, moda y cirujía. Anda, leñe, pues tienen razón en este aspecto. Menudo ahorro en cosmética y menuda comodidad. Imaginad, mujeres, sin depilaros ni el bigote, yendo a por el pan recién levantadas de la cama, evitando el cáncer de piel, sauna móvil incorporada para eliminar toxinas, adiós a los michelines y la celulitis (ya no importa), vuestros maridos serán siempre fieles, ya no mirarán a otras, adiós a las rubias (no se les ve el pelo), el tinte para las canas puede esperar, etc. Pues es para pensárselo... pero no. Qué porras, a mí me gusta estar esclavizada con potingues, trapos y demás (la cirujía me parece anacrónica, me encantan las arruguitas que aún no tengo) porque lo hago por y para mí, no para ningún hombre sino sólo porque Yo y sólo Yo me siento bien así, cuidando mi imagen y aspecto externo, así como también cuido el interno (sólo el coco). Así es que nosotras también somos esclavas, vale, pero tenemos más gracia y embellecemos el contexto y la historia con el glamour y la femineidad. Ala, me voy a quitar la mascarilla para el pelo que me he comprado en el mar muerto. Ay, cuánto desperdicio de cabellera negra al viento hay en Jordania.















viernes, agosto 31, 2007

Revista Leer


Queridos amigos,
os pongo el link de la revista Leer donde me dedican el espacio 99 novísimos. La edición íntegra se encuentra en versión impresa.

http://revistaleer.com/185/novisimos.html

Un abrazo

Beatriz Russo






viernes, agosto 24, 2007

La Familia tribulete en las Costas del Mar Báltico

Estoy casi al final de mis vacaciones en Berlín. Ha pasado casi un mes y parece que fue ayer cuando llegué. Pasé mi cumpleaños aquí. Hacía muchos años que no me alejaba de mi Madrid querido en agosto. Antes, siempre lo celebraba en Italia, mi otra patria, con mi otra familia y echaba de menos a mi familia biológica. Siempre echo de menos a alguien, es inevitable. Esta vez, mi familia ha venido a Berlín y lo hemos celebrado con un viaje por el norte de Alemania y las costas del Mar Báltico. Habría esperado a llegar a Madrid para escribir, pero esta mañana me he encontrado con un mensaje de Nán y no he podido evitar ponerme a escribir más historias de Mamá Vaca y Papá Toro.
Va por ti, Nán.

Pues te contaré, querido Nán, que estos días en Berlín con mi familia no he parado de tomar nota de sus peculiaridades. A veces parece que hago un estudio sobre su comportamiento, pero no puedo evitar observarles y sorprenderme de lo curiosos que son. Alguna vez he comentado que Mamá Vaca es un personaje Almodovariano y no sé si te he dicho que Papá Toro es un personaje de Jean-Pierre Jeunet.
Papá Toro cultiva tréboles de cuatro hojas en su pequeño jardín, que es su mundo. Después los corta y los mete entre las hojas de un libro. Una vez secos, comienza su fase creativa, componiendo mosaicos que después enmarca y nos regala a Gaviota y a mí. También tiene otra afición: su cámara digital. Papá Toro es el reportero del barrio. Se levanta por la mañana y va en busca de la foto del día. Si hay mucha gente en la cola de la panadería, la fotografía para enseñarle a Mamá vaca lo bien que le va el negocio a la panadera. Mamá Vaca se ríe del aspecto turçistico de Papá Toro.
- Ay, hijo, que pareces el japonés del barrio, todo el día con la cámara colgando.
Y es que Papá Toro es todo introversión, Èl no habla con la gente, sólo la fotografía. Todo lo contrario a Mamá vaca, que sale a comprar el pan y llega 4 horas más tarde porque parece la anfitriona de la calle.
Lo mismo ocurre aquí en Berlín. Mamá Vaca sale a la calle y llega 4 horas m·s tarde porque ha conocido a una madrileña que trabaja en H&M, donde se pasa el día comprando camisetas para sus hijas. También conoce al chino al que le compra la leche, al de la Bono loto (es su hobby favorito y siempre le toca), a la chica alemana del locutorio (a la que ya ha invitado a Madrid), al de los pollos asados, que cree que es italiano, pero es turco. Qué més le da de dónde sean, si habla con ellos por señas. Se ha hecho amiga de un camarero colombiano que trabaja en un restaurante griego y le cuenta su culebrón de inmigrante en Alemania.
- Hija, mía, así me distraigo un poco con el chico. El pobre tiene la madre tan lejos que conmigo se desahoga.
En fin, que es todo un show con patas. Estuvimos en Luneburg, me compró unas tazas japonesas para el té en una tienda de antigüedades y la dependienta le regaló 3 collares. ¿Cómo lo hace? Ni idea. Vamos a un mercadillo en Postdam y consigue rebajarle la mitad del precio de una tetera que le vendían a Pez Tantán. ¿Cómo es capaz de regatearle a los turcos por señas? Ni idea. Es la reina del regateo.
Y mientras Mamá vaca va de tienda en tienda haciéndose amiga de turcos, colombianos, chinos, alemanes y españoles, Papá Toro la espera en casa viendo la tele embobado o leyendo periódicos alemanes. Y te preguntarás, querido Nán, si mi padre habla alemán. Pues no. Ni una palabra. Después de varios días observándole mirar la tele como un autista, me decido a preguntarle por qué ve la tele si no la entiende.
- Sí la entiendo – me responde pasando de mí.
- Pero si no hablas alemán. A ver, dime de que va la peli o de qué hablan en el telediario.
Y va mi padre y me hace un resumen de las noticias y me cuenta lo que está pasando, o me dice de qué va la peli. Lo mejor de todo es que es verdad. Lo entiende. Y si no, hace una interpretación al modo suo que es todo creatividad.
- Papá, eres un extraterrestre. Siempre lo pensé.
- Pues vosotras, tantos años estudiando idiomas y mira, todo es mucho más sencillo. No hace falta tanto rollo para comprender de qué va el mundo. En todos los rincones pasa lo mismo. Siempre los mismos problemas y las mismas cosas. Pero claro, como en esta familia no se para de hablar, se os escapan los detalles.
Papá Toro, además de ser un extraterrestre es un monje Zen que observa el mundo calladito y cultiva tréboles en su pequeño jardín. Fue gracioso cuando llegamos con el coche a la isla de Fehrman (el punto que une Alemania con Dinamarca), nos bajamos del coche y caminamos por la reserva natural de patos emigrantes. Papá, con cara de poca sorpresa me dice.
- ¿Y tanto viaje para ver el mismo paisaje que hay en mi pueblo?
Mamá Vaca no paraba de reírse viendo su cara.
- Pero, hijo, que estamos en el fin del mundo, ¿no lo ves? Mira qué paisaje tan bonito, se parece a los Picos de Europa. Anda, japonesito, hazme unas fotos con mis niñas para enseñárselas a los amigos.
- Pues eso, ya lo decía yo. Anda, poneos junto al cartel ese alemán, que si no parece que nos hemos ido de vacaciones a Las Alpujarras.
Y Gaviota, intentando hacerle ver lo especial de la zona, le dice que muchos alemanes van allÌ para ver a los patos que emigran de Dinamarca. Y a esta explicación Mamá vaca responde:
- Y a mí qué me importan los patos de Dinamarca. Si son patos. ¿O es que dicen cuak cuak de otra manera? Mira que son raros estos alemanes.
En fin, que tengo miles de historias que contar, pero la mejor la dejo para el próximo post, aún sigo riéndome cuando me acuerdo de lo que nos ocurrió en Kiel. Y ahora te dejo, que tengo que ordenar la casa. Hoy viene Pez Espino a pasar unos días. Y después nos iremos juntos a Jordania. Espero que nos veamos después en la Tetería y nos contemos cosas.
Abracísimos, querido Nán.




