jueves, agosto 17, 2006

La construcción de Dulcinea


Mi amiga la choupa dice en su blog que tiene una buena amiga enamorada del amor. En un principio quise dejarle un comentario, pero al final casi me sale un pseudo ensayo enmarañado e incoherente. Y es que en cuestiones de amor no hay nada que me haga seguir un razonamiento lineal. Los pensamientos se me amontonan a modo de brainstorming y al final no sé ni lo que he dicho es lo que quería decir.
Y puestos a ese brainstorming se me ocurre echarle la culpa a Don Alonso Quijano, precursor, en mi opinión de la novela romántica. El amor o la construcción de Dulcinea. ¿Quién no ha fabricado en alguna ocasión en su vida a una Dulcinea, no a modo del Frankenstein de Shelley, sino a aquella divinidad que parecía recién salida de un barrio mitológico? Quizás me quede yo sola en estos divagueos, no sé. Pero a veces me ocurre que creo ser partícipe de un acontecimiento generacional cuando puede ser que esté completamente sola en la vivencia. Esto me recuerda a cuando era adolescente o casi (siempre fui una niña algo adelantadilla). Recuerdo la primera vez que me "enamorisqueé". Y lo recuerdo a él con 16 años y yo 14. En ese momento aquél chico cantante de un grupo de rumba, con pantalones vaqueros blancos ceñidos, camiseta sin mangas, y pelo a lo "chunguito" era lo más parecido al hombre de mi vida. Lo encontré con 14 años y desde entonces parece que no pasan los años para el embobamiento; sigo encontrándole, no a él, sino a X (incógnita aún sin despejar). El caso es que me pasé dos años enteros esperando una carta suya que no llegó nunca (cual Penélope). Y se hizo verano y volví a la playa y él también. Dos años habían pasado y mi amor por él seguía intacto. Ojalá no me lo hubiera encontrado aquella mañana por la plaza. Ojalá no me hubiera asesinado de un manotazo hernandiano aquel amor de mi pre adolescencia, porque nada más verle se murió como si se hubiera tratado del hechizo de Orfeo y Eurídice. Se murió o se convirtió en aquel muchacho macarra de suburbio cordobés que se volvió loco cuando vio a la princesita vestida de Lacoste. En Shreck pudo resultar que la princesita quisiera transformarse en monstruo para estar con su enamorado. Pero en mi fábula no.
En fin, que la amiga de la Choupa se encuentra algo perdida. Sin referentes la anáfora no tiene sentido, como me imagino que no tiene sentido nada que tenga referentes porque si de algo se puede calificar al amor es de irreferencial. Todos nos vamos fabricando un modelo al que amar y esto da lugar a innumerables psicopatologías debidas a la elección de ese modelo o referente. La amiga de la choupa se hace un lío con los referentes. No tiene muy claro cuál es el que busca. A ella le vale cualquiera porque está enamorada del amor y no importan sus referencias. Ella quiere amar y si no lo encuentra cerca, se lo busca lejos.
El inconveniente de estar enamorada del amor y encontrar a un amor cercano es que tarde o temprano se va a descubrir que no es lo que parecía ser o no es lo que ella imaginó que sería. La ventaja de estar enamorada de alguien físicamente lejano es que no hay forma posible de darle una oportunidad de desenmascaramiento. Y esto me hace recordar a mi grande amore italiano. Durante 6 años amé incondicional y exclusivamente a mi primer amor "verdadero". Y ahora que han pasado tantos años me pregunto si en verdad lo amé a él o a la imagen que tenía de él. Es muy posible que se trate del sengundo término. Afortunadamente no lo he vuelto a ver y no tengo forma de cargarme la imagen idolatrada de príncipe italiano que tengo de él y de aquellos años de enamoramiento pasional de a vida o a muerte.
Y la Choupa concluye:
"Pero de nuevo el método tiene una trampa, el remolino se centra alrededor de la búsqueda de sorpresas y cuando uno dedica su vida a buscar sorpresas, deja de sorprenderte que ocurran"

Y quizás tenga razón y esto me recuerda de nuevo a la mitología. La amiga de la Choupa ha sido condenada, como lo fueron otros mitos clásicos (Tántalo o Sísifo) a la insatisfación perpetua. Algo parecido a lo que le ocurrió a Orfeo con Eurídice. A ella le ocurre que el enamorado se le convierte en estatua de sal en cuanto lo mira. Quizás por eso no quiera mirarle de frente y prefiera quedarse con la imagen que guarda de él en la distancia, sin posibilidad de que una mirada descuidada o de impaciencia lo desaparezca. Al fin y al cabo amar es lo que cuenta.

¿Qué importa que tú vengas del cielo o del infierno,
¡oh Belleza!, ¡monstruo enorme, espantoso, ingenuo!,
si tus ojos, tu sonrisa, tus pies, me abren la puerta
de un Infinito al que adoro y nunca he conocido?

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Angel o sirena,
¿qué importa, si tú haces -hada de ojos de terciopelo,
ritmo, perfume, fulgor, oh mi única reina-
menos horrible el universo y menos pesados los momentos?

del poema: Himno a la Belleza
Charles Baudelaire



miércoles, agosto 09, 2006

Mis mosqueteras

Pez Ale se fue ayer y Pececilla y la vaca que escribe estamos tristes. Carolina del Norte se la ha llevado por un año y a nosotras nos parece un siglo. Nuestra despedida ha durado casi un mes. Es curioso cómo da de sí un mes y sin embargo, que escaso parece cuando queda tanto por hacer y decir. En este mes, mi vida la han ocupado mis mosqueteras. Nos quedó por montar el campamento de pijamas en mi piscina y la guerra de almohadas. Afortunadamente, Pececilla nos llevó a León y montamos allí nuestro acampada. Bueno, en realidad nos llevó Pez Lanza, que tiene una paciencia inestimable y soportó hacer de chófer de tres amigas que en un ataque infantil de flash back no pararon de cantar durante el viaje canciones de Kiss FM, después nos invitó a cenar en Las Cuevas del Túnel en Valdevimbre y aguantó las casi 24 horas que llevaba sin dormir después de haber recorrido el mundo (Madrid - Beijing - Sidney - Madrid - León). Finalmente su pesadilla acabó al llegar a su casa leonina, que pronto se convirtió en una leonera. Tuvo suerte de poder ir a dormir a un hotel y dejarnos solas.
Al día siguiente las tres mosqueteras hicimos de las nuestras en el cuarto de baño. Qué contentas se habrían puesto las firmas de cosméticos al ver el despliegue de productos que inundaban la casa. Y todo para pasear con Gamoneda, que nos llevó de vinitos por el barrio Húmedo. Gamoneda nos enterneció tanto que se nos caía la baba escuchándole. Sobre todo a Pez Ale, que es tan entusiasta de todo lo que admira. Después acabamos en una siesta que duró hasta la noche donde hubo más vinitos por el barrio Húmedo. Allí pudimos encontrarnos con los capitanes de los buques marinos de todo el mundo y con el gran Timonel. Pasamos unos días fantásticos, riéndonos de todo y de nada, con esa complicidad que da el buen entendimiento y la empatía. Y para empatía la de la vaca que escribe con algunos capitanes: Pez Colmo me mataba de risa desde el primer momento. Tiene una gracia "que no se pué aguantar". Se le nota que es actor y tiene club de fans a las que le envía su foto dedicada
(me debe una, por cierto). Pez Tokyo fue un hallazgo no sólo porque coincidíamos en nuestra adicción a las series de tv, sino porque fue mi extintor non-smoking woman. Me ha mentalizado y voy poco a poco gracias a él. Pez Solera y Pez Longo hicieron un dúo casi matrimonial, ácido y mordaz, que fue la alegría de las sobremesas. A Pez Capiroska lo vi muy poco, pero me hizo mucha ilusión el reencuentro. En fin, que dejo el acuario leonino porque eso es otro capítulo aparte y yo quería hablar de mis mosqueteras para que Pez Ale lo lea desde Los Apalaches y se le caigan unas lagrimillas.
Y ya, con todos los regalos puestos por todas las partes de mi casa y con unos cuantos litros de pacharán más, me preparo para el romance epistolar entre las tres mosqueteras. Menos mal que aún puedo disfrutar de mi Pececilla y de ese amor locuaz de brillo cristalino que se nos pone en los ojos cuando ya casi es madrugada y no queremos irnos a dormir porque se está tan agusto een la terraza de su casa, con las velas que compró Pez Lanza. Y sé que habrá muchas noches como ésa y Pez Ale estará de alguna manera con nosotras porque somos una para todas y todas para una en un juramento hecho con las aletillas sobre la tierra y el cielo.

viernes, julio 28, 2006

La vaca se quita el sombrero

Desde este espacio y con la censura que se me impone, me quito el sombrero frente a quienes aún no han perdido la esperanza en la lucha por lo que les es digno y lícito luchar. Cerca de 1000 empleados de esta compañía están a punto de perder su trabajo, de romper su estabilidad familiar (habrá divorcios, depresiones, niños que pagarán las consecuencias, etc...) y sus ilusiones a causa de una desacarada estrategia empresarial por derribar a una compañía de bandera y dejarnos a todos en la calle. A la vaca que escribe no le afecta tanto, tiene otros recursos. Sin embargo, se me parte el alma ver cómo hay compañeros/as cuya dedicación a la empresa ha sido tal que ya no saben ni tienen opción de hacer otra cosa, porque no olvidemos, que en este país se tiene muy en cuenta la edad laboral con el fin de explotar la inexperiencia para su propio beneficio (ese es otro tema más extenso) En fin, que siento mucho los perjuicios que ha ocasionado este levantamiento, pero el cliente sólo arriesga unos días de vacaciones y los trabajadores tienen mucho que perder. Pero mientras en este país sólo se piense en el propio beneficio sin tener en cuenta la dignidad del trabajador no haremos sino ser cada vez menos humanos. ¡¡¡¡Un poco de comprensión, que se están jugando el pan de sus hijos, el cole y la hipoteca!!!! ¡Taco!

