viernes, agosto 24, 2007

La Familia tribulete en las Costas del Mar Báltico

Estoy casi al final de mis vacaciones en Berlín. Ha pasado casi un mes y parece que fue ayer cuando llegué. Pasé mi cumpleaños aquí. Hacía muchos años que no me alejaba de mi Madrid querido en agosto. Antes, siempre lo celebraba en Italia, mi otra patria, con mi otra familia y echaba de menos a mi familia biológica. Siempre echo de menos a alguien, es inevitable. Esta vez, mi familia ha venido a Berlín y lo hemos celebrado con un viaje por el norte de Alemania y las costas del Mar Báltico. Habría esperado a llegar a Madrid para escribir, pero esta mañana me he encontrado con un mensaje de Nán y no he podido evitar ponerme a escribir más historias de Mamá Vaca y Papá Toro.
Va por ti, Nán.

Pues te contaré, querido Nán, que estos días en Berlín con mi familia no he parado de tomar nota de sus peculiaridades. A veces parece que hago un estudio sobre su comportamiento, pero no puedo evitar observarles y sorprenderme de lo curiosos que son. Alguna vez he comentado que Mamá Vaca es un personaje Almodovariano y no sé si te he dicho que Papá Toro es un personaje de Jean-Pierre Jeunet.
Papá Toro cultiva tréboles de cuatro hojas en su pequeño jardín, que es su mundo. Después los corta y los mete entre las hojas de un libro. Una vez secos, comienza su fase creativa, componiendo mosaicos que después enmarca y nos regala a Gaviota y a mí. También tiene otra afición: su cámara digital. Papá Toro es el reportero del barrio. Se levanta por la mañana y va en busca de la foto del día. Si hay mucha gente en la cola de la panadería, la fotografía para enseñarle a Mamá vaca lo bien que le va el negocio a la panadera. Mamá Vaca se ríe del aspecto turçistico de Papá Toro.
- Ay, hijo, que pareces el japonés del barrio, todo el día con la cámara colgando.
Y es que Papá Toro es todo introversión, Èl no habla con la gente, sólo la fotografía. Todo lo contrario a Mamá vaca, que sale a comprar el pan y llega 4 horas más tarde porque parece la anfitriona de la calle.
Lo mismo ocurre aquí en Berlín. Mamá Vaca sale a la calle y llega 4 horas m·s tarde porque ha conocido a una madrileña que trabaja en H&M, donde se pasa el día comprando camisetas para sus hijas. También conoce al chino al que le compra la leche, al de la Bono loto (es su hobby favorito y siempre le toca), a la chica alemana del locutorio (a la que ya ha invitado a Madrid), al de los pollos asados, que cree que es italiano, pero es turco. Qué més le da de dónde sean, si habla con ellos por señas. Se ha hecho amiga de un camarero colombiano que trabaja en un restaurante griego y le cuenta su culebrón de inmigrante en Alemania.
- Hija, mía, así me distraigo un poco con el chico. El pobre tiene la madre tan lejos que conmigo se desahoga.
En fin, que es todo un show con patas. Estuvimos en Luneburg, me compró unas tazas japonesas para el té en una tienda de antigüedades y la dependienta le regaló 3 collares. ¿Cómo lo hace? Ni idea. Vamos a un mercadillo en Postdam y consigue rebajarle la mitad del precio de una tetera que le vendían a Pez Tantán. ¿Cómo es capaz de regatearle a los turcos por señas? Ni idea. Es la reina del regateo.
Y mientras Mamá vaca va de tienda en tienda haciéndose amiga de turcos, colombianos, chinos, alemanes y españoles, Papá Toro la espera en casa viendo la tele embobado o leyendo periódicos alemanes. Y te preguntarás, querido Nán, si mi padre habla alemán. Pues no. Ni una palabra. Después de varios días observándole mirar la tele como un autista, me decido a preguntarle por qué ve la tele si no la entiende.
- Sí la entiendo – me responde pasando de mí.
- Pero si no hablas alemán. A ver, dime de que va la peli o de qué hablan en el telediario.
Y va mi padre y me hace un resumen de las noticias y me cuenta lo que está pasando, o me dice de qué va la peli. Lo mejor de todo es que es verdad. Lo entiende. Y si no, hace una interpretación al modo suo que es todo creatividad.
- Papá, eres un extraterrestre. Siempre lo pensé.
- Pues vosotras, tantos años estudiando idiomas y mira, todo es mucho más sencillo. No hace falta tanto rollo para comprender de qué va el mundo. En todos los rincones pasa lo mismo. Siempre los mismos problemas y las mismas cosas. Pero claro, como en esta familia no se para de hablar, se os escapan los detalles.
Papá Toro, además de ser un extraterrestre es un monje Zen que observa el mundo calladito y cultiva tréboles en su pequeño jardín. Fue gracioso cuando llegamos con el coche a la isla de Fehrman (el punto que une Alemania con Dinamarca), nos bajamos del coche y caminamos por la reserva natural de patos emigrantes. Papá, con cara de poca sorpresa me dice.
- ¿Y tanto viaje para ver el mismo paisaje que hay en mi pueblo?
Mamá Vaca no paraba de reírse viendo su cara.
- Pero, hijo, que estamos en el fin del mundo, ¿no lo ves? Mira qué paisaje tan bonito, se parece a los Picos de Europa. Anda, japonesito, hazme unas fotos con mis niñas para enseñárselas a los amigos.
- Pues eso, ya lo decía yo. Anda, poneos junto al cartel ese alemán, que si no parece que nos hemos ido de vacaciones a Las Alpujarras.
Y Gaviota, intentando hacerle ver lo especial de la zona, le dice que muchos alemanes van allÌ para ver a los patos que emigran de Dinamarca. Y a esta explicación Mamá vaca responde:
- Y a mí qué me importan los patos de Dinamarca. Si son patos. ¿O es que dicen cuak cuak de otra manera? Mira que son raros estos alemanes.
En fin, que tengo miles de historias que contar, pero la mejor la dejo para el próximo post, aún sigo riéndome cuando me acuerdo de lo que nos ocurrió en Kiel. Y ahora te dejo, que tengo que ordenar la casa. Hoy viene Pez Espino a pasar unos días. Y después nos iremos juntos a Jordania. Espero que nos veamos después en la Tetería y nos contemos cosas.
Abracísimos, querido Nán.