domingo, julio 29, 2007

La estrategia infractora de Mamá Vaca


Yo no sé cómo se las apaña Mamá Vaca para tener tantos recursos y ser tan rápida. Unas veces le salen bien y otras le fallan, pero sus trucos son tan divertidos que se salva de los líos en la mayoría de las ocasiones.
Mamá Vaca ha sido reacia siempre a ponerse el cinturón de seguridad y la cosa ya se está poniendo como para que se empeñe en ponérselo por encima solamente. Como si los polis fueran tontos.
En un viaje a Málaga en pleno verano y sin aire acondicionado (porque es malo para las cervicales de Mamá vaca), les paró la policía porque se habían dado cuenta de que Mamá Vaca no llevaba puesto el dichoso cinturón de seguridad. Pero Mamá Vaca, más rápida que su propio pensamiento, actuó de inmediato.
Veamos la escena:
Papá Toro para el coche en la cuneta, su volumen de mala leche le había hecho parecerse en tamaño al icono taurino de Osborne que decora toda la N-II.
El poli, cumpliendo con su obligación, se acerca y les echa la bronca diciéndoles que la copiloto no lleva el cinturón de seguridad.
Mamá Vaca no tarda ni un segundo en responder:
- ¿Cómo que no?
- Pues no lo lleva, señora, yo no lo veo.
Entonces Mamá Vaca, con la gracia que la caracteriza, pone su brazo izquierdo a la altura de su cintura y levanta las dos enormes ubres que me amamantaron en mi nacer, cual madre nodriza siciliana, y con la otra mano agarra el cinturón de seguridad y lo saca de su escondite.
- ¿Y esto qué es, señor agente?
El poli no pudo resistir el ataque de risa y de la mejor forma que pudo, le dijo que no la multarían por esa vez, pero que le aconsejaba no esconder el cinturón de seguridad bajo sus pechos porque la volvería a parar la poli.
- Es que hace tanto calor, señor agente, que me estrangula y por eso lo sujeto aquí abajo. Total, ¿no es un cinturón? Pues eso, va en la cintura.
Papá Toro, volvió a arrancar el coche, más rojo que un pañuelo de San Fermín y se marchó abochornado.
- Somos un show ambulante - no paraba de decir Papá Toro.
- No te quejes, que te acabo de ahorrar una multa de 90 euros. Ala, conduce, que esta noche lo celebramos con pescaíto malagueño.

Y así fue cómo Mamá Vaca se puso morada pescaíto en la carihuela gracias al ahorro en librarse de la multa.

miércoles, julio 25, 2007

La diplomacia estratégica de Mamá Vaca


La diplomacia estratégica de Mamá Vaca no tiene parangón. Pues resulta que tiene una vecina viuda de mediana edad que es un plastazo insoportable, que no hace más que quejarse de todo y sólo le apetece discutir con Papá Toro (creo que le pone). Mamá Vaca, que no quiere malos rollos, intenta por todos los medios darle mil vueltas a las situaciones conflictivas y al final opta por la estrategia más extravagante que se le ocurre.
Hace unos días, la vecina viuda se entera de que mis padres se van a Málaga, donde viven parte del año, y les pide que le hagan el favor de llevarla porque una amiga la ha invitado a pasar unos días en Torremolinos (a ver si se echa un novio que la aguante). Mamá Vaca no reacciona inmediatamente y se calla. Después llega a casa y le dice a Papá Toro con un sofocón a lo Rafaela Aparicio:

- Jiuston, tenemos un problema.

Papá Toro, que ya se espera cualquier cosa, la escucha mientras le sirve un vaso de agua. Mamá Vaca le explica la situación de emergencia, el ataque verbal que les espera durante seis horas de viaje si deciden tener compasión de la viuda y llevarla a Torremolinos. Papá Toro entra en cólera y acaba bebiéndose el vaso de agua de Mamá Vaca.