viernes, julio 21, 2006

La vaca y Lactomía

Hay milagros que cuesta creer, incluso cuando el milagro puede parecer sin sentido. Porque, ¿qué sentido tiene que la vaca que escribe considere un milagro que el ritmo se le haya metido en el cuerpo y ya no salga de él? Pues mucho, porque la vaca que escribe siempre se ha quejado de ser amusical, de no tener ni la más mínima noción del sonido, ni del ritmo, ni de la armonía. Y ayer, de la mano de mi amigo Pez Miguelong, que tiene una ONG llena de niños y apoya todas las manifestaciones artísticas en su Local 15, se produjo el milagro de la percusión.
Sinho, uno de los percusionitas del grupo Lactomía de Candeal, me metió el ritmo en el cuerpo con su tántantantán-tantantántan-tantántan, y ahora no sé qué hacer para sacármelo. Él se reía anoche, de camino a su casa, porque Pez Miguelong y yo no parábamos de percutir sobre el salpicadero del coche. Esta mañana me he levantado, he cogido mis palillos para sushi y me he puesto a percutir como una posesa sobre la encimera de la cocina, sobre mi piano, sobre la cama, sobre el sofá. No puedo parar, he vaciado 3 latas de conservas y me he puesto a azotarlas con mis palitos, con el deseo de exorcizar a Sinho, que se me ha metido en el cuerpo (es metáfora). Estoy enloquecida. Como siga así, no va a ver un dios que me saque de la vera de Carlinhos Brown en su próxima concentración. Para entonces ya habré hecho muchos adelantos (si no me ataca la volubilidad que me caracteriza).
Y es que desde hace un par de meses todo me apunta a la música. Primero aparece Pez Eric y me graba un millón de cds para ponerme al día. Después, mi profe Pez Piano y yo sacamos una melodía imaginada por mí y yo me emociono y me creo, además, compositora. Después hago un hechizo a Pez Música para que este verano me de clases de estilo musical. Hace dos días invito a Pez Auri a casa a comer y me regala un cd con un archivo de 8 millones de canciones acotadas por un texto que la implica con sus grupos de música favoritos. ¡Un regalo inestimable por mí, Auri! Y ahora, Pez Miguelong me presenta nada menos que a un percusionista de Carlinhos Brown. ¿No creéis que son demasiadas señales? Ya me veo en Bahía, a ritmo de Samba, insistiéndole al tambor de colón de 20 kilos.
Os dejo, que tengo que repercutir.
Tán-tantan-tán-tantantán-tan-tántan-tan

jueves, julio 13, 2006

El surrealismo a la vuelta de la esquina


A veces ocurre que el surrealismo, tan lejano de la vida cotidiana como se cree, se encuentra a la vuelta de la esquina. La palabra surrealista aparece en el subtítulo de Las tetas de Tiresias (drama surrealista), en junio de 1917, para referirse a la reproducción creativa de un objeto, que lo transforma y enriquece. Como escribe Apollinaire en el prefacio al drama,
Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo... Después de todo, el escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna.
Y hay semanas en que el surrealismo lo ocupa todo. Quizás sea algo subjetivo y no se ajuste a los parámetros definidos por Apollinaire pero lo cierto es que esta última semana me han ocurrido cosas que en reducción al absurdo denomino surrealistas. Para empezar, y refiriéndome a las piernas, Pez Nemo y yo vivimos un momento que si mi buen amigo Pez Barroso hubiera estado allí, habría tomado la situación como inspiración para uno de sus cortos. El domingo, después de la polémica final Italia- Francia, me tuvieron que trasladar al Hospital (los nervios me provocaron un cólico). Coincidía con el cumpleaños de mi amigo Pez Música y tras la cena (olé por Pez Shu) nos fuimos derechos a que me inyectaran una dosis de Buscapina y Nolotil. El chute fue tremendo y salimos Pez Nemo y yo medio somnolientos (él por empatía) hacia el coche. Había dos enfermeras en la puerta fumándose un cigarrillo. Esa noche me quedaba a dormir en casa de Hada Marina, que no me dejó dormir sola. Cuando Pez Nemo aparcó se dio cuenta de que sus sandalias no estaban dentro del coche (tiene la costumbre de conducir descalzo). Las buscamos por los sitios más insospechados y al final decidimos regresar al Hospital (quizás estuvieran debajo de la camilla, en la sala de espera, en la consulta del médico). El coche avanzaba lentamente por el aparcamiento. Las enfermeras se estaban fumando su quinto pitillo y la plaza de aparcamiento estaba ocupada, no por un coche sino por las dos sandalitas perfectamente aparcadas en un lateral. Las enfermeras nos miraban entre bocanadas de humo. Pez Nemo aparcó sigilosamente, sacó sus piececillos del coche, los calzó con las sandalias y las puso a conducir sobre el embrague y el acelerador. Las enfermeras seguían apurando sus cigarrillos en silencio mientras veían cómo los dos tarados del coche se alejaban sintiendose casi culpables de cualquier cosa. Desde entonces me persiguen las sandalias aparcadas. Quizás sean de alguien que no quiere que le vea y se hace invisible. Sé que alguien me espía porque no es normal que junto a mi coche siempre haya una zapatilla sin pie. O quizás sea una señal, la zapatilla que Cristo perdió yo la encontré o quizás sea un ceniciento al que tengo que buscar en mi reino. No lo sé. Me espero cualquier cosa. A lo largo de mi vida me han estado llegando toda clase de presentes anónimos: bombones, ramos de rosas, cartas sin remite, un geranio y una tortilla de patatas y cebolla a la puerta de mi casa, pendientes de oro y ahora sandalias. ¿Qué está ocurriendo?,¿esto es normal?, ¿le ocurre a todo el mundo? No sé.
En fin, lo gracioso es que Pez Nemo ya no se atreve a ponerse sandalias por miedo a llegar a su casa descalzo. Es más, se está planteando no tener novia por temor a marcharse a su casa olvidándola en la mesa de un restaurante. Y lo de tener hijos ni hablamos, a no ser que los saque a pasear con una correa. Si fuera tan fácil olvidarse de los malos recuerdos como se olvidan las sandalias en el aparcamiento del Hospital, la vida sería menos complicada.
Afortunadamente, yo sí me olvido de lo malo y de lo bueno nunca.
Lo bueno fue la presentación de mis amigas mosqueteras (Pez Ale y Pez Ceci) en Amargord. Lo bueno fueron sus voces, su entusiasmo y la complicidad que mantuvimos en todo momento las tres. Lo bueno fue también Pez Paquito, que nos obsequió con una botella de pacharán para que fuéramos más nosotras, las tres poetas amigas que trasnochan junto a una botella de pacharán y hablan hasta el amanecer de lo que se puede y no contar. Éstas son las cosas buenas que hay en mi vida.
Y cambiando de presentación, lo bueno también fue asistir a la presentación del libro de mi amigo Pez Barroso M.A. Antonioni. Técnicamente dolce en la Filmoteca e intercambiar dedicatorias como si nos estuviéramos cambiando cromos. Lo bueno fue conocer a Pez Alas y ver de nuevo a Pez Aute, que siempre me hace reír y sonreír. Todo esto es lo bueno que hay en mi vida.
Y también es bueno saber que Pez Fugu es capaz de interrumpir una tarde familiar por acudir en mi ayuda y hacer que me sienta como en casa visitando a su familia y ver cómo Pez Ámbar limpia ámbar en su jardín para hacerle un colgante a alguien querido. Fue tan tierno verle junto al barreño lavando la pieza y puliéndola con esa delicadeza que sólo alguien como él, pone en todo lo que hace; ver a su madre toda hecha una sonrisa amable que prepara un té de roibós; compartir con Pez Alba y la pequeña Pez Mica la dulzura y el amor de una tarde familiar. Todo esto es lo bueno que hay en mi vida.
Lo bueno de cenar con mi amigo Pez Basi y Pez Maroto (que insiste en quitarme las gafas y operarme los ojos, poeta cirujano) y ver que aunque pasen los años todo sigue siendo igual que siempre, igual en la amistad.
Habría que hacer una revisión a las cosas importantes de la vida y olvidarse de aquello que las eclipsa, quizás prestando más atención a lo bueno que nos rodea, que estoy segura de que es más valioso que las penas. Y cuando nos entre el bajón buscar la belleza. Pez Jimy la otra noche supo cómo hacerlo, me regaló un ejemplar de Brodsky que no tenía y me invitó a entrar en la metabelleza de Pan de lujo donde cenamos bajo luces indirectas y paneles iluminados que cambiaban de color junto a isletas de hierba sobre el agua. Y ahora sé que es posible encontrar la felicidad cuando se aspira a ella.

jueves, julio 06, 2006

Ácido y miel

Queridos míos,
tengo el placer de invitaros al recital de poesía Ácido y miel de dos poetas amigas mías:
Alejandra Aventín Fontana y Cecilia Quílez Lucas
Presentadas por mí, Beatriz Russo, la tercera mosquetera (válgame el ripio)
Será mañana viernes 7 a las 20.30 en:
Ediciones Amargord
C/ Torrecilla del Leal 32
915391650/915278823
club@edicionesamargord.com


lunes, julio 03, 2006

La vaca y el cinema

Del verso a la imagen y de la imagen a la palabra. La simbiosis del gesto y la voz.
Hay un paralelismo agudo entre ver y decir, aunque a veces cueste tanto lo uno como lo otro. Sin embargo, yo, que tengo el placer de tener a Miguel Ángel Barroso como amigo del arte de la palabra, he visto el gesto que trasciende a lo escrito. Él es capaz de adaptar al ojo a un modo de percibir poético. Él también es capaz de servirle de lazarillo al ojo ciego describiéndole lo que está más allá de la conciencia. No me cabe la menor duda de que entre Antonioni y el espectador siempre quedará Miguel Ángel Barroso.

miércoles, junio 28, 2006

La voz y la escritura



Queridos amigos,
tengo el gusto de invitaros a la presentación de la antología de poesía La voz y la escritura publicado por SIAL ediciones y en el que tengo el honor de estar incluida.