4 comentarios:

nán dijo...

He tardado lo mío en comentar, porque esta historia me ha dejado patidifuso (por no decir estrambótico). Tienes mucha suerte de estar en presencia de dos personas que son esencia de dos modos puros de ser.

La sorpresa, además de porque me dedicaras con tanto cariño la entrada, que ya fue de las buenas, es que la primera vez que lo leí iba pensando, "¡pero si este hombre es un monje zen!", y de pronto, casi hacia el final, te leo "además de ser un extraterrestre es un monje Zen". O sea, que lo es.

La conjunción, por suerte no planetaria sino humana, algo especial tenía que dar, por ejemplo tú, poeta de nombre no prestado sino "arrebatado justamente", y estas crónicas con las que primero me río tranquilamente y con ganas, pero luego las voy pensando, se me quita el estrambotismo, me doy cuenta de lo que esas historias me enseñan y hasta pierdo un poco del patidifusismo.

Vuelve cuando toque y escribe.

Abracísimos a todos.

Lucia Fraga dijo...

Hola Betty Russo, soy Lucía fraga. Me ha encantado tu Blog! Ya puedes visitar el mío www.luciafraga.blogspot.com
Un gran abrazo, belleza!!!

Beatriz Russo dijo...

Hola Lucía,
qué alegría verte por aquí. Visitaré tu blog.
Besiños

Sonia dijo...

Ay ay... que bien llegar y ponerme al dia de los post!!!
Que sepas que ni a tu blog ni a el mío he podido entar desde China (al de Nan a veces).
MUAC y te veo a la vuelta de Jordania!!!!

Ya echaba yo de menos las correrías de mamá vaca y papá toro