- ¡Pero tú quieres matarme de un infarto cerebral! Jamás superaré un viaje con ella, no llego ni al despeñaperros y si llego me despeño en un ataque de locura.
- Ay, hijo, no seas tan exagerado, nos hacemos los dormidos y ya está - le responde Mamá Vaca intentando encontrar una solución.
- Pero cómo vamos a hacer eso, si yo conduzco y no puedo conducir dormido.
- Ah, es verdad, ay, qué leche tiene el chepa (frase muy usada por Mamá Vaca cuando no se le ocurre nada más)
- Pues le dices que no y ya está.
- Pero cómo le vamos a decir que no a la pobre. Si no la soportamos más, nos ponemos unos tapones para los oídos y ya está, movemos de vez en cuando la cabeza como que la escuchamos y asunto arreglado.
- Mira que tienes ideas raras, pero ¿cómo quieres que me ponga tapones mientras conduzco?
- Ay, qué leche, es verdad.
- Bueno, pues ya me dirás qué hacemos.

Y después de toda una tarde dándole vueltas.... Mamá Vaca da con la solución.

- Ya está, encontré la solución: compramos un mueble y le decimos que tenemos que llevarlo en la parte trasera del coche y no podemos llevarla.
- Pero, ¿qué mueble vamos a comprar si tenemos la casa ya amueblada y no nos hace falta nada?
- Pues no sé, ya se nos ocurrirá.

Y así fue que Mamá Vaca y Papá Toro se fueron a una tienda de muebles a buscar algo que se ajustara a su estrategia de evitar ser torturados psicológicamente en el viaje a Málaga y compraron un escritorio que, como no, han colocado en mi habitación, junto con otro parecido. Mamá Vaca se cree que porque la Vaca que escribe escriba, necesita escritorios por partida doble en un sitio de playa donde lo que menos me apetece es escribir.
En fin... qué se le va a hacer, ya le encontraré un uso. Espero que no le ocurra más a menudo y nos llene las casas de muebles.
Y si no, ya os avisaré del mercadillo.

viernes, junio 29, 2007

La diplomacia culinaria de Mamá Vaca


A lo largo de la vida de Gaviota y la vaca que escribe hemos ido oscilando entre la educación que nos han ido dando nuestros padres. Mamá Vaca tiene una visión del mundo conciliadora y Papá Toro no se anda con tonterías y corta por lo sano. Y así hemos ido viviendo Gaviota y yo, entre lo conciliador y lo a la porra con la gente hostil.
Mamá Vaca piensa que hay que llevarse bien con el mundo, que estamos aquí dos días como para perder el tiempo en discutir. Lo mejor es llevarse bien y pasar de todo. Muy inteligente por su parte, pienso en muchas ocasiones. Pero Papá Toro piensa que es verdad que estamos aquí dos días como para seguirle el rollo a la gente toca pelotas. También muy inteligente.
Gaviota y yo hemos cogido parte de sus consejos, pero pensamos que a veces hay que poner a la gente en su sitio y entregarse a los que nos aportan cosas constructivas e ignorar a las moscas cojoneras que no hacen sino engorronar las buenas relaciones sociales. La limpieza a veces resulta inevitable.
Un ejemplo de Mamá vaca:
Durante muchos años, mi pobre madre ha tenido que soportar la hostilidad de una tía a la que le va la marcha y llamaba sólo para discutir. Mamá Vaca, que no tiene ganas de malos rollos, la escuchaba y cuando se cansaba le decía que la tenía que dejar porque se le quemaban las chuletas. Así ocurría que cada semana tenía que ponerle la misma excusa:
- Lo siento, hija mía, te tengo que dejar, que se me queman las chuletas.
- Pero, si son las 6 de la tarde, ¿qué haces friendo chuletas?
- Una que está de antojo.
Mi tía, que era un plomazo incallable, insistía:
- Pero no me creo que siempre que te llame se te quemen las chuletas.
- Es que eres muy oportuna, siempre me llamas cuando frío chuletas. Hija, en esta casa se comen chuletas sin parar, qué le vamos a hacer. Ala, que ya huele a quemado. Te dejo.

Así fue que mi tía, dejó de llamar a casa y mi madre vivió en paz.

Papá Toro, sin embargo, corta por lo sano. Ni chuletas ni porras. A la gente pelmazo y conflictiva se la ignora y no hay chuletas que valgan. Les dice a la cara lo que piensa, se queda tan pancho y no hay más que hablar. Nos vemos en los entierros.

A veces nos ocurre que tenemos que tragar con gente que es molesta pero no hace daño a nadie. Ahí es donde Gaviota y yo, con un nudo en la garganta y muchas dosis de paciencia, mantenemos la atención los cinco minutos de protocolo y nos inventamos la excusa (no de las chuletas) pero sí de tener una prisa horrible o una llamada al móvil. Son pequeñas concesiones para no herir al plomazo de turno. Pero otras, es imposible siquiera soportar el saludo y nos hacemos las despistadas hasta que nos atrapan y no sé, reaccionamos como podemos.

Me gusta estar rodeada de gente buena y conciliadora. Afortunadamente es lo que más abunda y vivo feliz. Una vez me dio un consejo un amigo cuando le explicaba que me costaba mucho trabajo no hacer favores, incluso a gente que no me caía muy bien. Entonces me respondió que no estaba siendo equitativa. Si le doy lo mismo a mis buenos amigos y a los que ni siquiera lo son, estoy siendo injusta. Desde entonces intento ser lo más justa posible, volcándome en cuerpo y alma con mis pececillos buenos. A veces me equivoco, seguro que muchas, pero intento rectificar, porque hay gente que no es lo que parece y sorprende para bien o para mal. Los tiburones no me gustan. No los mataría, porque no soy capaz de matar ni a una araña, pero prefiero que se mantengan lejos de mi acuario. Y así vamos tirando, intentando dar lo mejor de nosotras mismas, a veces más de lo que podemos y otras menos de lo que deberíamos, pero en eso consiste la vida, en ir aprendiendo a ser mejores personas y asumir los errores y ponerles remedio a tiempo. Eso es lo único importante al fin y al cabo.
Bueno, me voy corriendo, que hoy me espera el meta teatro.
Buen finde a todos.