Presentación de la antología La voz y la escritura 2006. 80 nuevas propuestas poéticas, auspiciada por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid y el Ateneo de Madrid, publicada por Sial Ediciones, en el Salón de Actos del Ateneo (Calle del Prado, 21, 28014 Madrid. Teléfono: 91 429 74 42).
Intervendrán en el acto:
Antonio González Terol, Director General de Juventud de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid,
Miguel Losada, escritor y coordinador de "Los Viernes de la Cacharrería",
Luis Eduardo Aute, cantautor y poeta, y
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España.
A continuación tendrá lugar un encuentro con los siguientes poetas: Elena Medel, María Eloy, Yolanda Castaño, Pablo Méndez, Gonzalo Escarpa, Carmen Jodra y Annelisa Addolorato.
Nos acompañarán también muchos de los ochenta poetas antologados.

miércoles, junio 14, 2006

Semana de reencuentros


A veces ocurre que en una semana te encuentras a viejos amigos que por alguna circunstancia no has visto en mucho tiempo. Es como si hubiéramos coincidido en el mismo atasco al regreso de un puente festivo. Así me ocurrió que por fin pude encontrarme con mi viejo amigo Pez Iglesias que me hizo una entrevista por la radio y nos pudimos poner al día de camino a casa. Me alegró ver que seguía con ese entusiasmo tan gratificante que no todo el mundo siente por el trabajo. Y me hizo reflexionar sobre mi futuro laboral. Una vaca que ha llegado casi al ecuador de su vida no debería seguir pastando en los mismos campos de la desidia. Volar no necesarimente implica un viaje. Yo vuelo desde mi silla. Pero la cordura no es suficiente. ¿Qué más me tiene que ocurrir para que me decida? Pez Ale sigue empeñada en que regrese a la lingüística, incluso utiliza mis poemas en sus clases de Literatura Hispanoamericana. Pez Ale también es poeta pero aún no lo sabe; yo creo en ella y alguna vez veréis su nombre impreso en un poemario escrito desde la inteligencia. En la Feria del libro también me encontré con más amigos. Pez Pura, Pez Marga y Pez Gema con su pequeña Pez L a la que dediqué mi primer libro para que lo lea dentro de 10 años. Y a los pocos días seguí encontrándome a más viejas amigas. Pez Marina apareció en el Pabellón de La Feria del libro donde la vaca que escribe daba una conferencia sobre Literatura y mujer y me sentí aún más arropada. Hay quien dice (según Pez Love fue Kundera) que hay dos tipos de poetas: el poeta que vive una vida normal y corriente pero sólo a través de sus palabras vive una vida poética y después el poeta que vive una vida poética pero escribe una poesía mediocre, sin lírica. Conociendo a Pez Marina se podría pensar que vive poéticamente, y conociendo su poética también. Pez Marina abarca las dos versiones de Kundera y eso lo podemos constatar los que tenemos la posibilidad de asistir a su Disección poética en público. Y para disecciones las mías. Cada vez que me alejo de una persona en el espacio me siento diseccionada. A veces me falta un brazo (aún no he recuperado el que dejé a mi buen amigo Pez Tabarca), otras, la risa que siempre se hace la remolona para regresar de Berlín y prefiere quedarse con mi Gaviota. Y ahora, que sé que es verdad que mis amigas Pez voz y Pez palabra se van a vivir a Menorca, siento que me falta un no sé qué. El caso es que nos hemos visto muy poco este último año y sin embargo, sabía que estaban cerca. Quizás la distancia nos obligue a vernos más a menudo. No sé, siempre hay excusas y si no, nos las inventamos, así como el otro día me inventé que quería ver un partido del mundial en casa de Pez Shu y así pude pasar un rato con ella. Pez Shu es tremenda; después de llevar más de 24 horas sin dormir, nos preparó una cena a Pez Nemo, Pez Love y yo con un amor envidiable. Pez Shu se tiene ganado el cielo de los políglotas; además de volar lo involable, le quedan alas y lengua para estudiar italiano, francés y portugués y aprobar con nota. No sigo hablando de Pez Shu, que me frustro. Mis alas están mojadas y mi lengua es de trapo de tanto hablar. A veces es mejor permanecer una temporada en silencio y dejar que se regeneren las metáforas. Como decía el proverbio árabe "No digas nada si lo que vayas a decir no es más bello que el silencio". Ya me callo.

miércoles, junio 07, 2006

Mesa redonda en la Feria del Libro

El sábado 10 de marzo a las 13.00 participaré en una mesa redonda en la Feria del libro cuyo tema es Mujer y Literatura. La entrada es libre.

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2006
Parque de El Retiro
Paseo de Coches
Pabellón de Encuentros

Sial Ediciones
Tritoma
Chandra Ediciones
Centro PEN Club de España
UGT-Madrid

tienen el placer de invitarle a la mesa redonda sobre

Mujer y Literatura

que tendrá lugar el sa´bado 10 de junio de 2006 a las 13.00

Participantes:
1. José Ricardo Martínez Castro, Secretario General de UGT-Madrid
2. Monserrat Cano, narradora, poeta y responsable de Comisión de Escritoras del
Centro PEN de España
3. Dolores Campos-Herrero, narradora, poeta y periodista
4. Beatriz Russo, poeta y narradora
5. José Luis Manzanares, Director Gerente de Tritoma

Moderador: Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del Centro PEN de España

martes, junio 06, 2006

Entrevista en RNE

Para los que queráis escuchar a una vaca hablar de su novela premiada La versión de Eva Blondie, el próximo jueves 8 sobre las 12 pm, Julio César Iglesias le hará una entrevista en su programa Buenos días.

jueves, junio 01, 2006

Una de cal y otra de arena


Ser una vaca que vuela tiene sus pros y sus contras. Los pros ya los conocemos todos, especialmente los terrestres que miran al cielo y se imaginan a la vaca que vuela yendo de un lugar a otro, visitando las capitales europeas y nacionales con ese glamour que sólo ven los que no pueden volar. Los contras son demasiados, pero a veces, los que volamos nos consolamos como podemos. Sin embargo, a veces ese consuelo no es suficiente, máxime si se trabaja en un entorno en el que te castigan si no vas a cenar con el obispo de la la capilla volante. En Airvatican puede pasar cualquier cosa. Pues nos ocurrió a las pobres monjitas aéreas que durante los tres días que duró nuestra peregrinación decidimos hacer un retiro espiritual nocturno a nuestras celdas de castigo y el obispo se ofendió por no compartir mesa con él. Al día siguiente nos echó un sermón penitenciario y nos hizo un exámen oral sobre seguridad aérea y como aprobamos le dio rabia y nos recriminó que hubiéramos ido voluntariamente a la celda de castigo y le hubiéramos dejado solo en la cena con el otro sacerdote. El caso es que ahora resulta que el trabajo no acaba en el aterrizaje. Eso no lo sabíamos. Después viene la cena (ojalá fuera la última) y la bendición de la mesa con convenios y demás sermones laborales (de qué nos va a hablar este obispo). En fin, que mi madre superiora está muy disgustada con lo ocurrido y ha decidido recurrir al sindicato de la curia aérea. Veremos a ver qué pasa.
Menos mal que me acompaña en estos días Joseph Brodsky y su Marca de Agua. Apuntes venecianos para servirme de consuelo, gracias a mi amigo Pez Jimmy, que es un obispo bueno y muy culto a quien sí acompañaría en todas las cenas. Quizás alguna vez la vaca que escribe naciera en Venecia. Creo que fue no hace mucho. Lo recordé hace 6 años, cuando visité por primera vez Piazza San Marco. Fue un encuentro inesperado. Había vivido durante 6 años en Italia y nunca quise visitar Venecia. Mi amiga Pez Milena me convenció de que le hiciera una visita. Ella vive allí. Pasó un rato hasta que me di cuenta de que estaba en Venecia, teníamos tantas cosas que contarnos que apenas me fijé por dónde caminaba, hasta que me di de bruces con la Piazza. Fue un amor a primera vista, un flechazo perturbador y rompí a llorar. Allí me teníais; enfrente de la Catedral llorando sin parar, llenando la Piazza de agua, agua que desembocó después en el Gran Canal. El síndrome de Stendhal me dejaba inmóvil frente a la belleza, paralizada como un obelisco.
Ya lo dice Brodsky "El ojo adquiere en esta ciudad una autonomía similar a la de la lágrima. La única diferencia es que no se separa del cuerpo, sino que lo subordina totalmente".
Creo que ese día volví a nacer, como tantas veces renazco frente a lo bello, dejando atrás algo de la fealdad inevitable que nos da la vida veloz y desordenada. De nuevo Brodsky "ningún egoísta puede brillar durante mucho tiempo en esta porcelana junto al agua cristalina, porque le roba el espectáculo" La fealdad siempre estará al servicio de la belleza, como el reverso de cartón barato de un cuadro que sólo se ve cuando se descuelga de la pared. Ante una obra bella, ¿quién necesita darle la vuelta al cuadro si no es para cambiarle el marco?

martes, mayo 16, 2006

La vaca premiada

Ser una vaca premiada no es moco de pavo, no. Máxime cuando una se entera de que le han otorgado el primer premio de Novela erótica Istar dos horas antes de la entrega de premios. Así me ocurrió que de camino al nuevo restaurante donde trabaja Masaya (Nipón Taro), mi cocinero favorito, me avisan de que tengo dos horas para arreglarme e irme a Exposex a recoger el galardón (con lo mona que estoy yo en vaqueros). Mi coche pecera estaba lleno de peces; Pez Nemo, Hada Marina y Pez love, así es que nos dimos la media vuelta y nos fuimos a mi casa a buscar el vestido para la Gala. Hada Marina me ayudó a sacar ropa del canapé de mi cama. Mi casa parecía un mercadillo de ropa usada. Finalmente encontramos mi vestido de china sexy. Me lo puse y resultó que me estaba más ajustado que la última vez que me lo puse. ¡¡Horror!! ¿por qué no me avisaron antes? Me habría comprado el super modelazo para la ocasión. No obstante, todos acordaron que me quedaba bien mi vestido rojo con dos aberturas laterales, las medias de red color crema y los tacones de seda salvaje. Y después de comernos una pizza chiclosa que llegó 1 hora más tarde, salimos rumbo a Leganés. Con las prisas, la cantidad de información que me dieron y la emoción, no me enteré muy bien de dónde tenía que ir a recoger mi premio. Primero llegamos a la cubierta donde se celebra la feria, y confundimos la feria del marisco con la del sexo (estaban una al lado de la otra). Y allí me teniáis, vestida de pendón chino paseando por la feria del marisco. Menos mal que pregunté a un abuelo que estaba informado y nos dijo que las carpas de exposex se montan en la plaza de toros. Dimos cuatro veces la vuelta al ruedo y nada; todas las puertas estaban cerradas. De repente, tal y como si se me hubiera abierto la brecha del recuerdo, me acordé de una dirección. La entrega se celebraba en un Hotel y los tacones me estaban matando, el vestido era cada vez más estrecho y el vino se me había subido a la cabeza.
Afortunadamente estaban conmigo mis pececillos, que tuvieron una paciencia increíble. Llegamos al Hotel a mitad de la cena, nos liberaron una mesa y nos pusimos a beber cervezas. Yo habría bebido más vino pero aún tengo fresco el recuerdo del mismo vestido en una presentación en la Fundación Alberti y una cogorza impresionante de Barbadillo que me hizo hablar sin parar toda la noche (y es que a mí, cuando me dan un micrófono...) La cena se acabó, me presentaron a los organizadores, al jurado (me llevé alguna sorpresa inesperada) y después me anunciaron como la ganadora del primer premio Istar de novela erótica. ¡Qué fuerte! Espero que mis padres no se la lean nunca. El libro se titula La versión de Eva Blondie. Ya hablaré sobre él, ahora no tengo ganas. Salí a recoger la estatuilla entregada por Celia Blanco y no pude hablar. Me quedé muda delante de todos los pornostars y el cámara, que no dejaba de apuntar a mis caderas. Si lo llego a saber, me bebo una botella de Barbadillo- pensé. Reaccioné demasiado tarde, ya estaban llamando a la mejor porno- actriz revelación. Y me bajé del trono con una jaqueca psicosomática por el vino que no bebí y debí haber bebido. Los tacones me mataban, los muslos se me salían por los rombos de la media de red, el vestido no hacía sino subirse hasta la cintura. Pez Love y Pez Nemo me hacían fotos con su móvil y yo me quería ir a casa. Y así, Hada Marina y yo, vestidas para la ocasión (ella vestía medias de red, minifalda vaquera y zapatos de tacón para esas superpiernas de autopista hasta el cielo). Cuando salimos del hotel con el trofeo, parecíamos actrices porno premiadas. Los recepcionistas y conserjes nos miraron con morbo y yo me puse las gafas para disimular, pensando que distinguirían entre una intelectual como yo y una actriz porno, aunque no haya mucha diferencia entre nuestros cuerpos (qué voy a decir).
Llegué a casa, dormí como pude y al despertarme llamé a mi madre y le pregunté si quería poner mi trofeo en el salón de su casa, con todos los demás y ella me preguntó "¿no será un trofeo guarro?" No mamá no me han dado un pene, pero creo que éste me lo quedo yo en mi salón. Ya me veo yo el tipo de gracias que voy a generar. Y es que eso de ser una vaca poeta que escribe novela erótica no es tan previsible como esperaba; un artista es ecléctico, tiene que ser capaz de ponerse ne la piel de cualquier personaje que ronde su cabeza. Pero adelanto que ¡¡¡mi novela no es autobiográfica!!! Soy escritora, me gusta inventar, no soy biógrafa. Eso se lo dejo a mis futuros recreadores. Veremos a ver qué pasa. En fin.

martes, mayo 09, 2006

La vaca descubre América


Tengo una concurrencia tan concurrida de ocurrencias para escribir que apenas queda hueco en mi cerebro para ver un claro por el que abrirles las compuertas al pelotón de palabras que espera impaciente para saltar a este vacío plácido y conmovedor en el que no me hallo, porque no sé en qué estadio de la felicidad me encuentro. No os estáis enterando de nada y eso me gusta. Pobres de vosotros que leéis incluso lo que no tiene sentido. Algunos, los que me conocéis, sabréis de qué hablo. Siempre fui muy implícita y a veces es difícil captarme. Una ayuda. Ese estadio es aquél en el que no existe el antes y todo es después. Allí donde nace un argot idiosincrásico y las palabras tienen un significado per se, donde a veces ni siquiera se usa el verbo y lo paralingüístico cobra mayor importancia, y se inventa un lenguaje de signos que se aprende sin una gramática ni una norma académica, allí donde la poesía se regenera a diario y todo es un verso que empieza y acaba en el mismo verso, como un retruécaro que contiene la sola palabra matriz de todos los versos posibles; los que ya existen y los que esperan existir. No me explico porque quien ya lo sepa me adivinará porque quizás sienta lo mismo y me intuya. En fin, contaré algo de mi última semana.
Acabo de regresar de Gran Canaria, donde he pasado una de las vacaciones más cariñosas que recuerdo. Y es que estar junto a mi queridísimo amigo Pez Tabarca es abrazar el mismísimo cariño hecho amigo. Adoro a mi amigo Pez Tabarca. Podría contaros muchas cosas sobre él, algunos lo conocéis y le queréis como yo le quiero. Verlo tan enamorado de su Pececillo Cali no hace sino corroborar nuestra amistad. Los dos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de amor. Incluso a veces nos deshacemos cuando abrimos nuestro pecho como si fuéramos dos sardinillas que están a punto de ser hechas a la plancha. Entonces nos abrazamos y nos contamos nuestros secretos, como si nuestras mitades nos hicieran un solo pez amigo. Es tan hermoso tener a un amigo como Pez Tabarca, tan sano, tan natural, tan reconfortante... (parece un anuncio de Danone, lo sé) Él sabe de qué hablo al principio de este post. Él es cómplice de ello, él me ve en ese estadio del que hablo porque somos vecinos de patio de flores, donde nos encontramos de vez en cuando a cotillear sobre nuestra alma. No sigo, que se me ve el plumero.
Gaviota vino conmigo y hoy se va a Berlín de nuevo. Se lleva un pedacito de Pez Tabarca, de su familia, de sus amigos, de mí. No habrá nolstalgia porque en la nolstalgia no hay retorno y Gaviota y yo volveremos a unirnos a Pez Tabarca y su hábitat en breve. Nos quedó pendiente el curso de submarinismo y tantas palabras en la sala de espera. No damos a basto en la factoría narrativa.
Pez Auri me acaba de enviar un mensaje preocupada por mi silencio. Algo sabe ya, me ha pillado y ahora que ya había encontrado un claro por el que soltar esa concurrencia de palabras, me he bloqueado de nuevo. Sólo quiero quedarme un poco más en este estadio en el que no me hallo antes de salir pitando a la grabación de mis poemas. Cinco minutos más en este lecho, con las sábanas pegadas, viendo cómo el amanecer me despereza un día más.

miércoles, abril 19, 2006

Una vaca metaliteraria


Nunca me había imaginado que algún día llegaría a vivir algo parecido a lo que vivió la neoyorquina Helen Hanff en su aventura epistolar con aquel enternecedor librero del 84 de Charing Cross Road. Yo, una vaca escritora, principalmente poeta, conozco a un americano, no librero pero sí apasionado por la lectura y la escritura, através de un blog proporcionado por una amiga y desde entonces no paramos de hablar y escribirnos. Lo único que sé de su físico es que no es calvo, si no nos engaña la foto que aparece en su blog, que me recuerda a aquel hombre romántico del cuadro de Caspar David Friedrich o quizás también me sugiera al hombre mirando al sudeste de Eliseo Subiela. ¿Pero hacia dónde mira Eric? Quizás estuviéramos mirando en la misma dirección o quizás nuestras miradas estuvieran enfrentadas, o quizás, parafraseando los versos de un poeta que ahora no recuerdo "yo no le esté mirando, yo sólo le esté viendo mirar".
En fin, que ambos somos tan metaliterarios y tan lingüísticos, que no hemos podido resistirnos a la tentación de ir de la estructura profunda a la estructura superficial, del significado al significante, de la idea a la materia, del verbo a la imagen, del contenido al continente, del alma al cuerpo, del después al antes en un flashback comunicativo que no agota mis ganas de conocerle conociéndole.

martes, abril 11, 2006

La vaca de la libertad



Pues sí que hace tiempo que no escribo me he dicho hoy al entrar en mi blog. Claro que para una vaca que ni pasta ni duerme, ni mata moscas con la cola de aburrimiento es difícil dedicarse a contar lo que ha de ser contado.
Para empezar, me ha llevado tiempo asimilar aquella tarde en que Eliseo Subiela, Musa Marina y yo tomábamos el té en el Café de Oriente. Ha sido difícil porque si muchas esperan su príncipe azul, aun sabiendo que no existe, yo esperaba encontrarme de cara con Subiela para decirle que yo soy la que vuela. Y como Subiela sí existe, ecco. Le prometí que iría a ver su nueva película Lifting de corazón, pero aún no he podido ir. ¿Es posible que aún no haya encontrado ni un minutito para ir al cine? La culpa la tiene Pez Fiorilli, por ser argentino, poeta y subielano. Y no hay nada como ir con la emoción compartida.
Recién llegué de las jornadas de poesía última en la Fundación Alberti en El Puerto de Santa María. Podría contar muchas cosas de lo que ocurrió allí, pero me llevaría más tiempo del que dispongo. Comienzo por el brain storming y a ver qué sale: amigos, poetas, barbadillo, Romerijo, marisco, cazón, sueño, risas, surrealismo; dos ancianas pasean a sus perros por la playa en un cochecito de niño, a Pez Albor un desconocido le rebela los secretos para que no se le corte el pis y le sisea durante la micción, a mí me toca hacerlo a dúo con una desconocida en un baño con dos sanitarios juntos. Nunca antes había sido tan íntima con una anónima; A Pez Albor le persigue un guarda de seguridad por toda la discoteca, le ha dicho en su cara que tiene pinta de violento (algo skin head sí parece) pero es una delicia hablar con él y un desternillamiento. Mientras, yo bailo embriagada porque en el toilette hay una fila interminable. Pez Ávila me invita a una micción en el toilette masculino. Entramos pero en el baño también hay un guarda de seguridad. Me cuelo en la fila de chicas, no sé como y vuelvo al dúo anónimo. Me disfrazo de charlestón con un papel muy definido de diva del cine y acabo por saltármelo e interpretar a la amante tonta y pendón del director de rodaje. Es la noche de las veladas poéticas y todos los poetas van subiendo en procesión al escenario. Yo aprovecho para mejorar más mi papel de pendón y acabo siendo besada por los dandies de la poesía. Me veía a mí misma (algo paradógico) como el cristo de Medinacelli el primer domingo de mayo. Nos saltamos el último día de ponencias y nos vamos a la playa en busca de la arboleda perdida. No podía ser más feliz. A pez Puma le timan el dinero del botellón delante de sus narices con la maestría del timo de la estampita. Nunca nos haremos mayores. Pez Ale y yo nos hacemos amigas de campamento y nos pasamos una noche loca de adolescentes. Pez Escarpa y yo nos quitamos las máscaras y desde entonces ya nos abrazamos de verdad. En realidad ha sido el viaje de los abrazos y los cariños. Algo pastelones sí que parecíamos, pero era de verdad y eso es lo que cuenta.
Regreso a Madrid y me ocurre algo en el avión que no puedo contar aquí pero me trastoca, me perturba, me emociona. Llevaba tres días sin dormir y parecía un sueño. Llego a casa, el pie me duele, me voy a la cama, me despierto por la mañana y el pié me sigue doliendo. Voy al servicio médico de Aviación y me dan la baja por una ampolla en el dedo meñique del pié. ¿Hay algo más surrealista?
Y ahora a esperar otro año para llegar de nuevo a buen Puerto. Y es que no hay nada como ser una vaca de la libertad.