martes, junio 26, 2007

El tiempo de Mamá Vaca


Esta semana ha sido algo visionaria. Yo, que soy una vaca que corre a toda leche por los mares del Norte y del Sur, no me había detenido ni un segundo a pastar y pensar en cómo se pasa la vida. El sol se pone demasiado deprisa y a mí no me da tiempo a nada. Y hablando de soles. El jueves pasado nos invitaron a Pececilla y a mí a recitarle al sol. Estoy acostumbrada a esa imagen del toro cantándole a la luna, pero era la primera vez que una vaca y un pez le cantaban al sol. España Solar, toma ya, y su apoyo a las energías renovables. Y allí nosotras dos, frente a un público muy numeroso que nos escuchaba (ya sabemos que esperaban la actuación de María Pagés, después de la nuestra, pero bueno, no es malo soñar). La cita fue en el Paraninfo Universitario de la Complu, mi Complu, a la que he adorado durtante los cinco años de mi carrera. Si llego a saber que la iba a echar tanto de menos, repito sin parar o me hago los 5000 lisos en carreras.
En fin...
Y al día siguiente otro recital, más numerosos, con muchos amigos poetas en el Ateneo de Madrid. Fue breve pero intenso y a mí me dieron de nuevo los 7 males recitando un poema erótico. Mira que es difícil recitar un poema erótico. Pero como es mi reto para este año, seguro que conseguiré recitarlo como me gustaría. Mientras, aprovecharé cualquier ocasión para practicar. Pobre público mío, que me hace de conejito de indias.
Otro en fin...
Pues, había empezado este rollo hablando del paso del tiempo y esto tiene que ver con Mamá Vaca. Os cuento.
La semana pasada la invitaron a un entierro de un primo hermano al que no veía desde hacía 35 años.
- ¿35? mamá, y ¿para qué vas al entierro de alguien a quien no has visto en tanto tiempo?
- Hombre, hija, hay que apoyar a la familia en estas situaciones.
- Ya, pero tampoco veías a la familia desde entonces.
- ¡Mira que eres descastá! la familia es la familia.
- Ala, Doña Corleone.
Y después de una conversación constructiva sobre la sangre, llegó lo bueno.
- Bueno mamá, y ¿qué te pusiste para la ocasión?
- Pues fui muy mona, con una falda cremita y una camiseta muy mona haciendo juego.
- ¿Fuiste de claro a un entierro? - le pregunté extrañada.
- Mira que eres antigua, el negro ya no se lleva en los entierros. Claro como tú nunca vas a ninguno, no entiendes de moda funeraria.
- Ya mamá, me parece raro.
- Eso sí, esta vez no fui a la peluquería, tu padre dice que estoy más mona cuando me peino yo, que la peluquera me deja un poco paletilla. Yo me doy un aire más juvenil.

Y aquí comenzó todo.
- Hija, qué fuerte, qué impresión me dio el entierro.
Yo pensaba que se acordaría de su primo y esas cosas, pero no iban los tiros por allí.
- Pues resulta - continúa Mamá Vaca - que me encontré con mis primos y estaban viejísimos. ¡Qué primos tan mayores tengo!
- Hombre mamá, que son de tu edad.
- Sí, pero están muy viejos.
- Pues como tú, han pasado los mismos años para todos. Pues ellos pensarán lo mismo de ti.
- De eso nada, que yo no me veo tan mayor, ellos son ancianitos y yo me veo monísima. Estoy igual que siempre. Nadie me echa la edad que tengo, las cosas como son, que yo me visto muy juvenil.
- Sí, pero los años son los años.
- Ay, qué leche, con lo guapísima que he sido yo, que me confundían con Liz Taylor por la calle.
- Sí, mamá, pero ella también está mayor. Así es la vida.
Después de colgar, me dio un arrebato y me fui a ver mis fotos de hace diez años. Horrorrrrr. Yo también envejezco. No es posible. He decidido ver a todo el mundo con frecuencia para que no les de un shock al verme con el paso de los años. Qué depre. Qué poco tiempo tengo. ¿Por qué el sol se pone tan deprisa?
Me voy a limpiar, que la fregona me desestresa.