domingo, marzo 26, 2006

Corre vaca, corre


Desde que me ha dado por leer en francés me he dado cuenta de que prefiero la versión original. Y es que le he encontrado una nueva sensación a esto de leer en lengua vernácula. Claro que la versión traducida es mucho más fiel que la que le doy yo que, al fin y al cabo, me niego a recurrir al diccionario, salvo cuando es indispensable. Pero como a mi eso de la fidelidad me parece un poco carca (yo soy más del bando de los leales, que a mí eso de los fieles me suena a secta), pues me voy de picos pardos de interpretación en interpretación. Y así me ocurre que me imagino las situaciones según mi nivel de comprensión de los capítulos. ¡Y qué más me da lo que quiera decirme Houellebecq en La possibilité d´une îlle si luego voy a entender lo que me dé la gana, que es lo que me pasa con los textos en mi propia lengua! Y tal y como está ahora el panorama narrativo, me resulta mucho más divertido darle yo un repaso. Si los autores no logran soprenderme, al menos que me dejen divertirme un poquito y dar mi toque personal. Claro, que esta nueva faceta mía suena un poco a soberbia, a rebeldía, a inconformismo. Pues sí. Si soy una rebelde acomodada fuera de la literatura, ¿no lo seré un poco más en la ficción? Si no creo en lo que me dice ningún dios supremo, ¿por qué iba a creerme lo que me cuenta un autor? por muy franchute que sea, y bueno, porque bueno sí es, no lo voy a negar.
Pues tan rebelde que me muestro aquí desde esta posición privilegiada donde digo lo que me da la gana, y tan sumisa me presento en otras situaciones. Y es que para correr lo que estoy corriendo con Pez Gus hay que ser un poco sumisa, porque si me da el ataque rebelde no me muevo del sillón. Y es que correr con Pez Gus es todo un placer sensorial. En breve voy a conocer todos los parques de todas las ciudades de España (tendón mediante). La vez pasada corrí 15 minutos y durante una semana he parecido Mazinger Z caminando. Yo me justifico diciendo que soy ex-jumbera y que los años no pasan en balde, pero nadie me cree. Todos saben que los dedos son lo único ágil que hay en mi cuerpo. De muñeca para arriba chirrío. En fin, que es un deleite volar y correr con Pez Gus, que me regala pajaritas de papel, toca la armónica y me mata de la risa all day long.
Hace poco decía que mi poesía suscitaba menos interés que mi narrativa erótica. Me retracto. He conseguido que un comandante me escriba un epigrama. Claro, que le he dado motivos para ello: mi caminar robótico tras saberse que había corrido sólo 15 minutos, haber llamado al puerto de la Morcuera; Puerto de la Corcuera y haber dicho que me encanta amanecer en la terraza de pez Nemo para ver volar a los Berracos (vencejos). Después de tales gazapos, a ver quién se cree que escribo poemas. Lo más gracioso es que se piensan que lo digo de broma y la triste realidad es que son mis diablillos lingüísticos. Hay quien tiene otros demonios y a mí me ha tocado estos, los diablillos gazapo.



viernes, marzo 17, 2006

La vaca ya hace deporte


Ser una vaca que vuela tiene sus pros y sus contras y uno de los contras que le veo es que me pasan tantas cosas que luego me cuesta seleccionar entre las que puedo contar según mi propia censura, las que debo contar según mi ética de la vida y las que no me resisto a callar, según el impacto que me han producido. Pues bien, a estas últimas la mayoría de las veces les tengo que aplicar un poco de censura porque si no, se me desmadra la historia. Últimamente me ha dado por experimentar reacciones en el ser humano. Me encanta romper esquemas. Todos me conocen como la vaca poeta o poetisa y eso implica cierto rasgo de cursilería y fragilidad. He aquí donde está la clave de mi experimento. En el entorno militar y masculino (pocas veces) en el que me muevo no es difícil dejar boquiabiertos a los que aún me miran como una ternerita que parece que nunca ha roto un plato. Cuando me preguntan por lo que estoy escribiendo ahora y les respondo con toda la naturalidad que me permito que estoy escribiendo una novela porno primero se piensan que les tomo el pelo y después intentan cerciorarse de que lo que han escuchado es cierto. Después les digo que bueno, que en realidad es una novela erótica nada soez, no se vayan a pensar. Entonces, parece que dan un suspiro y se quedan más tranquilos. Pero después se animan y se pasan todo el vuelo diciéndome que serán los primeros en leerla. Vaya, qué éxito tiene ya a priori mi novela erótica. Ya les veo pidiendo salvajemente a la virgen que les conceda el milagro de volar con la vaca erótico-voladora. Y es que mi poesía, nunca a suscitado tanto interés. ¡Qué le vamos a hacer!
Pero no todo es interés morboso, también hay buenas sobremesas, divertidas y con un sentido del humor adulto. Y también serenatas através de la pared que separa nuestras habitaciones. A Pez Gus le ha dado por tocar la armónica y no para de practicar el cumpleaños feliz y el himno a la alegría. Menos mal que la guitarra eléctrica no le cabe en la maleta. Espero que no le dé por la batería. Pero esta vez es diferente, creo que lo suyo es la armónica. Y para compensar el dolor de cabeza que piensa que me produce, se pasa el día entero regalándome pajaritas que yo uso como separadores de hojas de libro. No me digáis que no es tierno.
Otras de las novedades en mi vida, y quizás la más significativa, es que por fin me ha dado por el ejercicio físico. La operación bikini es un buen argumento. Ayer por primera vez en mucho tiempo volví al gimnasio. Soy una vaca que hace deporte, me dije tan contenta y duré veinte minutos, casi me muero de asfixia. Pero es que Valencia está llena de humo (debe de ser por eso), no se puede respirar entre tantos petardos. Estoy de acuerdo en que se tienen que manterner las tradiciones, y nuestros Reyes ya se ocupan de ello, alabando el espíritu patriota de los valecianos, no vaya a ser que a ellos también se les ocurra un estatut y se coman otro trozo de pastel, pero de ahí a gastar tantos millones en cartón para quemar, es too much (aquí es donde me sale la vaca ética) ¿no podrían reducir la escala de los muñecos y donar el resto a una ONG? Me voy a callar, que si no empalmo con la tomatada, la naranjada y otros desperdicios alimenticios. En fin, que me voy, que tengo que estrenar mis zapatillas de correr, que soy una vaca que hace deporte y tengo que liberar las feromonas que me produce escribir una novela erótica.

domingo, marzo 05, 2006

Una vaca que improvisa demasiado


Siempre se me han dado bien las improvisaciones y este fin de semana los planes se han ido sucediendo a la virulé. Inicialmente había previsto llevarme de vuelo a mi estimulador personal (personal brain consolator), una especie de dildo, al que sólo le falta un pene para ser perfecto (creo que Mac está en ello) y escribir sin parar encerrada en el Juan Carlos I de Barcelona para así aprovechar mi siguiente día en París. Pero resulta que Gaviota se ha apuntado a seguirme el rastro. La noche de Barcelona nos fuimos a pasear por el Borne. El barrio gótico no sólo confundía nuestros pasos sino que nos hacía descubrir que una vaca marina y una gaviota paseando por unas callejuelas angostas y llenas de encanto no tienen futuro si tienen hambre. Había tantos restaurantes con encanto, tantos recomendados pro amigos y recepcionistas, que al final acabamos desvalijando la barra de pintxos de dos bares vascos. Y después de cuatro horas de sueño, a París.
Y en París conseguimos cumplir a rajatabla el itinerario que había diseñado para Gaviota. lo típico: Sacre coer en Montmatre, Quartier Latin, Notredame, Marais, hasta que Pez Ese y su chica Pez X nos llamaron para que fuéramos al concierto de Danni Leigh en Poissy. Nunca olvidaremos Poissy, un pueblo de la banlieue parisina que bien podría ser Alcalá de Henares sin el casco antiguo. Nada especial si no hubiera sido porque mereció la pena no ir a cenar el mejor steak tartare du monde a Au Coude fou en quartier Marais y hacer la excursión nocturna a Poissy, recorriendo pueblos que parecían gemelados con la ruta Atocha-Alcalá de Henares. Pero el evento lo merecía. Danni Leigh y su grupo (a los que conocimos en nuestro vuelo) nos habían invitado a su concierto. Llegamos sin cenar, pero como la hora de su actuación se fue postergando de hora en hora ya que cerraban el festival de música, nos quedamos en el camerino de Danni con todo el grupo (un texano, un vasco, un californiano y Danni). Nos hicimos fotos, les filmamos en video, nos comimos sus golosinas, nos bebimos sus cocacolas, nos intercambiamos direcciones y sin embargo, ninguna sabíamos cómo cantaba Danni. Y resultó que tenía una voz hermosísima y nos quedamos aleladas escuchándola en nuestro concierto privado en el camerino. Creo que me desmayé en algún momento, aunque fuera con la imaginación. El sueño, el cansancio, sus bellezas, el cariño con el que nos trataron y su voz (La voz) fueron los ingredientes de mi desmayo imaginario. Y después, a la cama sin cenar y a dormir otras cuatro horas.
Eso me pasa por ser una vaca que improvisa demasiado.