lunes, junio 11, 2007

Una vaca interplanetaria


Este fin de semana ha sido algo interplanetario. Con mi botella de oxígeno he viajado de Planeta en Planeta visitando a amigos y gente que me gusta encontrar. No hay nada mejor que el buen rollo con el mundo.
Mi primera parada fue el viernes. Si la Fiesta de El Mundo fue divertida e ingeniosa, la de Planeta fue tierna y amistosa. Allí nos fuimos las tres mosqueteras con Pez Charly a la terraza de un edificio que me trasladó a las fiestas de mi querido periodo italiano. Nada más llegar me llevé la sorpresa del reencuentro con mi querido amigo Pez Pote con el que recordé los principios de su editorial (una de las más interesantes del panorama nacional). Nos reímos mucho con él. Sigue teniendo el mismo ingenio y sentido del humor de siempre. También volví a coincidir con algunos invitados de la otra fiesta: Pez Woody, Pez Mauri, Pez Uli, Pez Urru. Desde la terraza se veía la noche madrileña sobre el Paseo de Recoletos. Yo era feliz saludando a amigos y conversando frivolidades, viendo cómo Pez Ale disfrutaba de todo y Pececilla y yo nos mirábamos con complicidad. Calamar, que siempre va con un tintero en el bosillo para escribirlo todo, me alegró con su entusiamo por la nueva publicación de mi nuevo poemario La prisión delicada en Calambur. No puedo más de impaciencia. Esta semana quizás me hagan una ecografía de la portada. Es maravillloso ver cómo mis amigos literatos y no literatos me están dando todo su cariño y apoyo con mi segundo libro. Pero en fin, a lo que iba.
El sábado también cogí mi submarino y me fui a la fiesta de cumpleaños de mi amigo Pez Lomás. Como siempre, disfruté de la gracia con la voz y la música de todos los amigos. Hubo un momento tan simbiótico cantando que hubo una pareja que aplaudió desde abajo y Pez Lomás les invitó a subir. La pareja se integró como si fueran amigos de toda la vida. En su casa cabe todo el mundo, como en la mía. No se hacen guetos.
El domingo, a otro planeta con mis queridas amigas poetas. Cinco poetas y Pez Pura, que nos arropa siempre con su cariño, comiendo y hablando de la imaginación. Faltaba Pez Mestre con el acordeón para ponernos música. Otro día.
Y después, corriendo a casa de los padres de Pez Fugu, a ver a la pequeña Pez Dafne y Pez Mica. El resto de la tarde lo pasé en familia, jugando con Pez Mica a pintar hormigas y haciéndole aprenderse mi nombre. Hubo un momento que casi me convierto en buscadora de oro, limpiando los cantos rodados de un caminito en el jardín. Era una imagen tan tierna ver a Pez Albita y Pez Rosmarina (mamá y Abuela) sentaditas en el escalón concentradas en limpiar las piedras de hojas, con una serenidad Zen. Lo intenté, pero mi impaciencia y las hormigas hicieron que me fuera a jugar con Pez Mica, que me divierte mucho con su gracia. Mientras, Pez Fugu se balanceaba explicándome las particularidades de la escritura coreana. Pez Fugu es genial, me encanta conversar con él.
Y esta mañana me la he tomado con calma porque me espera una semana muy social. Esta tarde empiezo con Pez Fiori, que ofrece una lectura sobre José Hernández en La Biblioteca Nacional a las 19.00 y no me la pienso perder.
Y ahora, con la sonrisa que se me pone cuando cuento estas cosas, me voy, que tengo que enharinar unos gallos.

miércoles, junio 06, 2007

Poesía a lo Carrie Bradshaw


No hay nada mejor que irse de viaje con una amiga y mejor aún que esa amiga sea mi Pececilla y que el viaje sea la presentación de su libro Un mal ácido en Málaga. Pues sí, me fui con ella el fin de semana pasado, cogí un avión y me planté allí a darle la bienvenida y a ser la más Fan. Vamos que la madre de la Pantoja se queda corta. Eso sí, nos faltó nuestra querida Ale, nuestra tercera mosquetera, pero ya lo hemos arreglado para el próximo viaje a León.
Llegué antes que ella porque a Pececilla le dan miedo los aviones. Pero, si habría ido yo con ella, una experta en riesgo y protección aérea. No si ya dicen que en casa de herrero, cuchillo de palo. Y para palo, el de mi Visa, que estaba más veraniega que el pronóstico del tiempo que se esperaba para Málaga. No es que hiciera frío, pero mi termómetro corporal me exigía la rebeca cada dos por tres. El caso es que con la excusa de que me había dejado la chaqueta en la maleta y ésta estaba en el hotel, aprovechamos para darnos un homenaje por la calle Larios al día siguiente del recital por aquello de que Pececilla y yo conjugamos poesía y frivolidad a lo Carrie Bradshaw. Pero eso sí, mientras recitamos estamos a lo que estamos. Y Pececilla estuvo brillante, no sólo por la presentación que hizo de su libro sino por el recital de sus poemas. Y no era para menos, estaba en la Fundación Generación del 27 delante de su familia malagueña que completó la sala. Ay, mi niña, qué bien lo hace - pensaba yo, como si fuera su Agente literaria.
Fue una noche maravillosa, pese a los nervios de Pececilla por complacer a todos los asistentes. Después nos fuimos a lo que tocaba estando en Málaga; a comer pescaíto con la familia Quílez. Lo mejor, conocer a su prima Pez Tere y a su marido Pez Lolo (las gracias gaditanas). Desde el primer momento que nos vimos nos ahogamos en pacharán y carcajadas. Así llegamos al recital... , aunque nadie lo notó. Pez Yashmina, la hermana pequeña, fue otro acierto, tan involucrada con la escritura que me preguntó por mi trabajo. Le dije que no estaba segura de si podía leerme, ya que tiene 14 años y me respondió, con esa gracia que tiene, que los libros estaban para ser leídos y que siempre tienen algo que enseñar. Pediré permiso a Pececilla.
Después de cenar nos fuimos a tomar una copa con Pez Lolo y Pez Tere y nos tronchamos de risa con el camarero argentino. Pez Tere haciendo de las suyas y Pez Lolo, que se sentía el Malahà de Capotala entre nosotras, protegiéndonos del flirteo. A su harén no lo toca nadie. Se pasó la noche haciéndonos fotos como un japo. Tan mono...
Y el sábado, momento frívolo en la calle Larios y Pececilla instándome a que me comprara todos los vestidos de la tienda. Y caí en un par. En fin, tendré que amortizarlos. Más tarde habíamos quedado con Pez Metáfora (María Eloy), que fue una gran sorpresa. Aparecimos en la Feria del libro cargadas hasta los dientes con bolsas de nuestras compras. Anda que... menuda imagen de poetas. Pez Metáfora es una mujer que atrapa con su discurso sobre la vida y la poesía. Acaba de sacar su nuevo libro Cuánto dura cuanto y os lo recomiendo. Después nos fuimos a comer más pescaíto con ella y nos aturdimos con el rebujito que nos recomendó. Y siguiendo con las jornadas poético-frivolo-culinarias, nos fuimos a casa de la mamá de Pececilla a comernos con ella las mejores alitas de pollo del mundo y probé los caracolessss. Ay, madre, si Mamá Vaca se enterara de que la he traicionado con los suyos.
En fin, que me he enrollado, pero es que no podía dejar en blanco mi aventura con Pececilla.
Ala, regreso a mi tumbona, que el sol se me escapa para comer y suele ser muy puntual, parece un sol funcionario.



sábado, mayo 26, 2007

El Mundo es un pañuelo


Allí me colé y en su fiesta me planté, vino para todos y algo de comer. Lalalalalala.....

Pues sí, Pececilla y yo no pudimos ponernos nuestras mejores galas porque el prisionero se equivocó de nuevo y ya hace muchos años que por mayo era por mayo cuando no hace la calor. Menudo romance el de ir a una fiesta con estas lluvias. En fin, que yo lo arreglo pronto: falda, botas de tacón de aguja que me tienen hoy coja perdida y jersey. Y me quedo tan pancha. Total, ya está la hermana gemela de Peter Pan allí para acaparar la atención (tan mona ella).
Al principio, como es habitual en mi personalidad de zampabollos, lo único que me interesa es el flirteo con los camareros para que no pasen de largo sus bandejas de canapés. El catering demasiado monótono con el minibocadito de queso con membrillo envuelto en un papel que no se come. Lástima. Después, cuando ya he saciado mi gula y me he bebido un par de copas de vino del Penedés, ya empieza a despertarse mi sociabilidad. El puntillo que me da el vino me pone voz de pija. No sé por qué. No es que lo diga yo. Pez jutequero fue el espejo en el que me miré toda la noche. Ay, qué gracioso, me sacó mi lado más tontaina, pero me lo pasé genial contándole mis historietas. Si pez Silvi hubiera estado allí me habría servido de recordatorio "cuenta ésta, cuenta aquélla en que tú...., ésta otra". Me troncho con Pez Silvi. Hacemos un buen dúo de payasa con compinche, sólo nos falta pasar la gorra. ¿Por qué no habré alquilado un mono para esta fiesta?
Como decía, Pez Jutequero fue todo un hallazgo porque, como muchos sabréis, no me gusta hablar de literatura en las fiestas, me encanta frivolizar y parodiarme a mí misma, hablar de las coñas de la vida, reírme y descargar toda la tensión que me produce el proceso creativo, sobre todo si estoy engorrinada con uno de mis personajes, que ya me está cogiendo manía y me va a mandar al pairo y me va a dejar colgada con el final. Nada, que para eso están la fiestas, para hacer el ganso.
El encuentro con Pez Mauri fue un choque de risas e ironías, vestido con su chaqueta de cuero, insistía en que hay que irse a Río. Pues sí, Pez Mauri, llevo años yendo y viniendo de Río a mi Foro o a mi desaforo, que ya no sé que es este Madrid de mi vida. El caso es que el pobre tenía una barbacoa, que supongo sería de churrasco porque no creo que llegara a la carne en su punto.
Y para punto el de la pareja de luna lunera de miel mielera que formaban Pez Reina y Pez Fran, tan bellos, tan elegantes, tan enamorados y tan cómplices. Me encantan, me han enamorado con ese puntillo gracioso, irónico, fashion-vip y sensible que sólo tienen ellos. No sé, no puedo evitar hablar de lo bello.
Bueno, bueno, esperad porque me falta hablar de Pez Woody. Es total, le falta dejarse el pelo más largo y despeinarse con un secador de 2000 w. Es genial, todo un descubrimiento con el que tenemos una cena la semana que viene Pececilla, Pez Design y yo para ver la sesión de fotos de nuestro último recital conjunto. Pez Woody insiste en que soy la poeta de la fotogenia. Prefiero quedarme con lo de genia si no le importa, que mola más. Pez Design también fue un hallazgo, vive en una isla de Vigo y también está enamorado del castillo que Pez Mijose tiene en Miraflores. Ay, que este Mundo es un pañuelo donde todos nos sonamos los mismos mocos.
Y seguro que me dejo a alguien fuera del pañuelo, pero es que me acatarré y no he podido ir a la Feria del libro a ver a mi Pececilla que estará tan mojada como la Leti el día de su boda. Y es que mi princesita no puede ser más afortunada de que su libro tenga tan buen agüero. La semana que viene nos vamos a presentarlo a Málaga, pero eso es otra historia que ya contaré.

Y me voy, que se me pasa la pasta y me da mucha rabia. Y como yo me lo guiso y yo me lo como, pues eso.