sábado, febrero 25, 2006

La vaca se sube a la parra


Berlín- berlinale (Parte II)
En fin, que después de otro de mis asiduos patinazos de percerción de la realidad, Hada Marina y yo cogimos un taxi conducido por un nigeriano que tenía problemas de ubicación y lo veía todo blanco para llegar a casa de Gaviota. Aparte de la ironía, Berlín estaba nevada y yo tenía los ojos llenos de legañas (los dulces del sueño, como lo llama pez sueco). Y entre mis ojos nevados por la misa de Mozart de la noche anterior en el Auditorio, donde tocaba pez Sergi como los ángeles, la metedura de pata en el vuelo y la mañana nevada, no estaba yo para mucha orientación.
Pero ya se encargaría la tarde de hacer que desarrollara un GPS, pero de GuaPaS. Estoy espídica y no le doy a la coca. Creo que el letargo del último año me ha llenado el depósito. Soy una vaca Eurosuper y me cunde. Ya lo creo que todo me cunde y tengo combustible para todo terreno. Comenzamos la tarde en un café de atrezzo okupa, donde el toilette es más acogedor que una suite nupcial. Incluso hay dos butacas de abuela flanqueando el inodoro, quizás para hacer más amena la espera o desmitificar las conversaciones escatológicas. Y mis oídos dan para mucho más que una conversación en mi territorio. Soy capaz de seguir todas las de mi perímetro auditivo y mantener la trama de la videoproyección en la pared (aunque mucha parte me la invente). Y aún, sin haber agotado mis facultades intelectuales, la adrenalina me pide una partida de futbolín donde la alianza hispano-sueca ve mermado su potencial lúdico en pro de la dicha en los amores. Qué se le va a hacer. Después caminamos y caminamos por las calles perezosas que postergan recoger los adornos navideños y la nieve en polvo, y llegamos a una Vinería que parece un espejismo de la decadencia rusa. Un laberinto de salas donde cada recoveco aguarda el brindis de las copas de vino. No sé cuántas botellas pudimos bebernos los cinco cosacos muertos de risa y canciones que el bando francés intentó copiar, pero les quedó muy soso. Mientras, el frente italiano se empeñaba en ofrecernos un vino siciliano al tiempo que los franceses hacían patria con un sauvignon mediocre. Pero no, para vino el nuestro y todos acabamos cantando la marsellesa para compensar. En esto, que el tipo extraño de al lado, vestido con falda, mallas negras dejando sus tobillos al descubierto y melena a lo Marlene Dietrich, se sienta junto a nosotros, el bando hispano-sueco-alemán y se hace unas fotillos para pasar el rato con nosotros, pero como no se sabe las canciones, regresa a su butaca rusa y se pone a escribir. Quién sabe qué estaría escribiendo. Y pensé por un instante que también podría ser un control de calidad. Lo mío es obsesivo. Después nos entra el hambre, saqueamos la cómoda de la abuela donde han instalado el bufet y seguimos bebiendo. Dan las doce. Salimos rumbo al gran Café Burger (Russen Disco) y como la lenta fila de los bailongos estaba ya formada al puro estilo de revista de cuartel, nos vamos a comer un Kebab, el mejor de mi vida, y desembocamos en el pub de los monstruos donde tuvo lugar la segunda gran parte de la gran noche rusa, aunque los monstruos eran universales y pegaban sustos al son del botón secreto de la barra del bar. Pero eso otro día, que ya me llega la melancolía.


lunes, febrero 20, 2006

Una vaca que viaja demasiado


El problema de ser una vaca que viaja demasiado es organizar el tiempo en unidades divisibles no ya en milésimas de segundos sino en millonésimas de terceros, cuartos y quintos. Y cuando hablo de terceros, cuartos y quintos estoy estableciendo unas unidades descomunes a todo sistema de medición del tiempo. Todo este rollo para deciros que viajo mucho y recopilo más. Hoy he ido a ver la última obra de Tomaz Pandur - 100 minutos - y me he quedado casi igual que antes de que pasaran esos 100 minutos. Digo casi igual porque tan sólo me ha quedado, a parte del numerito a lo Queen o Village People versión sadomaso, una nueva forma de concepción del tiempo, ya no sólo físico sino sensorial, sensitivo, emocional o instintivo. Y me he dicho a mí misma en un diálogo interpersonal "andá, pues claro, ya no voy a celebrar ningún aniversario estúpido, ahora mi tiempo es otro y sólo envejeceré a medida que vayan envejeciendo mis emociones, mi instinto, mis sensaciones y me aplaste no ya el peso de la arruga, sino el peso de la memoria, como si mi yo quedara atrapado entre las páginas de mi propia enciclopedia, como si yo fuera uno de los tréboles que mi padre me suele regalar cuando le visito y que yo guardo en un libro recién leído". Y así, con estas reflexiones comienzo a pasar las primeras páginas de la memoria y me acuerdo de Berlín y de que aún no he escrito nada sobre Berlín.
Berlín - Berlinale (Parte I)
Hada Marina y yo, sin Pez Nemo (para nuestra tristeza) nos dirigimos a Berlín en un vuelo lleno de espías. Bueno, en realidad, las espías éramos nosotras, pero como estábamos llenas de ojos parecía que el avión sufría un overbooking de ojos y de espías. A nuestro lado y separados por el pasillo, un sospechoso de ser un control de calidad camuflado. Yo, que tengo un radar anatómico incorporado, me percato y le escribo al azafato una nota avisándole del peligro. Me da las gracias por el buen compañerismo y se va pitando a avisar al sobrecargo. Comienza la psicósis a bordo. El sobrecargo se acerca a él y le ofrece algo para beber, también le ofrece un asiento más cómodo, todos le sonríen cada vez que pasan por su lado e incluso le ofrecen más prensa. Y el sospechoso, muy serio y educado les da las gracias casi incomprensiblemente y después escribe sobre un taco de folios en blanco. Todo está saliendo estupendamente. No hay que preocuparse, pero yo quiero saber qué está escribiendo y me pongo a leer el periódico sacando casi medio cuerpo del asiento. Su letra es demasiado pequeña, pero casi logro leer la palabra vuelo. No hay duda, he salvado a la tripulación. Me duermo, me despierto y el sospechoso se ha relajado. Me ofrece su periódico y le da la vuelta a los folios. Están escritos a máquina por la otra cara. "Vaya - pienso- ahora se pone a revisar el guión de lo próximo que tiene que controlar". Vuelvo a sacar mi cuerpo al pasillo para leer mejor y descubro con horror que está leyendo el texto de un guión cinematográfico. Enrojezco de imaginación enajenada y se lo cuento a Hada Marina que me suplica que me calle y no diga la verdad a la tripulación. Nerviosa miro hacia atrás y descubro que los azafatos están amotinados en el galley y tras sorprenderme mirándoles me hacen señales para que acuda hacia ellos. Yo me acerco muerta de horror y risa y ellos me reciben preguntándome si estaba segura de que era un control de calidad porque habían visto que el tipo en cuestión, al que habían estado peloteando todo el vuelo, estaba leyendo un guión cinematográfico y que como íbamos a Berlín y era la berlinale, pues que ellos pensaban que igual no era un control de calidad. ¡Cómo que no! - protesto por su falta de confianza en mis sospechas - pues no se va a poner a leer la secuencia de trabajo delante de vuestras narices. El tipo tiene que disimular de alguna manera y qué mejor para despistar que leerse un guión de cine. Ellos se quedan pensativos y me dan la razón. Regreso a mi asiento y me callo el resto del vuelo, no sin dejar de mirar al sospechoso, que ya sospecha que me he enamorado de él y me sonríe todo el rato. Acaba el vuelo y Hada Marina y yo salimos escopetadas del avión rumbo a la gran noche rusa (mañana os contaré por qué fue una gran noche rusa)

lunes, febrero 06, 2006

Una vaca muy repipi


Mi viaje con el Doctor Pasavento terminó en Zurich. Premonitorio. Quizás ahora esté de camino a Herisau. No sé. Lo cierto es que me ha dejado el cuerpo lleno de porqués. Tengo el escritorio lleno de papelitos amarillos pegajosos o adhesivos con un por qué para todos los gustos. Y en definitiva, el por qué es como una droga, sólo que más dañina y con difícil solución. Yo me pregunto y por qué esto, y por qué lo otro, y por qué lo de más allá y así me paso el día torturándome, ocupando mi escaso tiempo de ocio en intentar explicar el por qué de las cosas. Quim Monzó también se lo preguntaba y se contestó con mucha más gracia. Y es que tengo tantas preguntas que hacerle al vacío. Porque aquí no hay ni un dios que se sepa la lección y yo me quedo aquí, en mi gran pupitre de la escuela de la vida, con complejo de niña repipi que no para de preguntarle a un maestro que siempre se va a la máquina del café para no tener que responderme. Claro, que mi gran escuela de la vida es laica. De haber sido teológica ya tendría todas las respuestas, que son solo una. Sinteticemos todas estas preguntas en una sola respuesta omnipotente. Dios es la respuesta, y se quedan tan panchos. Pero, ojo, que ésta no deja de ser una respuesta sintética, como un tejido fácil de lavar y planchar, que huele que apesta al segundo uso. Pero, en fin, que yo no me meto con nadie, que yo solo pido que me lo expliquen.
Afortunadamente, después de una ausencia siempre queda un hueco que rellenar. Y la ausencia del Doctor Pasavento está siendo suplida por El Señor de Bembibre. Cómo le habría gustado a este hermoso caballero templario acompañarme a Zurich y despertarse junto a mí, su Beatriz, viendo el paisaje nevado desde nuestra cama. Qué se iba a imaginar que su amada es ahora una aeropoeta que zigzaguea por el espacio. El espacio, la gran pantalla que marca las constantes vitales de una histriónica aventurera. Y es que la historia del señor de Bembibre es también mi historia. Pero eso sólo lo sabemos Pez Mestre (uno de los dos editores críticos de la novela de Gil y Carrasco. El otro es pez Sanjuán) y yo. Y las casualidades siguen el curso de mi vida. Aún recuerdo aquél día en que le confesé a Pez Mestre una intensa historia de amor vivida en el pasado y la cara de atónitos-perplejos que se nos quedó cuando me habló de su edición crítica de El Señor de Bembibre y del paralelismo de mi nombre e historia con la historia que Gil y Carrasco nos cuenta. Aún no doy crédito a que ambas pasáramos por la misma turbación amorosa. Pues bien, en Zurich comenzó el dejà vu con mi señor y llamé a Pez Mestre para contárselo y el me dijo "es tu historia" y yo casi me pongo a llorar, pero como mi comandante me estaba mirando, guardé protocolo y sonreí. Él también, ya me conoce. Y es que mi nombre ha dado mucho de qué hablar a lo largo de la historia de la literatura y no puedo evitar seguir creyendo que el nombre también tiene su genética y algo se trasmite. Ahora que, quizás en la próxima reencarnación de mi nombre se descubra quién se queda con el personaje de mi enamorado. Dejemos que el tiempo tome la palabra y hable cuando le llegue el turno. Mientras ... a soñar.

martes, enero 31, 2006

La vaca viquinga


Decía Kafka que un escritor que no escribe es, de hecho, un monstruo merodeando la locura. Pues yo obedezco a la premonición y escribo lo que sea no vaya a ser que enloquezca. Claro que puede que no me libre aunque escriba, tal y como están las cosas últimamente. También decía Walser a propósito del valor de la vida "No le doy ningún valor a mi vida, sólo a las vidas ajenas, y pese a ello amo la vida, pero la amo porque espero que me dé alguna ocasión para echarla decorosamente por la borda" Pues por la borda parece que me voy a tirar yo si no cambian las cosas y me pongo a escribir seriamente, y no para retrasar mi ya anticipada locura.
Y es que últimamente parezco una novela radiofónica. Sé que todos esperan que cuente cosas, que les narre mi vida como si fuera interesante. Y es que a mí, como a Walser, me gusta vivir contrariando lo que los otros esperan de mí. He llegado a un punto en mi autobiografía ficticia que ya no sé dónde me quedé en mi ser biológico. A veces pienso que vivo para seguir el hilo narrativo de una historia que se me va ocurriendo así, a lo tonto. No sé quién soy, pero sufro cuando me deforman - decía un colega ficticio de Vila-Matas. Pues buena manera se me ha ocurrido a mí para deformarme, convertirme en una vaca.
Y puestos a ser vaca, me pido ser una vaca viquinga, que tienen mucha gracia y dan muy buena leche. Pez sueco me ha contado muchas cosas sobre los viquingos y su sistema educativo. El estado anticipa el dinero a los jóvenes para que estudien una carrera universitaria y después, cuando se licencian lo tienen que ir devolviendo poco a poco, tal y como si se tratara de una hipoteca. Mientras tanto, el sueño de nuestros paisanos es dejar de estudiar para empeñarse hasta los dientes y comprarse un coche superguay y una casa de cuarenta metros cuadrados. ¿Entendéis por qué quiero ser una vaca viquinga? Pez sueco se marchó de casa a los dieciséis años, pez sueco es absolutamente independiente. Pez sueco habla cuatro idiomas y quiere saber más. Pez sueco lee más que yo (que no es difícil) y casi tanto como Pez Nemo, que eso sí que es difícil de superar. Pez sueco es filólogo germánico y geógrafo social y yo qué sé qué más cosas. Pez sueco toca el saxo y le faltan pulmones para reírse. En fin, que Pez sueco está hecho un portento y ahora quiere dedicarse al Floorball o Unihockey (no tiene suficiente con el Squassssssh) porque dice que Suecia es uno de los principales países donde se practica. Pues eso, Pez Sueco, que pareces Ikea con tanta funcionalidad.

miércoles, enero 25, 2006

Una vaca imaginaria


Tengo una especie de conexión intertextual con Vila-Matas. Parece como si él hubiera hecho un pacto con mi programador de vuelos y le hubiera dictado mi planning del mes. Sigo yendo de viaje con el Doctor Pasavento y casualmente estoy siguiendo el itinerario del doctor, o él me está siguiendo a mí. No sé. Ya comienzo a asustarme. Fui a París, desde Barcelona, cuando él iba a París también desde Barcelona. Después me fui a Sevilla, también desde Barcelona y él me siguió. Me voy a Suiza y él también. Barcelona, París, Suiza y Sevilla, cuatro destinos para desaparecer. El próximo mes me voy a Berlín, a la Berlinale y allí me encontraré con Walser, que ya tiene mi carta de recomendación de Vila-Matas. ¿Quién tiene paranoia con quién?
Esta semana ha sido algo agitada. Recital poético en honor de la Saudade en 14-30 Espacio joven de Ronda del Sur. Menos mal que Pez Losada (no la Rosada china) me dio unos poemas de
Eugenio de Andrade y pude leer emocionada de frío, con la trémula voz de los que hibernan en la poesía.
Y poesía es lo que necesito ahora que me he vuelto tan narrativa. Hay espacios que cuesta trabajo abandonar. Yo, con el más absoluto sometimiento de mi vida a la esencia poética, de vez en cuando necesito salirme un poco de la esfera confesional y contarle el rollo de la vida de otros al pobre testigo de mi ubicuidad, que suele ser mi pobre amigo pez Nemo, que se lo traga todo, y Musa Marina, que me lee con devoción complaciente esperando que algún día escriba algo que tenga pies y cabeza. Y es que mi narrativa está llena de muñones. Es como el maniquí de las costureras, lleno de muñones y alfileres. Claro, que estoy un poco harta de esa literatura de maniquí del Corte Inglés, estudiada y marketinizada.
Mi último vuelo resultó algo productivo en este aspecto. Mi comandante consiguió que le escribiera un poema durante el trayecto Sevilla a Madrid. No es que me lo pidiera, pero a mí me dio por ahí. Y tan contenta.
No tanto ahora que sé que el próximo mes me toca una vida imaginaria. Suena a coña, pero pasaré el mes imaginando, no sé aún qué, pero imaginando, de mi casa al Hotel de Barajas, del Hotel a no sé donde. Imaginando que tal vez Vila-Matas se decida a coger el mismo avión que yo y nos encontremos en París, imaginando que aún me queda algo de imaginación para terminar esa novela que empecé cuando quería mirar hacia atrás y no hacia adelante, que me daba mucho vértigo el porvenir. Imaginando al fin y al cabo, que es lo único que sé hacer desde que fui inventada por no sé que circunstancia genética que aún no entiendo pero me vale para seguir mirando al frente, pluma en mano y paso lento, gritando que bajo ningún concepto se me permita vivir sin imaginación ni imaginerías.

miércoles, enero 18, 2006

La choupa polisémica


Hoy la Choupa se descojonaba contándome que había ganado un concurso literario a la mejor carta de los RRMM de nuestra ciudad. Pues ya lo decía yo, que lo del apelativo de choupa no iba mal encaminado. Quién sabe qué tentáculo le habrá quedado libre estas navidades entre pavos navideños, árboles fosforitos, turrones, cariñitos y pañales para poder dedicarle unos minutos a los RRMM del ayuntamiento. El caso es que me manda la carta y la que se descojona soy yo, me dan ganas de colgarla en mi blog. ¿A dónde irá a parar tanto ingenio desaprovechado? Pues no lo sé, pero sí sé que a partir de ahora no va a haber ayuntamiento que se resista a los escritos de la Choupa, que ya se ha lanzado y se ha dejado un tentáculo libre para estos menesteres. Es que es una choupa muy polisémica, como las vacas. La muy choupa se va a forrar. Un pellizquito al mejor relato sobre vacas fúnebres de la comarca de no sé qué pueblo, otro tanto a la mejor historia contada por lavanderas, otro de los juegos florales de no sé donde, y así hasta llegar a alguno de los nacionales, que quizás para entonces ya tenga nombre para que se lo amañen (o lo tenga yo y se lo amañe yo). El caso es que me ha hecho mucha ilusión saber que le pueden reconocer a una su talento literario, con sinceridad y honestidad, sin mediar ninguna influencia ni interés. Yo, que me presento a grandes premios de reconocimiento poético, tengo que ver cómo se lo dan al enchufadito de turno que tiene un papá con red adsl y router que lo enchufa desde cualquier sitio del sillón o a aquél que se dedica a perseguir al jurado por todos los congresos. Claro que todo tiene un precio y me imagino que como yo soy una vaca poeta, lo único que podría despertar su interés por mí serían mis tetas. Claro, que ellos no saben que a mí sólo con pensarlo se me pone una mala leche... En fin, que me alegro mucho por ti, Choupa, que me voy a dedicar al cómic y te voy a hacer superheroina.
Hoy he regresado de París con muy buen humor y he hablado con medio planeta y creo que aún estoy hablando, o ¿es mi eco? Y parte de la buena culpa ha sido de mi tripulación, unos peces muy chistosos que me han alegrado los tres días de peregrinaje, incluido el pez labia. Sin embargo, mi amigo Vila-Matas se ha quedado solo y delgado en la habitación del hotel. Creo que he
avanzado cinco páginas de Dr. Pasavento. Habría sido diferente si a Vila-Matas se le hubiera ocurrido ir de Barcelona a París (vuelo muy frecuente para él) y hubieramos coincidido. Pero no, otra vez me ha dado plantón y me he ido a pasear con mis peces chistosos por la riba del Sena, a olvidarme un poco del statut, de la ley anti-tabaco y de militares amonestados y juicios patasunos. Claro que después me voy a Barcelona y se me agria de nuevo la leche porque toda la prensa es catalana y en el vuelo de regreso de Venecia a Madrid sólo puedo darle a los pasajeros del boicot: Vanguardia, avui y el periódico o el Universal, periódico corporativo que tengo que meterle a pasajero entre los dientes aunque no quiera o no sepa español, que así lo ordena el sumo sacerdote de la aerolínea.
En fin.