martes, mayo 22, 2007

La vida de otros



Acabo de terminar de ver mi serie favorita de esta temporada Six Feet Under. Muchos pensaréis que ya hace tiempo que se acabó, pero es que como sólo veo tres canales de tv, tengo que esperar a que mi Hadita Buena me las pase en DVD.
Durante todo el tiempo que me sobraba de mis millones de cosas que hacer, y que hago a medias, he estado viviendo la vida de la familia Fisher. Yo no salgo en la serie, los espectadores no salimos, pero he estado en su vida de alguna manera. Desde el principio me he ido involucrando en la historia como si fuera parte de esta siniestra familia. Me he reído, he llorado, me he enfadado e incluso he opinado en las discusiones familiares. A veces, me he enamorado de Nate (es un cañón), de David (aunque sea gay, no tiene nada que ver. Total...) y otras de Billy (que está como una cabra, pero me engancha). Brenda me encanta, pero es demasiado intensa y Claire, Claire es mi favorita. Federico me cae fatal, era evidente, es un egoísta. Y Ruth es un amor. Con los demás he tenido mis flirteos, mis simpatías y mis antipatías. Todo como la vida misma, según la época y mi estado anímico. Algunos pensaréis que debería hacérmelo mirar, que se me va la cabeza con la ficción. Pues sí, ¿por qué no? ¿no se les va a medio mundo la cabeza con la vida de un personaje del que no sabemos su existencia y encima mantiene viva su leyenda y va evolucionando con excelentes estrategias de marketing? Pues eso, que a unos les da por los iconos religiosos y a mí por las series americanas. Qué le vamos a hacer, igual es verdad que soy una friky, tal y como le ha dado por denominarme a Papá Toro últimamente.
Hada buena me había anunciado que el final de la serie era muy bueno. Se quedó corta. Es genial, genial, aunque he llorado a moco tendido, que es lo único que logro tender en estos días (dejo la lavadora con la ropa mojada un día más de cuando ha acabado el programa. Me cuesta, me cuesta esto de "mis labores").
Lo de la vida de otros tendrá un porqué, no lo niego, como si no tuviera suficiente con vivir la mía, que ya es intensa. Esto me viene de lejos. Todo empezó con Verano azul, Falcon Crest, Dallas, Los Colby, Bonanza (sigo viéndola en uno de mis 3 canales) pasando por las de mi época menos coherente de enganche serial: Friends y Sex and the City. Con Los Soprano no me pasó (quién sabe por qué).
Recuerdo la adicción que me produjo Friends en su día (no hace tanto), hasta el punto que lo trasladé a mi vida personal y al grupo de amigos. Yo estaba enamorada (como no) de Ross pero mi amigo Pez Nemo me decía que me parecía a Mónica Geller (hermana de Ross y una adorable histérica competitiva sin competencia) por lo tanto no podía estar enamorada de mi hermano sino de Chandler (un soso), pero como a mí no me gustaba decidí que yo era Rachel (que por aquel entonces en la vida real estaba con Brat Pitt. No soy tonta). Mi amigo Pez Nemo, quizás para fastidiarme, me dijo que en todo caso sería Phibi y en cierto modo tenía razón (canto peor que ella y se me ocurren las mismas excentricidades, salvo la de ser rubia). En fin, que casi me voy a vivir a la casa vecina de mi amigo Pez Nemo para recrear el ambiente Friends. Pero todo se truncó cuando acabó la serie y nos enganchamos a Sex in the city.
Con Sex and the city comenzó una nueva era para mí. Sin duda decidí que Carrie Bradshaw y yo éramos iguales. Las dos escritoras y obsesionadas con psico-analizar las relaciones sentimento-sexuales e interesadas por la moda y Manolo Blanik (aunque no consigo comprarme sus sandalias). Y otra vez Pez Nemo empeñado en que yo sea otra: Charlotte (cursi, repipi y monjil. Pero monísima).
Y ahora que se me ha acabado la vida de otros me encuentro vacía, no sé por qué. Quizás me dé por espiar a mis vecinos, aunque es difícil, no tengo patio, que da más juego y donde vivo no se ve ni un alma paseando (bueno sí, pero van en sus deportivos y sus 4X4 y presiento que el tema no me da nada más que para ver cómo llevan y traen a sus nenes al cole. Eso sí, todas rubias de bote y con gafas a lo V. Beckam). En fin. Que le pediré a mi Hada buena que me pase House o lo que sea, si no, me va a dar una crisis existencial. O esto o me tocará tragarme un culebrón de mediodía. Y de ahí al psiquiátrico con acento venezolano. Qué dramón.

martes, mayo 08, 2007

Mamá Vaca cumple años


Hoy es el cumpleaños de Mamá Vaca, el día más importante de mi vida, sin dudarlo, porque de no ser por ese día en ese año a esa hora en esa cama de la casa de mi abuela, yo no estaría escribiendo que es el día más importante de mi vida. Gracias a todos los eslabones que participaron en la cadena que me ha hecho ser y estar aún en este mundo. También gracias a mi padre y a toda la cadena que lo han sostenido, como a un reloj de bolsillo que siempre está en hora, porque son ellos los que apretaron el botón del mi cronómetro y el de hermana Gaviota (gracias a los dos también por esto). Tengo tantas cosas que agradecerle al mundo que un blog se me hace tan insignificante, tan minúsculo, tan poco útil... .
Pero a lo que iba, que se me trastoca la melancolía. Mamá Vaca ha pasado el día, su día, comprándonos regalos, porque a ella le hace más feliz regalar que recibir. Ahora está pasando una temporada en Fuengi, nuestra segunda casa. Allí donde sabe que somos más nosotros porque estamos más juntos. Y allí nos espera este finde para celebrarlo a Gaviota y a mí, que nos pondremos moradas a pescaíto.
Hoy me ha llamado con la gracia aún más joven que nunca. Eran las tres de la tarde y la he regañado por anticiparse a mi felicitación. "Ay, hija mía, es que me faltaba algo para seguir el día y he querido escucharte. La vida, cómo pasa la vida" - me ha dicho. Uy.... que la veo triste y le he dicho que ya teníamos su regalo.
-- ¿qué es?
--Ah, no te lo digo.
--¿Por qué? si es mi cumpleaños.
-- Porque es una sorpresa y te lo damos el sábado.
-- Pero si yo siempre te digo las sorpresas.
-- Tú, porque no tienes remedio.
-- Pues si no me lo dices no te digo qué te he comprado.
-- ¿Qué me has comprado?
-- Es una sorpresa.
-- Venga, dime qué es.
-- Es una sopresa pero te lo voy a decir: un bikini monísimo para cuando vengas.
-- Ves cómo no puedes evitarlo.
-- Ya se me ha escapado. Es que me lo sacas todo, eres una experta.
-- Pero si no he hecho nada.
Y después de insistir un rato ha cambiado de tema para contarme que se ha colado en una promoción y ha liado a todos los representantes para que le regalen una paletilla de jamón y un viaje a Londres. No quiero imaginarme qué les habrá contado para liarlos.
No tiene remedio, es como una niña traviesa que siempre se ríe sin saber de qué porque no le hace falta.
Gracias Mamá vaca por haber nacido.