domingo, enero 15, 2006

En la luna


Lo que hace un año de matar moscas con la cola y lo bien que vivía yo siendo una simple vaca dormidora. Mi primer día de incorporación al trabajo ha sido de lo más involutivo. Después de diez años volando cometo los peores errores de una novata. Llego tarde a la firma, me olvido los identificadores y tengo que robarle uno a un compañero, raspar su nombre y pintar el mío con una pluma que me deja los dedos negros todo el vuelo. No tengo guantes porque están prohibidos y yo me las doy de escriba para disimular. Un piloto que va de extra como pasajero no hace sino ajustarse las gafas para leer el borrón de nombre que mancha mi chapa identificativa, que no puede ser más cutre, pero como la sobrecargo es miope, despistada y coqueta (no lleva gafas), no se da cuenta y yo la mantengo. El piloto ya siente una curiosidad impertinente, tanto que me llama para intentar descubrir qué le pasa a la chapa. Uy, se me ha manchado, mejor me la quito. Y me voy corriendo para que no indague más. Llega el momento de dar la bienvenida a bordo. Les digo que nos vamos a Palma, pero vamos a Barcelona. Horror, me he colado, lo siento. La sobrecargo comienza a dar las instrucciones de seguridad y yo hago la demostración del chaleco salvavidas. Un pasajero me mira y yo pienso que el uniforme me favorece tanto que es normal que me mire con tanta complicidad. Me interrumpe para decirme que me he colocado el chaleco salvavidas al revés. Qué va, hombre, a mí me va a decir cómo se coloca un chaleco, llevo diez años poniéndomelo. Oye, pues sí, tenía razón el de la mirada cómplice. Ay, qué despiste. Ya sabe, tantos vuelos enloquecen. Me voy rodando por el pasillo, tan roja como una sandía, me siento en mi transportín y me pongo a pensar en Clara Janés, mi único consuelo cuando llegue al Hotel de Palma.
Ay, si no fuera porque nunca viajo sola, si no fuera porque La voz de Ofelia me ha hecho recordar que mi única misión en este mundo es la poesía y que me debo a ella en cuerpo y en alma, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y hasta que la muerte nos separe. Porque de lo que estoy segura, aunque no lo haya dicho el pez chakra esta mañana en el curso de Mandalas, es de que estoy hecha de materia poética. Toda mi vida parece estar diseñada para que me ocurran constantemente cosas que algún día puedan llenar mi biografía en un manual de literatura. ¿No tenéis la sensación de que todos los escritores han llevado una vida inusual, extraña, catastrófica y vertiginosa? ¿Acaso no estamos unidos por el mismo denominador común que nos lleva a la destrucción para la construcción?
Entiendo profundamente la relación que hubo entre Clara y Holan porque yo, en cierto modo, me identifico con ella. Ella ama y se va hasta Praga a conocer al extraño ser anacoreta encerrado en la isla de Kampa que dio forma al objeto de su amor, su poesía. Yo, en cambio, me fui hasta Italia, a Malcesine, en el Lago di Garda, a conocer a Zulo, una escultura de Víctor Ochoa y me enamoré de él, de Zulo, un hombre solitario que escondía su cabeza entre sus piernas. Sufría y yo le besaba. A Víctor le hizo mucha gracia e hizo que todos me trataran como a una Principessa en el Lago di Garda. Quizás no se tratara nada más que de una vaca aburguesada que se aburre y coge un avión para plantarle un beso al trozo de hierro pensante en el lago di Garda. Quizás. Pero lo cierto es que si no fuera por esas excentricidades ya hace tiempo que habría dejado de dar leche poecológica.

miércoles, enero 11, 2006

Una vaca con suerte


Hoy podría decirse que he sido una vaca con mucha suerte. Empecé el día algo rebotada porque me habían obligado a asistir a un curso de CRM (Crew Resource Management) y por muchas razones que omito me parecía una pérdida de tiempo. Llego al curso y me encuentro con un instructor encantador y sensible que nos deja decir todo lo que pensamos sin censuras (creo). Después, a la hora de la pausa de diez minutos, me voy a la máquina de los Donuts y casi me pongo a llorar porque no tengo cambio (nunca tengo cambio) y no puedo regresar a clase sin haberme comido un donuts, pero justo cuando estaba a punto de hacer pucheros aparece un señor que abre una puerta que pone Prohibido el paso. Le pido cambio y me pide que le acompañe al otro lado de la puerta que pone Prohibido el paso. Yo, ni me lo pienso, mi reino o mi honra por un donuts. Le sigo por unos pasadizos llenos de estanterías tipo Cambridge llenas de papeles y desembocamos en una imprenta. A todo esto, ya han pasado los diez minutos de pausa reglamentaria. El señor me da el cambio y se ofrece a ayudarme en lo que necesite. Ah, ¿sí? pues ya que me lo ofrece le voy a decir que sí. Pues resulta que llevo en mi coche, desde hace medio año, cuatro libros que mi padre (pensando que al ser una vaca poeta tendría enchufes con las imprentas) me había dado para que les rebajaran los bordes con la guillotina. Pues el señor me dice que sí y tras media hora más de espera aparezco en el curso de CRM cargada con mi alijo de libros. Entro, todos me miran y a mí se me ocurre pedir disculpas pero me abstengo de inventarme una excusa mejor que la que tenía (algo inverosímil) Indispuesta. Me encontraba indispuesta, les dije. Claro, que con ese alijo de libros a lo máximo que podrían haber llegado con la mente es a imaginar un uso de los libros algo escatológico. Para mi sorpresa: nada, no pasó nada. Me pierdo medio curso, me guillotinan los libros y me voy a casa de Pez Banana a comer. No le llevo ni vino ni postre y ella encima me regala un carpaccio. Después me voy cenar al japo con mis amigas, con la hora atravesándome las ingles y llego antes que ellas. Además, pido a los Reyes Magos que me den aparcamiento sólo por esta noche y aparco en la puerta del japo. Y además hoy he averiguado por qué lleva Musa Marina cinco monederos en su hiper bolso. Llego a mi casa, cierro los ojos y pido un Brat Pitt y me encuentro la cama deshecha. Miro en el baño y no está, miro en mi armario y tampoco está. Abro el ordenador y tampoco está. Entonces abro mi correo y me encuentro una vaca de superhéroes que me ha regalado la Choupa y me entran ganas de contar lo que sea, que hoy soy una vaca con suerte y mañana será otro día y si existe un superhéroe hoy ha estado conmigo.

jueves, enero 05, 2006

La vaca que vuela


Ya soy una vaca que vuela. Después de haber soportado el insufrible curso de habilitación de avión, de haberme tirado por una rampa de un simulador estrellado contra el suelo y de haber apagado un fuego con la mano izquierda, se puede decir que soy una experta en riesgo y protección aérea. No saben lo que hacen. Cada vez que se mueve el avión yo me vuelvo creyente y rezo todos los padrenuestros que me he saltado en mi vida de no practicante y rezo con la mente fija en las cabezas de los pasajeros como si fueran cuentas de un rosario a punto de estamparse contra el mar de los Pirineos. Y me doy cuenta de que abundan los calvos y ya nadie lleva sombrero y después miro a los melenudos y pienso "tanta melena, pá qué, pá estamparte contra el suelo y tener una calavera pelada como la de los calvos" Luego miro al pasajero que siempre me mira cuando no tiene que mirarme y le digo que se tranquilice, que no pasa nada, que ya está todo controlado y me dice que sólo quiere una coca-cola, que lleva mucho rato con los cinturones puestos. Anda que... En fin, que ya me veo el temita de mi blog. Hasta ahora me he contenido porque la baja laboral me había hecho no pensar en alturas presurizadas. Pero claro, el temita da para mucho y algo se me escapará.
Hoy en el curso de formación comercial de Tripulantes de Cabina de Pasaje me he enterado de qué es una goma de pelo. Vaya, lo que se aprende así, a lo tonto. Pues resulta que el colegio de monjas aéreas para el que trabajo (ya se podría llamar AirVatican) no nos permite llevar una goma que no esté adornada con una floritura, porque la goma normal de toda la vida es muy vulgar y nosotras somos chicas de altura. Además, nada de bufanda ni guantes, aunque el vuelo sea a Kiev, que somos ibéricas de pata negra y lo aguantamos todo. Dos palabrejas le diría yo a nuestro diseñador del uniforme de los domingos. Mira que olvidarse los guantes, las botas y la bufanda...
Vale, dejo el temita, que ya me ha quemado bastante saber que la nueva novísima y desconocidísima compañía aérea catalana va a compartir terminal T4 con nuestra primera compañía, la de bandera, la de toda la vida, después de que se rechazara a compañías más sólidas (nuestra competencia). Claro, que puestos a poner banderas, los catalanes no podrían ser menos, aunque sea en territorio (inter)nacional.
1,2,3, perplejita me quedé.

martes, enero 03, 2006

El retorno de una vaca que rió demasiado


De vuelta a mi hogar singular. Año nuevo ya con eñe en mi blog. Pero esto de las festividades aún no ha acabado. Amigos, quedan los Reyes Magos y otros que no conocemos. En mi Italia querida se celebra la fiesta de la Befana. Pez sueco dice que en su lejana y fría tierra no hay Reyes Magos sino una especie de Golum navideño. Tengo la sensación de que esto me lo he inventado. Si es así, que el pez sueco me perdone. Esto de ser tan metaliteraria me está afectando demasiado y ya no sé si lo que cuento me ha pasado o me lo imagino.
A Pez sueco le tenemos que agradecer la familia tribulete y yo que nos invitara a pasar el fin de año en su casa. Fue una cena multicultural en la que primó la tortilla española. Hasta los catalanes se acordaron de su nación e hicieron una un poco seca. Eso sí, no falto el cava, afortunadamente, transportado a lo Alea jacta est en mi maleta. Pez rubísimo (alemán) hizo alardes de sus dotes pluriculturales y nos hizo unas albóndigas iraníes. Pez Ursula (no la Andrews) empanadillas bávaras rellenas de chucrut y beicon. Pez sueco elaboró su famoso gratén de patatas y solomillo de cerdo al beicon. Gaviota, ya germanizada, preparó un apfel struddle, mamá-vaca tres tortillas de patata y yo partí jamón serrano y queso manchego para que nadie diga que me escaqueo.
Al terminar la cena, salimos a la calle en medio de un bombardeo. Qué bien emulan los berlineses el campo de batalla. Menos mal que no me entró mucha paranoia, aunque en un momento pensé que me había trasladado a los años cuarenta y me puse a correr como una desepesrada por la nieve quemada. Eso sí, bonito era muy bonito, repetía mamá-vaca que lo flipó bastante con tantos fuegos artificiales y explosiones.
Lo flipó casi tanto como el taxista que nos recogió para ir al aeropuerto. Parecíamos unos refugiados rodeados de pertenencias. Mamá-vaca le dio una buena propina para que se le pasara la mala leche. Al llegar al aeropuerto nos encontramos con que el vuelo estaba completo, pero conseguimos viajar, no sin antes presenciar cómo requisaron todos los mecheros de mamá-vaca (el jardín se lo dejaron pasar para sorpresa de papá toro y mía). Iba cargada de municiones hasta los rulos. Quizás pensara que tras la nueva ley anti-tabaco los mecheros se retirarían del mercado.
Al llegar a Madrid, los taxistas madrileños lo fliparon aún más que los taxistas berlineses cuando nos vieron. Afortunadamente encontramos un alma caritativa, aunque fuera taxista, que nos llevó a casa con la casa cargada en el maletero.
Llegué y me acosté pensando en el nuevo curso de avión del día siguiente. Pero me equivoqué de fecha. Es mañana. Y aunque piense que el mañana nunca llega, lo cierto es que tal y como le dijo alguien a Vila-Matas: el mañana es hoy. Y se quedó tan pancho. Yo no.