martes, abril 24, 2007

El adjetivo de la vida


Últimamente me ha dado por pensar en las cosas que merecen la pena de la vida y las que no. La vida no es tan complicada me dice siempre Mamá Vaca. Hay que tomárselo todo con humor. -Entonces, Mamá Vaca, ¿en qué quedamos? ¿me la tomo en serio o con humor? y por cierto, ¿qué es tomarse la vida en serio? ¿qué es serio?
Y Mamá Vaca me mira y me dice:
- Ay, hija mía, hacerse tantas preguntas es tomarse la vida en serio.
- Ah, vale, me callo.
Y una de las cosas que merece la pena, entre muchas, es una historia en la que nos hemos envuelto unos cuantos amigos. Podéis encontrar la historia aquí (un blog) y leer la cadena de comentarios. Todo comenzó con Gaviota que vino de Berlín y quería ver a Hada Buena y otros amigos pero también quería ver a Julio Espino, así es que los reunimos a todos en la Tetería de la abuela. Hada buena y Julio Espino no se conocían y les presenté. ¿Y cómo no iba a decir que Julio es poeta y acababa de publicar otro libro? Entonces un señor, al escuchar la palabra poeta se acercó a preguntar. Y de ahí comienza la historia a la que me refería antes y que podéis leer en su blog.
Y otra cosa que merece la pena es tropezar porque donde hay tropiezo hay herida y donde hay herida hay vida. Claro que sería mucho más fácil caminar con una asfaltadora alisándonos el camino. Yo, que tuve que aprender 2 veces a caminar sé qué significado tiene dejar de hacerlo, aprender de nuevo y tener conciencia de que la vida me dio la posibilidad de caminar pero también me la puede quitar. De la primera vez que aprendí a caminar no me acuerdo, pero sí de la segunda. No había nada más importante en mi vida que dar dos pasos seguidos sin dolor, ducharme de pie, subir las escaleras, sentarme de rodillas, ponerme en cuclillas, doblar las piernas, etc... Pero lo más importante de todo esto, ahora que camino y hago todas esas cosas, ha sido la toma de conciencia y el aprendizaje tras la caída. De no haber sido por esto no sé quién sería ahora. Todo esto viene a cuento por alguien que se ha caído y está magullada y dolorida. Yo no sé qué hacer para ayudarla porque por mucho que intente curar su herida con un algodón lleno de mercromina no se le va a quitar el dolor. Pero sí puedo decirle que al fin y al cabo esta herida no tiene mayor importancia, es ley de vida, la sangre se secará, le saldrá una costrita y se caerá en unos días y esa herida no será nunca un estigma, es sólo una pequeña caída en el trapecio de la vida. Tómatelo con humor, como dice Mamá Vaca, que es muy sabia, y piensa que tiene su punto de gracia si le quitas la gravedad de la mano que te hizo caer (que es la que amputaría). Te diría tantas cosas para que entendieras que la vida tiene su propia importancia y no la que nosotros le damos. Y una de las importancias de la vida es a la que se refiere Pez Espino, el poeta (véase blog antes aludido). Y otra de las importancias son adjetivales al puro estilo de Huidobro que decía que el adjetivo cuando no embellece, mata. Así es también la vida, un puro adjetivo.

lunes, abril 09, 2007

Gaviota y los gladiadores


Gaviota acaba de coger el avión para Berlín y en el cielo hay lágrimas de lluvia. Hemos pasado la semana santa como manda la tradición: tumbadas en el sofá con Papá Toro y Mamá vaca viendo películas biblicas como las cuentas de un rosario televisivo. En Málaga hacía frío y las mantitas nos daban la intimidad de la familia. Nos hemos comido todos los pescaítos de la Costa del Sol, que era la costa del frío y del viento. Y a Mamá vaca le ha dado por el marisco, no ha parado de cocinar gambas a la plancha y langostinos, almejas, conchas finas, coquinas, y un largo etcétera. Y las cenas en Casa Juan en La Carihuela, el Filemón y La Carihuela chica. Se nos puso cara de fritanga y nos la llevamos al avión.
Ayer regresamos a la gran urbe, en un vuelo corto y entretenido. Gaviota y yo nos sentamos en asientos separados, pero fue un vuelo muy gratificante; a mi lado estaban sentados dos peces encantadores que se interesaron por mi escritura china, uno era pez Gallo y el otro Pez Cumplido. Ambos me hicieron el vuelo más agradable. Pez Cumplido me quitó unos cuantos años de encima y me ofreció su lado más sensible al diferenciar a los poetas de los políticos y pez Gallo nos recordó una frase de Ortega y Gasset que decía que el mundo debería estar en manos de los hombres de letras y de los intelectuales. Ay, Dios mío, pensé yo, qué sería de nosotros si así fuera. Pero lo mejor de todo fue su carisma, su sencillez y su sentido del humor irónico. Es fantástico descubrir estas cualidades en alguien a quien imaginas más hermético y un poco aburrido de dar la cara en su profesión, con el rictus algo cansado de hablar de lo mismo (eso pensé al conocer a Pez Ámbar; el rey del carisma) y de que todos le pregunten si ya ha encontrado el tesoro. Cuando era pequeña imaginaba que los hombres de traje y corbata no bailaban. Qué estupidez, pienso ahora, pero lo pensaba y de vez en cuando se me ocurren estas cosas tontas (sigo siendo algo naïve) y no lo puedo evitar. Será que sufro de hipermegaimagination.
Y al llegar a Madrid tuve otra agradable sorpresa y otro descubrimiento: Pez Martina, que rima con Argentina, su tierra. Nos juntamos algunos de lo peces del acuario poético: Pez Espino, Pez Fiorilli, Pez Ávila, Pez Martina, Gaviota y la Vaca Marina (yo). Al ver a Pez Martina sentí como si fuera antes. Me recordaba a una vieja amiga de la que no recuerdo el nombre y me salen chispas de forzar el motor de mi cerebro. No lo logro, pero.... estoy en ello. Sí, al verla sentí como si fuera antes y cuando me despedí de ella sentí como si aún nos quedara mucho después.
En fin....